Se ha comentado una y otra vez que la conducta del hombre frente a la naturaleza en el planeta no ha sido la más correcta. Especies animales desaparecidas y en vías de extinción; millones de hectáreas deforestadas, contaminación de cursos de agua y del aire, desertificación y la disminución de la capa de ozono, son testigos elocuentes de esa conducta agresiva y a largo plazo suicida. En tanto, las cumbres ecológicas y sus protocolos no han dado los resultados contundentes esperados. Las organizaciones no gubernamentales del mundo libran una lucha denodada en favor del medio ambiente, pero esa lucha resulta desigual. Ante este panorama desalentador, al menos la flora, la fauna y algunos lagos, ríos y glaciares cuentan con áreas de protección oficial, por lo que se constituyen en verdaderos santuarios para la biodiversidad. Son los parques nacionales que, además, generalmente son explotados como centros de visita para el público en el marco de lo que se denomina ecoturismo. El antecedente más lejano de un parque nacional, aunque no fue denominado así, fue el bosque asiático de Sinharaja en Sri Lanka, declarado en 1988 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El primer parque nacional propiamente dicho fue el de Yellowstone, que adquirió esa categoría en 1871 en Estados Unidos. Por su parte, la Argentina cuenta con numerosos parques donde el paisaje agreste y la imponencia de lagos, glaciares, cataratas y palmares, crean fantásticas postales que parecen hechas por un mágico pintor. Basta hablar de parques nacionales para que casi instintivamente surja la figura del perito Francisco Pascacio Moreno, quien el 6 de noviembre de 1903 donó al Estado Argentino 3 leguas cuadradas en la zona del Lago Nahuel Huapi destinadas a ser preservadas en su estado natural, dando origen en 1922 a la creación del primer parque nacional, denominado precisamente Nahuel Huapi, que en idioma mapuche quiere decir "isla del tigre". Hay varias decenas de parques nacionales argentinos, pero no quiero arriesgar una cifra porque, felizmente, la creación de ellos es muy dinámica, y además están las reservas naturales y las áreas protegidas nacionales y provinciales que complican la precisión del dato. Rosario cuenta con un parque cercano y es el entrerriano Pre-Delta (fundado en 1991), al que se accede desde la ciudad de Diamante. En la Argentina, orgullosa por tener los Parques Iguazú y Los Glaciares declarados Patrimonio de la Humanidad, en octubre de 2014 fue creado el Parque El Impenetrable en la provincia de Chaco; y el 17 de diciembre, el Congreso aprobó la fundación del Parque Nacional Patagonia, noroeste de Santa Cruz. Más allá de la belleza paisajística que encierran los parques, su existencia es el sistema efectivo con que cuenta el medio natural para subsistir sin agresiones humanas. Debe celebrarse la creación de estos dos parques, esperando estas resoluciones se multipliquen en nuestro extenso país.






























