“Siempre fui un delantero con empuje y quería reventar el arco. Me moría por hacer goles y
por eso creo que triunfé”, dijo alguna vez Francisco Varallo. Y no se equivocó. No sólo en el
fútbol, con sus goles y su juego en la selección, también en su vida. La que hoy llega a 100 años.
El 5 de febrero de 1910 nació Pancho, como lo llamaron desde niño. En La
Plata, la ciudad en la que empezó a patear la pelota. Primero en la canchita de Ferrocarril Sud, a
escondidas de sus padres, que no querían saber nada de ese juego tan brusco. Pero un día Varallo se
le plantó al padre: “Yo no me voy a quedar sin jugar al fútbol por usted”. Y en 1923
ingresó al club 12 de Octubre, en la Federación Platense. A los 14 años debutó en primera y marcó
el único gol del triunfo como visitante sobre Muelles y Depósitos, en Ensenada.
Su fama creció rápidamente en la zona y en 1927 lo fueron a buscar para
jugar, a prueba, en Estudiantes. Y se presentó con cuatro goles a Estudiantil Porteño. Obvio, los
dirigentes pinchas no dudaron en querer incorporarlo pero no pudieron contra la negativa de sus
pares de 12 de Octubre: “A Panchito no se los vendemos ni locos” le dijeron. Claro, si
eran todos hinchas de Gimnasia.
Y allá fue. En la prueba no dejó dudas con sus 8 gritos de un 9 a 0. Al
domingo siguiente jugó un amistoso ante Tiro Federal, el rosarino. Y de inmediato se concretó su
pase, por el cual 12 de Octubre recibió 500 pesos y parte de una tribuna de la cancha tripera.
Cómo habrá sido de vital su participación con la camiseta tripera que en
1929 ayudó a que el equipo gritara campeón de primera división (único título mens sana), en el
amateurismo, con un 2 a 1 sobre Boca.
Claro, enseguida llegó su citación a la selección argentina. Y en 1930
tuvo el privilegio de jugar el primer Mundial, en Uruguay. Jugó 4 partidos y marcó un gol en el 3-1
a México.
Y al año siguiente, con la implementación del profesionalismo, pasó a
Boca Juniors. Los xeneizes pagaron 7.000 pesos por su pase, aunque los hinchas triperos se
enloquecieron ante su partida, tanto que hasta le apedrearon la casa.
Su campaña en Boca fue gloriosa. Con Roberto Cherro y Delfín Benítez
Cáceres formó una sociedad memorable. Fue campeón en 1931, 1934 y 1935. Con sus 193 goles en 222
partidos quedó como el tercer goleador de la historia del club, detrás de Cherro (222) y Martín
Palermo (214) y junto con Domingo Tarasconi.
Pero en plena juventud, a los 29 años, tuvo que dejar el fútbol. Una
lesión de meniscos en la rodilla izquierda, que en la actualidad demandaría un mes de recuperación,
lo forzó a colgar los botines.
¿Cómo se despidió? De la mejor manera, como le gustaba: con un gol a
Huracán para el 2 a 0 de Boca.




























