Lázaro levántate y habla, voy a distraer unos minutos de mi vida para endilgarte la desmedida codicia que embargó tu alma, ya a esta altura totalmente corrompida. Primero debo admitir que creía que eras un "empresario" como tantos hay de la construcción, que venden a su madre, luego y viendo los desmanejos tan pueriles y con tanta impunidad que te daba el ser el testaferro del finado, que te convenciste de que eras un "emperador". Quiero recordarte que fueron muchos los imperios que cayeron por su propio peso, hay algo que jamás podrás comprar: la justicia divina. Quienes somos padres de buena formación familiar les hemos inculcado a nuestros hijos, como lo hicieron nuestros padres, el bien, la moral, la solidaridad y otros tantos valores que me da vergüenza recordártelo. Me pregunto para qué querían tanto dinero, de otra manera no se entiende que llevaste a tu familia al barranco y los empujaste. De algo estoy seguro, de que pasarás a ser el ilustre desconocido en poco tiempo. Un triste final para toda la familia, te aconsejo que empieces a hablar.






























