Si el 2015 inició su recorrido con semejante récord de muertes violentas a menos de tres semanas de enero; si las entraderas, robos, arrebatos y violencia ocupan páginas enteras de este y otros diarios; si vivir es una cuestión de no estar en el lugar equivocado o a la hora equivocada en luchas entre mafias y narcotraficantes; si los "accidentes" de tránsito, en su variedad de provocaciones, imprudencia, baches, corralitos y zonas peligrosas, hacen difícil circular, entrar o salir de esta y otras ciudades; si caminar obliga a mirar el piso porque las veredas están rotas. Si a lo antedicho se suma la indefensión de ancianos, mujeres y niños en la casa y en la calle, el hartazgo de reclamar servicios a teléfonos inexistentes y el pago de carga impositivas desmesuradas. Si los medios de comunicación reflejan una peligrosa actitud de insulto, provocación y descrédito de quienes ejercen el poder sobre los que tienen ideas contrarias en un momento del país en el que debe prevalecer la calma. Cabe decir: Pobre Argentina, pobre querido país. Y preguntarnos: como ciudadanos ¿qué hacer? Desde que el mundo es mundo ante el miedo hay solo tres actitudes: enfrentamiento, parálisis y huida. Con sus variantes de resignación, sumisión, esperanza, filosofía y lucha. Y uno adopta la respuesta que tiene a su alcance. La que puede. La que quiere. Hoy la muerte de un joven y decidido fiscal investigador de causas calientes afecta a todos. Con un costo altísimo para la credibilidad del país y del gobierno y un fuerte golpe a la esperanza de sus habitantes. Este es un año bisagra, dicen y por lo tanto, decisivo en los caminos a seguir. El que ojalá encontremos sea el de la verdad. Aunque duela. Por favor, recobremos para el país valores que tuvimos: justicia, educación, respeto, unión, comprensión, paz social. Y sepamos usar nuestro derecho al voto oportunamente. Entre todos se puede. Basta de dolor país. "Dolor país" es el título de un libro de Silvia Bleichmar.






























