El fin de semana pasado nos enterábamos de nuevos hechos producidos por los violentos, escudados detrás de los colores de un club de fútbol; los mismos que son premiados con viajes al exterior; los mismos que la señora presidenta Cristina Fernández dijera en su momento que se trata de buenos muchachos que arengan desde la tribuna. La violencia no siempre se desarrolla en las tribunas o fuera de ellas; muchas veces termina en esos lugares, pero suele empezar detrás de un escritorio, con un micrófono mediante, bajo las luces de una cámara, produciendo una causa-consecuencia, divididas por una línea tan fina que cualquiera la confunde, cualquiera la traspone. Hace unos días, me enteré de unas supuestas expresiones que habría proferido el presidente del club Rosario Central en relación a las dificultades por las que atravesaría un jugador si llegaba a firmar contrato para el club Newell's Old Boys; expresiones, que de haber sido ciertas, son cuánto menos desprolijas, ino-portunas y desafortunadas. No recuerdo que ningún deportista haya sido amedrentado jamás, por vestir cualquiera de las dos casacas, ni por una parcialidad ni por la otra; pero cuando se producen expresiones sin el sentido de la ubicuidad necesaria, en una sociedad que tiene tolerancia cero, todo resulta posible. No sé realmente qué motivó, si es que así sucedió, que estas supuestas expresiones, muchas veces de charla entre amigos, llegaran a la opinión pública, sobre todo acerca de un deportista que está más allá de toda polémica, y que quizá sea uno de los últimos años que practique fútbol. No es la primera vez que una persona devenida en dirigente de puestos jerárquicos de clubes de fútbol produce declaraciones, que a la vez de desacertadas no hacen más que exacerbar a los violentos, constituyendo una acción delictual, pues no se trata ni más ni menos de una apología a la violencia. Recuerdo una entrevista, que se le hiciera a éste dirigente de Rosario Central por el periodista deportivo devenido en actor teatral, en la cual, el titular auriazul dijo estar contento de volver a la primera división, pues de esa manera jugaría nuevamente el clásico con Boca Juniors. Esto, dicho en el marco jocoso de una entrevista, a muestras pautada y pactada por el periodista, que hace de su accionar una coherencia, ya que después de sufrir por una década leyendo la tabla de los promedios de descenso de su club, es lógico que se dedique a las tablas. Se que estas expresiones han sido desmentidas, fundamentando que no había habido una reunión con el deportista, respuesta pueril si la hay, ya que se puede opinar a distancia; sin ir muy lejos, hoy alabé al Papa Francisco y no estoy en Río de Janeiro. Personalmente, no las escuché; solo me remití a algunos medios; pero en el caso de haber sido proferidas, cabe una sola reflexión: señor presidente del Club Rosario Central, con el debido respeto por su persona y su investidura, mañana podrá lograr un campeonato; quizá el año próximo, pero hoy por hoy es un presidente del descenso, y eso amerita que se dejen de lado actitudes arrogantes, soberbias y vanidosas, la sociedad no las precisa, el bienestar común las necesita.






























