Me sorprende realmente el paupérrimo estado de las calles de Rosario. Ni siquiera la clásica y tradicional hipocresía de hacer obras de cara a las próximas elecciones sirve como excusa para mejorar las arterias rosarinas. Lo más curioso es que el intendente manifiesta no querer seguir al frente de Rosario y posee expectativas políticas superiores, cuando la ciudad está a la miseria. No sólo las calles, ni hablar de los barrios más alejados del tan atendido centro urbano. Así, la verdad, queda demostrado que la no hace mucho declarada "mejor ciudad para vivir", no llega a tal extremo y lejos se posiciona por debajo de otras ciudades de la Argentina. Una verdadera lástima, señor intendente.































