La Capital publicó el sábado 16 de julio un aviso de página completa en colores rubricado en su pie por la Presidencia de la Nación y Ansés. El título completo fue "Seguimos mejorando un sistema solidario de jubilaciones y pensiones en la Argentina". Mediante este mentiroso mensaje que ya no convence a nadie se pretende acallar los infinitos reclamos del sector jubilatorio nacional, ignorando hasta las leyes que votó el Congreso y manteniendo "cajoneados" las reformas propuestas por nuestros legítimos representantes mediante un bochornoso veto presidencial injustificable. El monto ya irrisorio que se liquida se reduce día a día con el índice inflacionario del país, y en consecuencia los salarios de los pasivos no alcanzan a superar ni los límites de la pobreza. Lo lamentable y que agrava la situación es que hay cajas provinciales como la de Ingeniería en Santa Fe que se apoyan en semejante arbitrariedad que viola leyes, como la 6.729, que establece el pago de ocho veces lo aportado por cada peso depositado; esto dejó de cumplirse en 1990 adeudando la diferencia y violando la ley reteniendo como reservas sin destino cierto el doble que corresponde a los aportantes. La mendacidad de los argumentos esgrimidos para negar estos derechos hace que miles de ciudadanos se vean estafados impunemente y que aún sus justos reclamos también se "cajonean" esperando que el tiempo les elimine a sus víctimas impedidos por su edad de hacer reclamos más rimbombantes y sumiendo en el silencio de los cementerios sus justas reivindicaciones. ¿Puede suponerse que estas actitudes sean coronadas con el mensaje que reza que "seguimos mejorando un sistema solidario de jubilaciones y pensiones?, o que esto sea en realidad una amenaza subliminal para detener el justo reclamo de los jubilados del país, cuya causa ya sea apoyada por una enorme mayoría que la convirtió en la nueva sensación que padecemos junto a las otras conocidas y vigentes: la inseguridad, derivación de reservas jubilatorios como créditos a obras monstruosas, desfalcos propiciados por el Estado en la ejecución de viviendas sociales y otra infinidad de tropelías que sucesivamente van superando las anteriores en la consideración pública. Siempre queda la esperanza que el supuesto modelo K que nadie conoce nos incluya como muestra de justicia y respeto a las leyes, pero ello es improbable.



























