De acuerdo con algunas declaraciones de dirigentes justicialistas de dentro y fuera del gobierno nacional, a algunos sindicalistas se les salió la cadena y han rebasado algunos límites. Qué límites tienen quienes ostentan departamentos en Puerto Madero con valuaciones aproximadas al millón de dólares, campos, casas de fines de semana en la costa, automóviles de alta gama, entre otras riquezas, sin que a nadie se le mueva un pelo por averiguar el origen de tantas injustificadas fortunas personales. Cuáles son los límites de mandatos para quienes hace décadas retienen secretarías generales de poderosos gremios, se pasan los cargos de padres a hijos (caso Moyano) y no hay autoridad que ponga un cierto grado de respeto a la pluralidad de los sindicatos, garantice comicios limpios y audite el manejo de los recursos. La casual detención del dirigente ferroviario y la incursión en su departamento por parte de la Justicia en averiguación de sus conexiones con el crimen del militante del Partido Obrero, arrojó sorpresas pero ¿quiénes ignoraban el estilo de vida del dirigente ferroviario? ¿Qué organización sindical sostiene gastos que permiten este despilfarro de dinero de sus dirigentes? ¿La Afip no debería poner la lupa en estos casos y dejar de controlar declaraciones juradas de simples empleados públicos a los que se les cobra impuesto a las ganancias porque sigue sin modificarse el mínimo imponible en un aberrante sistema que castiga al que menos tiene? Cuando Duhalde dice que se pasaron de la raya, ¿quién le fijó los límites? ¿No se pasaron de la raya los que salieron a defender al Momo Villegas y los que desconocen los fallos de la Justicia en resonantes casos de corrupción laboral? ¿Qué transparencia estamos ofreciendo al mundo si todavía no hemos investigado el caso de la valija del personaje venezolano descubierto por una simple empleada? Estamos en tiempos electorales y sigue la joda.































