Hace unos días por la noche, un contingente de más de 60 personas de varias localidades de Santa Fe, asistimos al acto central de la fiesta de la Vendimia; en el transcurso de la cual sentimos vergüenza ajena. Entrar al teatro fue la tarea mas ardua, debido a que a miles de personas nos hicieron transitar por una calle de tierra, la cual era un lodazal, y con una pronunciada pendiente, que no estaba a nuestro favor. En posición de equilibrista nos tuvieron entre tres y cuatro horas; los molinetes para nuestras entradas magnéticas estaban rotos, razón por la cual dos jóvenes nos marcaban las mismas. Llegar a nuestros lugares significó pisotones, apretones, moretones, gritos, ruegos por la gente que se descomponía y como es de suponer, no llegar a horario. Nadie se hizo cargo de la situación, y solo la policía trató de atendernos como pudo. En resumen; lo que debía ser un acto festivo terminó siendo una odisea, un manoseo a la dignidad de los turistas y encima, como frutilla del postre, nuestra entrada tenía un número para el sorteo de una moto que nunca se llevó a cabo. Sin quitarnos importancia, y mas bien poniéndonos en lugar de anfitriones, ¿cómo explicábamos a los turistas extranjeros que debido a ignorar nuestro idioma, francamente no entendían nada de lo que sucedía? Finalizando esta descripción de lo sucedido, les comparto que la parte de la fiesta que pude presenciar estuvo muy buena; pero no merecíamos semejante maltrato (y digo esto no sin abarcar a las personas que compraron su entrada mas llegada la fecha o incluso el mismo día) ya que nuestras entradas las habíamos comprado en el mes de noviembre de 2010. Sin otro particular, saludo atentamente a todos los lectores esperando se pongan en mi lugar y sepan tomar esto como una critica constructiva.































