Ante la trascendencia que tienen los medios de comunicación sobre todo en estos tiempos de elecciones se me da por analizar si efectivamente es mayor el poder de la prensa, gráfica, virtual, radial y visual que el sentimiento y la percepción de la ciudadanía. Realmente es tema de interés el averiguar realmente si el informar con más o menos vehemencia influye de manera importante en las decisiones personales. Caminando la ciudad por cuestiones laborales tengo acceso a distintas opiniones y sensaciones respecto al momento político actual como también a distintas apreciaciones respecto a los actuales funcionarios y candidatos. Compruebo entonces que, dadas las informaciones que nos llegan, aceptamos la información como referencia pero no como índice valioso para cualquier determinación personal. Es importantísima la libertad de prensa, sea cual fuere la línea ideológica de la misma, pero mucho más lo es el transitar las calles, lugares de trabajo y esparcimiento como también colegios y universidades, porque precisamente en esos inmensos espacios está incluida una cantidad fabulosa de electores. Me atrevo a confirmar que ningún medio de prensa se ha tomado la tarea de efectuar un detallado cuestionario o interrogatorio a la gente de “todos los días”, por llamarla de alguna manera, a quienes son los verdaderos destinatarios de las acciones de gobierno y además los que contribuyen mediante su esfuerzo y empeño diario a favorecer y engrandecer desde su ínfimo lugar nuestro país tan bastardeado. Hoy se habla de encuestas que son hechas por consultoras, privadas u oficiales, pero lo cierto es que se desconocen las fuentes de las mismas o, al menos de ser ciertas, se elaboran en un círculo poco accesible, el cual tiene poco que ver con una realidad que duele sobremanera. En estos tiempos nos informamos, por ejemplo, con discursos en cadena nacional, con posturas y reacciones de candidatos partidarios, con movimientos en contra o a favor siempre en manos de algún dirigente ávido de fama y, por las dudas, deseoso de un cargo que le solucione, no su vocación de patriotismo sino la de su bolsillo. Mientras que mediante este fabuloso y desmedido accionar se silencia odiosamente a la mayoría a los que tanto se esmeran en denominar los políticos hipócritamente apelando a la sensibilidad popular,” los verdaderos destinatarios”. Soy una ciudadana más con libertad de acceder a los medios de información y que me tomo el trabajo de informarme debidamente, pero valiéndome de un criterio coherente y lógico, tengo la certeza que nos descuidan y postergan. Sería acertado y honroso entonces, que nos presten atención, que nos escuchen, que se acerquen a las distintas opiniones sin marcar diferencias ideológicas ya que cualquiera de ellas es útil para establecer e imponer el derecho a opinar. La tecnología favorece, en algunos casos, la expresión popular pero todavía, aun en esta época tan internacionalizada, la televisión, radio y diarios, cumplen una función masiva y, por ende, de importante valor. Que bueno sería que los que se interesan en el bienestar nacional, escuchen y aprendan a escuchar a los que nada pueden decir por tener vedadas las oportunidades. Estoy segura de que se alarmarían al comprobar que todavía no lograron someternos a sus criterios, a su accionar perverso y soberbio.





























