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El arzobispo de Río, Orani Tempesta, inauguró la Jornada Mundial de la Juventud

"Somos llamados a trabajar y ser protagonistas de un mundo nuevo", dijo. Cientos de miles de peregrinos asistieron a la misa que se ofició en la playa de Copacabana.  

Miércoles 24 de Julio de 2013

La XXVIII Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) católica comenzó anoche en Río de Janeiro con la participación de cientos de miles de jóvenes de todas partes del mundo y un tono "latinoamericanista" dado por el arzobispo de Río, Orani Joâo Tempesta, quien celebró la misa inaugural de la jornada en las playas de Copacabana.

"Somos llamados a ser protagonistas de un mundo nuevo. Estoy seguro de que ustedes harán eso en sus ciudades, en sus países. El mundo necesita de jóvenes como ustedes", afirmó Tempesta en su homilía.

La misa, concelebrada por decenas de religiosos, se realizó sobre un impresionante escenario que ocupa un área de 3.800 metros cuadrados y una rotonda con 61,45 metros de largo, por 10 a 15 metros de altura, con una cruz de 17 metros de altura que fue instalada antes del inicio del oficio por decenas de jóvenes.

Por momentos, cayó una fina lluvia y tanto celebrantes como asistentes debieron usar capas de plàstico transparente para guarecerse.

"En forma providencial, esta jornada estaba destinada a ser, por segunda vez, el retornar a Latinoamérica tras 26 años, fuera el lugar de acogida del primer viaje apostólico del primer Papa latinoamericano de la historia, el Papa Francisco, que vino a presidir este bello e importante momento de la vida de la iglesia en estas tierras", dijo Tempesta, en alusión a la Jornada de 1987, en Buenos Aires.

El religioso recordó que la elección de Río para recibir la presente JMJ fue del Papa emérito Benedicto XVI, durante la última misa de la anterior edición del evento, celebrada en Madrid, en agosto de 2011.

"Le agradecemos a él la elección y las orientaciones, por el tema de la Jornada y por el incentivo", indicó, en alusión a la consigna de este año: "Id y haced discípulos entre todas las naciones".

Agregó que a partir de mañana, después de que Francisco (ausente ayer en la ceremonia), celebre la esperada misa en la playa, la Iglesia podrá afirmar: "El primer Papa latinoamericano de la historia pisó como Sumo Pontífice el suelo de Latinoamérica en este santuario mundial de la juventud en el que se transformó la ciudad en estos días".

"La participación en la comunidad con entusiasmo será la oportunidad de testimoniar que otro mundo es posible", agregó, citando al escritor uruguayo Eduardo Galeano.

El religioso brasileño dijo celebrar la liturgia "por los jóvenes desempleados, por los jóvenes sin familia, por los jóvenes sin patria, por los jóvenes sin derecho y por los que deambulan por las calles de nuestras ciudades o se encuentran detenidos".

"Celebro en la intención de todos aquellos que aceptan la mano extendida de la Iglesia que, abrazando a todos, quieren luchar y trabajar por un mundo nuevo".

El arzobispo dijo que el encuentro internacional, que coincide con el Año de la Fe, "es un tiempo propicio para renovar nuestros compromisos asumidos en la comunidad cristiana" y hacer de ellos el camino a seguir.

"El primer peregrino, que ya está entre nosotros, el Santo Padre, el Papa Francisco, se puso entre nosotros en esta caminata y nos indicará caminos durante estos días".

La ceremonia comenzó con una serie de espectáculos musicales y oraciones colectivas que rezaron, en clima festivo y bullicioso, jóvenes de 175 países.

El obispo Orani Tempesta recordó la masacre que, hace precisamente 20 años, tronchó la vida de ocho niños y adolescentes callejeros delante de la iglesia Candelaria, una de las principales de la ciudad.

"Celebro (esta misa) en la intención de los jóvenes muertos en este día hace 20 años en la región céntrica de esta ciudad, cerca de la Candelaria, en una triste masacre", afirmó, al iniciar la celebración.

Uno de los crímenes más brutales de la historia reciente de Brasil, la masacre de la Candelaria, ocurrió en los primeros minutos de la madrugada del 23 de julio de 1993, cuando un grupo de exterminio integrado por policías secuestró a unos 50 chicos que dormían en la calle delante de la conocida iglesia y mató a ocho de ellos.

Uno de los supervivientes, Wagner dos Santos, identificó a algunos de los responsables del crimen y, tras sufrir un atentado en 1994, debió abandonar Brasil y trasladarse a Suiza, donde vive hasta hoy. Otros tres supervivientes murieron después en enfrentamientos con la policía.

Caos en Río. Horas antes del inicio de la ceremonia en la playa carioca, Río de Janeiro se quedó sin metro y cientos de miles de peregrinos quedaron varados en medio de un tránsito caótico.

Todas las estaciones del metro, uno de los principales medios de transporte para llegar al lugar donde se celebraba la misa de apertura de la JMJ, fueron cerradas durante poco más de dos horas debido a un problema eléctrico, informó la empresa Metro Rio.

Los peregrinos intentaban en vano encontrar un taxi libre o sitio en un micro para llegar a Copacabana, y cientos decidieron ir caminando, constató la AFP.

"Nos iremos a patica (a pie). No nos queda otra", dijo el peregrino venezolano Henry Lobo, de 29 años, en el centro de Rio. La caminata les llevará cerca de una hora y media.

Un grupo de pasajeros furiosos intentó invadir una estación de metro, Botafogo, pero la policía lo impidió, informó la radio CBN en el lugar.

Otro grupo de peregrinos que logró montarse en un ómnibus repleto, con las mejillas pegadas a puertas y ventanas, celebraba y gritaba a todo pulmón: "¡Esta es la juventud del Papa!".

Tres presidentes y Pelé

Los presidentes Cristina Fernández, de Argentina; Evo Morales, de Bolivia, y Desiré Bouterse de Surinam. participarán en la misa final de la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil con el Papa Francisco, quien también verá al astro del fútbol Pelé, informó ayer el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi. La presidenta brasileña, Dilma Rousseff invitó a los mandatarios al cierre de la jornada en la localidad de Guaratiba, al sur de Río de Janeiro.

500 mil

Al menos 500.000 personas asistieron a la misa, que se realizó en un altar sobre la arena. Los prelados debieron guarecerse de la lluvia.

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