Para dejar por hoy los temas dramáticos con los que la realidad nos preocupa cotidianamente, quiero hablar un poquito de fútbol: cuando un árbitro en un partido cobra una mano en la mitad de la cancha, su interpretación acerca de si la acción fue casual o intencional, no genera mayores complicaciones. Pero si la misma falta se produce en el área, la famosa facultad interpretativa puede producir un verdadero escándalo; comenzando por un fuerte malestar en las tribunas, de donde comienza a bajar la tradicional frase que alude a la progenitora del referí. En las ligas del interior, un penal cobrado o no por culpa de una mano ha terminado con árbitros violentamente agredidos físicamente. A veces el clima hostil se instala en todo el estadio; comienzan los enfrentamientos entre las hinchadas y la agresividad suele transferirse a los jugadores, instalándose entonces un festival de tarjetas amarillas y rojas; todo porque al pobre árbitro le pareció que una mano había sido producto de las más pura casualidad o, por el contrario, cometida con toda intencionalidad. Nada de pobre árbitro, podrá decir usted; se equivocó a propósito. Bueno, esa temeraria aseveración ya corre por su cuenta porque a mí no me consta. Para terminar con este eterno problema, creo que podría modificarse el reglamento en el sentido de que toda mano (casual o no) deba ser sancionada. El juez que administra justicia pito en boca, quedaría liberado de su pesada potestad de interpretación; la suspicacia sería definitivamente erradicada, y se contribuiría a eliminar un potencial factor de violencia en el fútbol. Si uno de los integrantes comete mano en su área será penal sin más trámites. Cuando alguien hace un gol en contra se considera una jugada desafortunada y a otra cosa; con la mano debiera suceder lo mismo. Ya nadie podría decir que el jugador de un poderoso equipo jugando de local, especuló con que el referí no le cobraría una mano argumentando que fue casual. Aún quedaría en pie la cuestión de si el árbitro y/o sus colaboradores vieron o no una mano. Eso ya aparece como un problema insoluble, a menos que de una buena vez en el fútbol, en esa "pasión de multitudes" que trae siempre el recuerdo del "gordo" Muñoz, se aplique la tecnología que ayuda por ejemplo al tenis, al hockey, al rugby, al básquet y al fútbol americano, donde las jugadas se revisan en forma ultra rápida. Me parece que la idea central debiera ser ésta: si es mano de un jugador en su propia área, mala suerte; nada de interpretaciones y a patear el penal desde los famosos y fatídicos doce pasos.































