Las casi tres cuadras de oscuridad de calle Gutemberg contrastando hacia el sur con el repentino fulgor de su intersección con San Juan, se alzan como una geografía de la desolación. Entre murmurando y pensando una canción de cosecha Beatle, un revólver toca y retoca mi abdomen. El contraste emocional resultante es otra ironía de la vida. La bolsa o la vida. Con la segunda alternativa alcanza y sobra; el desenlace de una resistencia suena en estos tiempos a verdad de perogrullo. Documentación varia, celular y rejuntes de la estela que toda vida arrastra consigo, parten raudos en una moto cómplice hacia la nada. La sucesión de hechos posteriores depara un viraje inesperado. O mejor dicho, demasiado esperado. Es hora de agradecer. Mi reconocimiento al personal de la Comisaría 6ª oficial Emanuel Luna y sargento Ariel Fondrías, quienes bajo directivas del comisario principal Claudio Peralta y comisario Luis Maldonado, recuperaron a pocas horas del hecho la mayoría de los efectos sustraídos aquella noche del pasado 18 de julio. Sin olvidar mi agradecimiento a los agentes Quevedo y Ojeda, pertenecientes a la Comisaría 12ª, quienes hasta derivar el caso a la jurisdicción correspondiente, intervinieron con celeridad en los primeros minutos de la investigación. Sin tacharlas de maniqueistas, resuenan en mis oídos palabras escuchadas a nuestro juglar Facundo Cabral, hoy bañado en eternidad: "Los buenos son mayoría silenciosa".



























