Los derechos humanos han nacido y mantendrán su vigencia en tanto los hombres y mujeres sean víctimas de la explotación por sus semejantes. Tienen la suprema característica de que nadie pueda apropiarse ni arrogarse ser su promotor. En nuestro país, aquellos que nunca tuvieron la actitud de ejercer la defensa de hombres y mujeres víctimas de la dictadura militar (sino que se exiliaron en su provincia para hacer plata con la nefasta ley 1.050), al ser gobierno, se apropiaron de la bandera de los derechos humanos captando a algunas madres de Plaza de Mayo y otros organismos que supieron enfrentar a los genocidas poniéndoles como escudo y al servicio de una política de sectores y clases dominantes que les permitió grandes negociados (Scanca, Jaime, petróleo, casinos, minería, tierras fiscales, Schoklender), sus responsables, además del gobierno de turno, son también aquellos dirigentes que se ataron a sus políticas. Porque la lucha por la defensa de dichos derechos humanos debe ser y serán independiente de cualquier gobierno de turno, y ponerlos al servicio de los mismos es traicionar a sus víctimas y a aquellos que ponen su vida al servicio de un proyecto verdaderamente liberador, nacional y popular.





























