Alguien dijo alguna vez que si queremos que algo no se haga, sólo hay que crear una comisión. Esto y decir que cuando todos son responsables nadie lo es, resulta ser más o menos lo mismo.Hace algunos años, y estando yo en la vereda de enfrente del concejal Diego Giuliano sostenía que los ediles debían concentrarse exclusivamente en el funcionamiento estructural de la ciudad y no en temas de otras jurisdicciones. Todo esto para evitar que los responsables se diluyeran. Muy a mi pesar, y abrumado por lo que nos pasa, debo darle la diestra a Giuliano, quien ya que entonces afirmaba que mientras nosotros discutimos competencias hay gente que sufre y muere por una delincuencia que incluso si se quiere supera los estándares nacionales. Giuliano sostenía que más allá de la coyuntura propia del funcionamiento policial, el municipio no podía estar al margen del reclamo desesperado de la gente. Para eso, proponía asignar personal municipal de la GUM, como un aporte al sistema policial. La idea era reubicarlos en tareas administrativas en las comisarías para de esa manera contar con más uniformados en las calles. Tarde, bastante tarde, la Municipalidad reconoce la gravedad del tema y comienza a incluir en su agenda distintas medidas que muestran todo lo que el municipio puede y debe hacer por este drama. Celebro profundamente que la propuesta de Giuliano se vea hoy reflejada en el llamado a concurso por parte de la provincia para cubrir cargos administrativos en la policía, que, sumado a la posibilidad de realizar trámites en los distritos municipales que hoy se realizan en las comisarías, aporta una gran cantidad de efectivos a nuestras desprotegidas calles. Todo esto no es ni más ni menos que un efecto. El efecto que produce no abandonar la idea. Insistir, machacar y no dejar que todo quede en una propuesta más. Solo lamento la demora en implementar las medidas propuestas en el Concejo, que dicho sea de paso, practicadas a tiempo sin duda hubieran producido un efecto concreto y tal vez una vida más. Hoy es imperioso que se atienda el reclamo por la declaración de emergencia en seguridad, con el fin de que se inviertan recursos concretos en equipamiento y prevención de delitos. No se puede mirar para otro lado y excusarse en la competencia. Nos encontramos frente a un delito complejo como es la droga, y esto nos emparenta tristemente con las ciudades más peligrosas de América. Estamos cerca de ser el Medellín de los 80, donde literalmente la calle no se usaba y los semáforos eran eternamente intermitentes. Creo que es tiempo de escuchar, coordinar y actuar más allá del color partidario de cada uno, reasignar recursos económicos hacia un orden de prelación claro, que entienda a la seguridad como prioritaria para todos los estamentos de la administración pública y empezar a llevar adelante las propuestas de quienes vienen hace tiempo proponiendo una y otra vez cuestiones concretas para desandar el camino de la violencia, la droga y la inseguridad.






























