En una nota publicada por La Capital el pasado viernes 18 se daba cuenta de la aceptación por el humorista Miguel del Sel a un "ofrecimiento" de Mauricio Macri para ser candidato a gobernador de Santa Fe. El anuncio se realizó --valga la ironía-- con la presencia del humorista y la cúpula de la fuerza macrista en la Legislatura porteña. En el segundo párrafo de la nota puede leerse como cita que el nuevo candidato está feliz por ser ésta "la cosa más importante que me ofrecieron en la vida...", lamentando después que su padre no esté con vida para ver hasta dónde llego él. Fuera de reconocer el derecho que le asiste a Del Sel y fuera también de conocer verdaderamente sus razones personales y/o políticas, la frase puede resultar ilustrativa de los presupuestos políticos que conllevan tal candidatura. ¿Es simplemente un ciudadano más que eligió interesarse en la política a edad adulta y recibe un maravilloso ofrecimiento? ¿Es una persona con probada idoneidad para desempeñar un cargo público electivo? ¿Es un arribista que desea éxito y dinero? En todos los casos parece negativa la respuesta. El humorista es un personaje mediático consagrado, lejos de cualquier ciudadano de a pie, lejos de cualquier militante político y también lejos de un buscador de fortunas. Siendo caprichoso, uno podría leer en su discurso y ver que detrás de la idea del papá viéndolo "llegar" existiría una suerte de valoración a determinada carrera personal --llegada y largada son dos puntas de un circuito--; también puede inferirse que la cosa importante ofrecida está detrás de su propia persona, sin discusión de idoneidad sino de oportunidad coyuntural. El personaje sujeto no puede suspender su propia historia de vida --ser un cómico consagrado-- sino tomar la cuestión propuesta, valorando su magnitud y adecuarla a su realidad. Resulta así plausible que a un actor cómico sin intereses públicos le caiga como "cosa más importante" una candidatura a gobernador. Miguel del Sel es sincero, directo y transparente. Lo cuestionable viene a resultar pensar si con este nuevo candidato no se reaviva la vieja práctica de la "farándula política" que primó durante los 90 y vituperó la --criticable-- práctica política de partidos. La farándula no posee otro territorio que el mediático, no posee otra visibilidad que la televisiva, no posee otro registro de la realidad que la sensibilidad bien intencionada. Quien detenta una imagen pública detenta poder, quien tiene poder bien puede creer necesario utilizarlo en función de sus intereses. Esto, perfectamente legal, lo entendió al detalle quien promovió corredores de autos y cantantes para garantizarse caudal electoral a escala nacional. Pero no todas las "imágenes mediatizadas" tienen el mismo peso. El espacio público político es hoy también el espacio mediático. Allí, en la temporalidad televisiva, en la tinta de las revistas y diarios, en los post de los sitios y enlaces de las redes sociales todos participamos de la esfera de lo público que a veces pasa como por arte de magia a ser la esfera de lo político. Pero cada medio permite construir valores distintos: de ser receptores a primeros actores existe una drástica diferencia, en un punto hay dialogo, en el otro no. La lógica farándula se mueve como pez en el agua en uno de estos registros. La lógica farándula llevada a la política no necesita de diálogos para conocer los problemas, pues esa misma escucha destruye su esencia de espontaneidad. La lógica farándula no necesita estudio para conocer los problemas pues tiene la sensibilidad exacta. La lógica farándula no necesita de programa de gobierno, ni saber de institucionalidades, ni construir legitimidad. Con la lógica farándula el acto del ser ciudadano sede terreno al de consumidor del espectáculo. La práctica política es también una forma de entender la democracia. En la lógica farándula hay un titiritero, el señor detrás de la escena que disfruta como nosotros de la democracia y la tuerce hasta el límite de lo esperable, llevándose puesto incluso los buenos deseos de quien se siente reconocido por el "mayor ofrecimiento".































