Sí. Noventa minutos antes de que Federico Beligoy pitara por última vez, el indiscutido, el aplaudido, el querido Miguel Angel Russo tenía fecha de vencimiento en Central. Pero el acto final del juez no sólo le dio una vida más al técnico, o más bien a un ciclo que agonizaba alejado de todas las expectativas. Inyectó de confianza a un grupo que la había perdido totalmente. Y no sólo por los tres puntos del 1 a 0 sobre el Defensa y Justicia que venía de bajar de la cima a Gimnasia y Esgrima en La Plata, sino porque llegó a la diferencia legítimamente y la cuidó con un funcionamiento lo más parecido a un equipo que se vio en todo el campeonato. Por eso puede, y debe, creer que Florencio Varela le dio pie a un nuevo comienzo.


























