Una de las grandes satisfacciones que suelen manifestar los padres es la acertada elección del colegio (primario y/o secundario) que han hecho para sus hijos, ya que la escuela es la institución a la que se confía no sólo la formación académica de niños y adolescentes sino también el lugar donde se formarán como ciudadanos y se los instruirá en la práctica de los valores éticos y morales a nivel individual y social. Por eso, como educador y ciudadano, cuando leí en La Capital del 12/08/11 “Investigan al Colegio Alemán porque ataron a un chico en plena clase”, no pude menos que estremecerme al pensar en tantos padres y en tantos educandos relacionados a esa institución. No puedo pensar que una madre fabule al respecto, tampoco que el hecho no haya ocurrido y menos todavía que para enseñar cómo se usa un cinturón de seguridad haya que atar a un alumno en clase. De todos modos, como deseara verse el caso, eso ocurrió en un ámbito educativo, supervisado por un docente que al ser de escuela privada ocupa su cargo por elección exclusiva del establecimiento. No hay forma de eludir responsabilidades, no hay paños suficientemente fríos que reduzcan el efecto y consecuencias de la violencia. Y como se puede leer en la misma página en ese lugar no son ningunos novatos en la materia de llamar lamentablemente la atención (pintadas nazis, publicidad con chicos de cabezas cuadradas). Por otro lado, no olvidemos los casos que también se han dado en otros establecimientos privados: uno de data cercana respecto del ex ministro de la dictadura Bruera, otro el de los niños que tuvieron que esperar apartados de la clase para incorporarse porque sus padres no tenían las cuentas al día con el colegio, otro el de hacer firmar a los padres un compromiso de admisión donde se plantea que el proyecto educativo “intenta promover una persona que acepta su corporeidad y su identidad sexual –varón– como camino de encuentro”, sólo por mencionar algunos. Los institutos de enseñanza del ámbito privado, si bien dependientes del Ministerio de Educación, tienen la facultad de elegir a sus autoridades y docentes tal como se elige un empleado de una empresa, los que estarán a cargo de la elaboración de los proyectos educativos, de la redacción de las normas de convivencia, de la conducción de la escuela, del dictado de las clases. ¿Qué hay que pensar entonces de los criterios de selección de autoridades y docentes? ¿Qué se evalúa al momento de elegirlos? ¿Por qué todo sale a la luz cuando los padres lo denuncian y no antes? Soy un ciudadano común, pero me niego rotundamente a creer que en todos los casos los padres de los alumnos han exagerado, que sus hijos han mentido y que la opinión pública no ha sabido interpretar. Y como punto de reflexión, un viejo dicho: no todo lo que brilla es oro, ni todo lo que se paga más resulta ser mejor.



























