Mi esposo ingresó al sanatorio ubicado en Laprida al 1000 con un cuadro de ACV el 8 de enero pasado. A los dos días le realizan una tomografía, en otro hospital. Al regresar fue atendido por una neuróloga que le dio el alta recetando unas pastillitas, paciencia y rehabilitación con un kinesiólogo, a pesar del estado delicado de mi esposo y con 11 mil glóbulos blancos. En casa lo atendió un kinesiólogo pagándole en forma particular ya que el que ofrece el sanatorio, a través de Pami, nos atendía recién a los 30 días. El 18 de enero lo internaron nuevamente con neumonía y descompensación. Para mi asombro descubrí que en la cama de la habitación 217 ¡había hormigas! La encargada de piso dijo: ¡no puede ser!, a pesar de que el enfermero fue testigo. Ya en terapia intensiva mi esposo a los dos días fallece. Me pregunto ¿qué pasa con los médicos y encargados de piso, que parece que no trataran con personas? ¿Hasta cuándo este sanatorio seguirá atendiendo así a los afiliados? Hay falta de calidad y humanidad.































