Durante siglos se fue formando un nuevo país, hasta que dos atrás obtuvo su DNI como Nación. Los docentes en las escuelas, los padres en el hogar, los intelectuales en las universidades y academias, los periodistas independientes en los medios de comunicación y los políticos serios desde la función pública, nos explicaron quiénes fueron los prohombres –con sus virtudes y vicios- que contribuyeron a construirla y cómo lo hicieron, con responsabilidad, honestidad y racionalidad. Los aniversarios patrios eran fechas para su evocación y exaltación, reafirmando el respeto a las leyes e instituciones de la República, y además expresiones de esperanza hacia el futuro. Hoy son actos políticos de la “facción” que se considera propietaria del gobierno y no administradora temporaria, que en la voz de su máxima autoridad –irreverente ante los símbolos patrios– nos enseña cómo se hace para destruir la República y nuestro futuro, denostando a quienes se oponen a sus proyectos absolutistas. Para ello no dudan en quebrar el orden jurídico existente y erigir otro que les permita perpetuidad en el poder y garantías de impunidad a sus actos de corrupción inmoral. La presidenta está como los ferrocarriles, sin frenos.





























