Hace pocos días regresamos con mi novia de pasar dos semanas de vacaciones en Cuba. Estuvimos en Cayo Guillermo, Varadero y La Habana. Fuimos con una gran expectativa de disfrutar de playas paradisíacas, de recibir un gran servicio (contratamos tres hoteles de la cadena española Meliá) y de compartir la mentada cordialidad y simpatía de los hermanos cubanos. Lejos de todo ello, nos encontramos con un mal servicio, sobre todo en el hotel Sol Palmeras de Varadero, donde la atención al turista está más cercana al personaje de la empleada pública protagonizado por Antonio Gasalla que a la de un hotel internacional de cuatro o cinco estrellas como los que pagamos. La mayoría del personal demostró un marcado desinterés en la atención del cliente, faltas graves de educación (no contestar los saludos, dejar con la palabra en la boca y retirarse, ignorar preguntas sobre el servicio, falta de atención de los teléfonos en la recepción, contestaciones bastante prepotentes, nunca una disculpa por un mal servicio o la falta de elementos en las habitaciones, por ejemplo) todas éstas, cuestiones muy alejadas al trato que el turista espera y merece, máxime con los precios que se pagan por estos servicios, similares o superiores a los de Punta Cana, Río de Janeiro o Miami, por nombrar otros destinos. Cabe destacar además, que pese a tener un régimen "all inclusive", en la playa ese servicio no existe, y dentro del hotel, se le hace entender al cliente cada vez que pide algo que tiene que contribuir con propina, lo cual lógicamente mejora la cara del atendiente, pese a ser servicios por los que uno ya abonó sobradamente. En lo que respecta a la gente común (no al personal de los hoteles), caminar por La Habana equivale a ser permanentemente interceptado por gente que pide dinero, jabones, comida, entre otros elementos, y que contesta de muy mala forma si uno les dice que no los posee, casi como si uno tuviera obligación de entregarles dinero a cada uno de ellos, algo muy similar a lo que ocurre con los limpiavidrios de las esquinas de Rosario, pero multiplicado por cinco en cada cuadra. Todos se acercan con la célebre expresión de nuestros muchachos, "ey, amigo, dame dinero" para retirarse mascullando algún insulto si no lo obtienen. Los músicos de la calle o los bares son muy simpáticos la primera canción, inmediatamente después vienen a vender el CD a un precio equivalente a 50 o 60 pesos argentinos y si uno no lo adquiere, pasan inmediatamente de la simpatía al desprecio. Cabe destacar que durante la estancia regalamos ropa y dimos propinas por valor de 80 C.U.C. (el equivalente a casi cien dólares en propinas), pese a lo cual igualmente fuimos maltratados. Resumiendo, no puede desconocerse que Cuba se encuentra atravesando una crisis económica muy importante, que soportan desde hace años un bloqueo inhumano y condenable, y que en estos tiempos el Estado está despidiendo a cientos de miles de trabajadores. Pero todo ello no es responsabilidad del turista, que con esfuerzo gasta mucho dinero en viajar a la isla, contribuyendo de este modo con la principal fuente de ingresos de ese país, y se ve sorprendido por un maltrato, un desinterés y una descortesía que no corresponde ni merece. Todo lo que relatamos fue similar a lo que nos contaron muchos otros argentinos que encontrábamos en los hoteles y en el vuelo de regreso, todos ellos indignados con el trato recibido. Es por todo ello que recomendamos elegir otro destino turístico, o por lo menos, cumplimos en avisar a nuestros coterráneos con qué panorama van a encontrarse si viajan a este país caribeño.































