El 21 de julio falleció, a los 80 años, Juan Vital Sourrouille, el ex ministro de Economía del gobierno de Raúl Alfonsín entre 1985 y 1989. Dueño de una reconocida carrera académica, su paso por la función pública está asociado al Plan Austral, el programa que creó para reducir la elevada inflación, que en la época llegó a alcanzar el 30% mensual. En ese momento, el austral reemplazó al peso argentino como signo monetario y se quitaron tres ceros a la moneda nacional. Por un tiempo estabilizó la economía, hasta que estalló la hiperinflación de fines de los 80.
“El plan consistió centralmente en un congelamiento brusco de todos los precios y salarios, acompañado de la unificación del tipo de cambio y del lanzamiento de una nueva moneda, el austral, que con tres ceros menos que la anterior cotizaba a 80 centavos de dólar”, recordó José Luis Pellegrini, director del doctorado en economía de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), al programa radial “La banda cambiaria”.
En un primer momento, el programa tuvo “un éxito notable”. La inflación bajó del 30% al 2% en cuatro meses y la economía “se reactivó casi de inmediato”. Se estableció un ritmo de emisión monetaria decreciente para reducir las presiones inflacionarias en el futuro, se reformaron impuestos para mitigar el déficit fiscal y se obtuvo un crédito puente de varios países para poder sortear los primeros momentos del plan.
Uno de los mecanismos distintivos del programa fue “el desagio”, una tabla que tenía un coeficiente decreciente para convertir en australes los créditos y deudas nominados en pesos. “Jugó un papel importante porque todos los contratos en la vieja moneda tenían implícita la alta inflación anterior, que había pensado que iba a continuar en el futuro”, recordó Pellegrini. “Si no se hubieran corregido, además de ser inequitativo, hubieran hecho necesario que los precios subieran en el futuro para que los deudores pudieran pagar las deudas”, agregó Pellegrini
Mientras funcionó, el plan estuvo asociado a una reactivación económica. Un hecho que, subrayó el economista, “llamó la atención de todo el mundo porque en esa época se pensaba que los planes de estabilización eran recesivos”.
En esos tiempos se había aplicado en Estados Unidos lo que se llamó “el experimento monetarista”, puesto en práctica por Paul Volcker como presidente de la Reserva Federal. “Luego de varios años de aplicación, la tasa de inflación norteamericana había bajado, pero al costo de una alta desocupación y pérdida de ingresos”, detalló.
Inercia inflacionaria
El camino del Plan Austal, apuntó Pellegrini, fue la eliminación de la inercia inflacionaria, el proceso por el cual la inflación pasada se traslada a la inflación futura, por medio de la indexación y por la incorporación de las expectativas inflacionarias en los contratos.
“Si el plan de estabilización consiste sólo en restricciones monetaria y fiscal y la población no está segura de que el programa va a tener éxito, las expectativas inflacionarias no desaparecen de pronto, sino poco a poco. Esto es económicamente muy costoso y socialmente doloroso porque lleva al desempleo”, indicó.
En ese sentido, diferenció el congelamiento de precios y salarios dispuesto en el plan Austral de otros que se aplicaron antes y después es que. “Es que, aunque no se anunció por anticipado, la estrategia de Sourrouille contemplaba una flexibilización a medida que los precios se desajustaran”, acotó.
Esta flexibilización se intentó pero “no resultó posible hacerla ordenadamente, por las presiones sectoriales y de todo tipo que se hacían a un gobierno que nunca contó con mayoría en el Senado y se debilitaba políticamente”.
Pellegrini recordó a Sourrouille como “una persona sumamente respetada”. Y enfatizó que su plan, “por la construcción intelectual tan importante que hubo detrás” fue “uno de los logros más grandes de la economía latinoamericana”.
“Fue fruto de la labor de varias personas que habían venido trabajando en los temas de inflación desde ya hacía varios años, desde la perspectiva de lo que se llamaba el estructuralismo”, relató.
Se trata de la tradición desarrollada por economistas mayoritariamente latinoamericanos que sostenían que la causa de la inflación no era la emisión monetaria, como dice la teoría tradicional, sino factores estructurales de la economía: rigidez en la formación de precios, principalmente. Sin negar que la emisión monetaria tenía influencia. Esta corriente estuvo representada principalmente por la Cepal.
En los ochenta, economistas, como Sourrouille, Roberto Frenkel Adolfo Canitrot y José Luis Machinea la modernizaron y elaboraron lo que se llamó el neoestructuralismo, que contenía como uno de sus principales componentes la teoría de la inercia inflacionaria, “desarrollada en Argentina y en Brasil y que fue muy original en su momento”, señaló Pellegrini.
Esta teoría hoy es muy reconocida y figura en los libros de texto en Estados Unidos, “aunque no se reconozca a sus autores”. De hecho, junto con el plan argentino Austral se desarrollaron otros dos: el Cruzado en Brasil y otro israelí que “terminó siendo el más exitoso”.
- ¿Cuáles fueron a su entender las causas del fracaso del plan Austral?
- Hubo una multiplicidad de causas: una fue interna y era que no hubo un acuerdo con el Banco Central, que seguía conducido por economistas que estaban con las ideas de los años de posguerra y que seguían queriendo reactivar la economía por vía de la emisión y por medios monetarios, lo cual no era coherente con el plan de Sorrouille. Hubo problemas políticos, porque el gobierno de Alfonsín, después de un año de bonanza, rápidamente fue atacado de todos lados. Hubo huelgas continuas, presiones de la derecha, de la izquierda, en condiciones muy difíciles para atender esas demandas. Otro problema fue que Argentina estaba virtualmente en default, no de derecho pero sí de facto, incluso antes de la guerra de Malvinas. En esa circunstancia, no había manera de financiar el déficit fiscal. Fueron devastadores los alzamientos de Semana Santa, la pérdida de las elecciones en el 87. Luego a Alfonsín lo presionaron para que desplazara a Sourrouille del ministerio. También hubo una completa incomprensión por parte de los organismos internacionales. de crédito.