Cuando se dan las precauciones o medidas a tomar contra el dengue, creo que se olvidan de mencionar algunas cosas importantes. Se insiste en medidas adentro de las casas y para mí se olvidan de cosas que ocurren afuera. 1º) Las hojas de los enormes árboles que hay, por ejemplo, en calles paralelas a bulevar Oroño yendo hacia el oeste. Como ya prácticamente casi no se los poda y algunos han alcanzado enormes alturas, la gran cantidad de hojas que se acumulan en los cordones hace que la limpieza que se practica sea insuficiente y hay siempre "islas" de agua. 2º) Esos enormes árboles arrojan gran cantidad de hojas sobre las terrazas y techos, que por supuesto no son limpiados con frecuencia y a veces nunca. La inclinación de los techos o declive hacia las rejillas hace que cualquier lluvia lleve las hojas a las rejillas, que se tapan y las terrazas se inundan. Esa agua acumulada persiste mucho tiempo porque a veces son lugares nunca visitados. 3º) Las obras en construcción y las mangueras de las hormigoneras siempre chorrean material contra los cordones, que a veces no son limpiados rápidamente y el material se seca e impide el corrimiento del agua hacia los desagües. 4º) La gran cantidad de caños de agua rotos que a veces en pequeña cantidad y que por lo general ni se nota mantienen las "islas" de agua. No se sabe a quién avisar y si se consigue hacerlo no pasa nada. En calle Santiago al 200, del lado de los impares, a mitad de cuadra, pronto festejaremos dos años de un caño pequeño roto. Para los visitantes o turistas que llegan a Rosario se le puede mostrar uno de los mayores criaderos y además céntrico: bulevar Oroño, números impares, entre Salta y Catamarca; o también Salta, entre Moreno y Dorrego, en los números pares. Estas pocas observaciones se las dedico a quién no conocí porque murió antes que yo naciera y fue mi queridísimo abuelo, el ingeniero Ramón Araya, un grande.


























