Hace unos días un lector de este diario hizo una crítica en contra de la colocación de lomos de burro en diversas calles de la ciudad. No sólo comparto, sino que me adhiero a todo lo expresado en esa carta sobre los estragos que producen en los vehículos, en los pasajeros y el problema de la falta de señalización adecuada de los mismos, pero hay casos mucho más peores. En la ciudad de Funes, localidad convertida casi en un barrio más de Rosario, los lomos de burro florecen como margaritas en primavera. El actual intendente, Juvenal Rímini, si algo le deja a Funes es una fenomenal invasión de estos peligrosísimos bultos de asfalto que supuestamente deben lograr reducir la velocidad de automovilistas imprudentes. Recientemente se publicitó con intensidad la obra de pavimentación de la calle José Hernández, que según el plan municipal, al conectar la vieja ruta 9 con los barrios Funes Hills y de allí al autopista Rosario-Córdoba aliviaría el tránsito saturado en la zona del centro de Funes. Lamentablemente esa obra resultó solo plata tirada. ¿Por qué? Sencillamente la enorme cantidad de lomos de burro que se colocaron logró que los automovilistas no la utilicen. Yo me pregunto, si es necesario regular la velocidad, lo cual me parece correcto, no se puede recurrir a radares con la correspondiente aplicación de multas? Los lomos de burro en Funes son de tremenda peligrosidad, en calles de tierra o ripio no tienen ninguna señalización. Te aparecen de golpe porque tampoco hay adecuado alumbrado público, pueden encontrarse hasta cuatro en una cuadra, más los baches que también abundan y en las calles asfaltadas la situación es muy similar. Ojalá el próximo intendente revea esta medida contemplando el derecho que tenemos a circular libremente y se ponga freno al avance de los barrios privados que insistiendo con la colocación de estas lomas pretenden privatizar a su favor la vía pública que parece no ser de todos.



























