No es novedad que los regímenes autoritarios, para sostenerse, deben inventar situaciones conflictivas. Necesitan con qué distraer a la gente, a quién echarle las culpas por su fracaso y algo con qué justificarse. Por eso siempre los regímenes autoritarios, más allá de su ideología, terminan exaltando el nacionalismo, confundiendo soberanía con aislamiento e independencia con antagonismo. Incluso los regímenes comunistas, supuestamente basados en un internacionalismo de la clase obrera, han terminado siempre usando el conflicto con algún país o grupo del exterior para justificar la concentración del poder y desviar el foco de discusión. Cuando los judíos de Europa fueron "rescatados" por la URSS siguieron sufriendo persecuciones. Había en Rusia un importante antisemitismo histórico que, lejos de ser combatido por las autoridades, fue utilizado políticamente. La Yugoslavia de Tito también se basó implícitamente en una supuesta supremacía serbia. Finalmente, el "socialista del siglo XXI", Hugo Chávez, no ha cejado en su afán por presentarse como el enemigo número uno de los Estados Unidos. Nunca ha dejado de venderles petróleo y su tarea se le ha complicado un poco con la asunción de Obama, pero se ha mantenido incesante hasta ahora en dicha empresa. Cristina Kirchner no es la excepción a todo esto. Sin intención de hacer comparaciones, es evidente que nuestro sistema sufre de un grado preocupante de autoritarismo. No es algo que haya sido inaugurado por los Kirchner. De hecho, desde el mismísimo establecimiento del sufragio universal no hemos logrado consolidar la democracia republicana. Nuestras instituciones han permanecido existiendo fundamentalmente en el plano de lo formal y superficial. La división de poderes, la legalidad y la transparencia, pilares de un sistema no autoritario basado en el control y la decisión de la ciudadanía, han brillado sistemáticamente por su ausencia. Sin embargo, es cierto que los Kirchner han acentuado el autoritarismo, pues han incrementado el centralismo y la discrecionalidad en el uso de los recursos públicos. Por otra parte, el sistema de partidos de la Argentina está prácticamente colapsado, lo que abre posibilidades a nuevos partidos, a nuevas experiencias políticas, que amenazan el orden clientelista-feudal tradicional que origina y sostiene gobiernos autoritarios. En este marco, no es extraño que recurran al viejo truco de la polarización con la superpotencia para seguir sosteniendo por más tiempo un sistema autoritario y corporativo claramente en crisis. ¿Por qué el reciente conflicto por el supuesto hallazgo de elementos no declarados en el avión del gobierno estadounidense no se canalizó por las vías normales de la diplomacia? ¿Por qué tanto revuelo cuando para los funcionarios de la Aduana que declararon en tribunales "no hubo delito" y, en el peor de los casos, se trataría de una simple "infracción aduanera"? ¿Por qué salió a la luz que habían encontrado "droga", cuando bien se sabe que las sustancias halladas iban a ser usadas para fabricar armas no letales y sus respectivos antídotos? En definitiva, ¿por qué se apuraron tanto las declaraciones, dándole al evento mayor entidad de la necesaria? Haya inventado el episodio o no el gobierno argentino, parecería que desde el principio se esforzaron por fabricar un conflicto con la potencia del Norte. ¿Tiene sentido distraer inútilmente la mirada de los terribles problemas que castigan a millones de argentinos?































