La noticia de la muerte del octogenario actor Peter Falk no es otra cosa que una mala noticia, dicho esto en el sentido más amplio y literal de la expresión. Para evitar caer en lugares comunes y en cosas ya dichas, quiero expresar algunas breves consideraciones. En primer lugar hay que mencionar que la serie Columbo, creada por Richard Levinson y William Link, parte en dos la carrera actoral del desaparecido actor. Hay un antes y un después de la aparición mundial de la serie de marras, en la vida de Falk. Asimismo creo en la magistral carnadura que le dio el actor a su personaje; que es absolutamente imposible pensar a otro actor dándole vida a tan rico protagónico; es por ello que se puede afirmar categóricamente: Columbo es Peter Falk y Peter Falk es Columbo. Murió el actor, queda el personaje. Detrás de la apariencia externa del teniente y detrás de su discurso con el asesino que correspondiere a cada uno de los episodios de la serie, se oculta una inteligencia pocas veces vista; esta capacidad puesta en práctica para resolver los homicidios por parte del detective, nos lleva a una conclusión: Columbo es un genio. Como fanático y estudioso de la serie en cuestión, considero que Falk no era un gran actor, por tal motivo, me niego a verlo en otras interpretaciones que no sean su sublime caracterización: la del teniente Dany Columbo. Mucho se ha dicho y mucho se dirá acerca de Falk, de sus interpretaciones y de su incomparable creación. A modo de colofón, bueno sería que se hubiera filmado un episodio en nuestro país (“Columbo en Argentina” o “Columbo en Buenos Aires”…). Ya es tarde. Demasiado tarde.
Lisandro Itzcovit





























