¿Qué ha ocurrido con la sociedad argentina en estos últimos treinta años de democracia? ¿Ha evolucionado o involucionado? Evidentemente, lo que se vislumbra a la luz de los avances científicos y tecnológicos, que han sido majestuosos en esta porción ínfima de tiempo en el mundo, es que nuestro país ha padecido como grupo humano una parálisis cerebral que ha borrado irremediablemente, y tal vez para siempre, sus cualidades y virtudes que lo distinguían como una de las naciones mejor articuladas culturalmente, solidariamente y de manera mancomunada en este esquema ahora globalizado. Pero qué ha pasado para que esto ocurra, en modo especial a través de estas dos últimas décadas. Es complejo descifrarlo con exactitud, pero en síntesis incluye a dos vertientes políticas totalmente antagónicas que han logrado los mismos resultados. Es decir la degradación de las personas mediante diversos mecanismos muy sutiles y cruentos. El poder total en principio ha sido monopolizado por "un grupo de amigos", que se han enriquecido de manera alevosa, en detrimento de un pueblo que los ha elegido para que los represente. Ahora bien, cómo han podido encumbrarse en este espejo de la realidad, que sus representados miran atónitos, desorientados y hasta obnubilados. Demasiado fácil. Han borrado de raíz lo que se conoce como Carta Magna, es decir la Constitución que sería lo que simboliza a la República. Y de este modo el libertinaje es total, donde ya no se respetan ni las luces que muestran los semáforos. Otra prioridad que han logrado, es la disgregación total de la sociedad a partir de su núcleo básico que es la familia. Y finalmente se compra todo lo que resulte necesario, desde las conciencias hasta lo que fuere. Total estos amigos incondicionales tienen en su poder, además de su extraño proyecto que no coincide en ningún punto con el anhelo de grandeza del sueño de todo argentino que se precie de tal, la máquina para fabricar la cantidad de dinero que estimen necesario.


























