Economía

La "brujería" monetaria

El Banco Central trabaja en artificios monetarios para controlar la inflación, pero los problemas son estructurales.

Domingo 24 de Marzo de 2019

El Banco Central trabaja en artificios monetarios para controlar la inflación, pero los problemas son estructurales. Para que el sistema financiero ayude al país a salir de la recesión es necesario flexibilizar los requerimientos para otorgar créditos, de lo contrario los problemas se acrecentarán.

El Banco Central no es el único responsable de la tasa de inflación. Si bien es un fenómeno monetario, en la Argentina sus causas son estructurales. La inflación minorista a febrero se ubicó en el 51,3 por ciento anual, y la mayorista en el 64,5 por ciento anual, la devaluación del peso fue del 93,9 por ciento anual.

Con estos indicadores a la vista, no parece que la tasa de Leliq en el 64 por ciento anual sea un nivel elevado. Sin embargo, los bancos están ofreciendo tasas a plazo fijo que se ubican en torno del 42 por ciento anual, para grandes montos y a plazos superiores a los 30 días.

El BCRA desea elevar la tasa de interés del 42 por ciento anual, para que los inversores de plazo fijo permanezcan con sus ahorros en los bancos, sin embargo, la dinámica del sistema hace que las tasas no copien el recorrido tan alcista de las Leliq.

Los bancos no pueden invertir en Leliq todo lo que desean. Solo pueden hacerlo en una proporción que es equivalente a una vez su patrimonio o el 65 por ciento de los depósitos. El resto del dinero lo deben prestar al mercado, que es su función primaria.

Los bancos compran dinero y venden dinero. El problema en los últimos meses es que el mercado no demanda crédito, las tasas son tan elevadas que quien está calificado para acceder a dicho financiamiento, no tiene necesidad de demandarlo a las tasas que se ofrecen. Quien necesita tomar financiamiento, no puede hacerlo por no estar calificado. Los bancos te dan un paraguas cuando hay sol, y te lo sacan cuando llueve.

Las empresas han sufrido en los últimos años severos inconvenientes que la han dejado afuera de toda calificación crediticia a saber:

BULLET_CHARACTER Las empresas no pueden ajustar sus activos por inflación, a pesar de que en los últimos 12 meses ésta fue superior al 50 por ciento.

BULLET_CHARACTER El capital de trabajo de las empresas creció más del 50 por ciento en los últimos 12 meses, con lo cual los activos que respaldan como garantía los préstamos que se solicitan pierden peso frente a las mayores necesidades de fondos que pretenden garantizar.

BULLET_CHARACTER Las deudas de las empresas crecieron exponencialmente frente a los activos que los garantizaban, por ejemplo, una deuda en dólares creció más del 100 por ciento en el último año, contabilizando la devaluación más los intereses del préstamo que se consiguió. Las deudas en pesos corrieron similar suerte.

BULLET_CHARACTER En este contexto, las empresas ven que sus activos no crecieron, y sus pasivos aumentaron considerablemente, lo que implica una baja de su patrimonio, lo que complica la situación patrimonial de la empresa, y por ende impacta en la calificación crediticia.

En este escenario el crédito en los últimos 12 meses no creció, lo que implicó una caída en términos reales superior al 50 por ciento. Los bancos reciben muchos depósitos, tanto a plazo fijo como en dólares, pero dicho dinero no se está prestando al mercado, por falta de demanda y empresas que califiquen.

Así, los bancos no pagan tasas de interés atractivas, y esto hace que muchos inversores pasen sus tenencias de pesos a dólares.

La inflación proyectada para el año 2019 se ubica en torno del 36 por ciento anual, una tasa de plazo fijo por un monto bajo se ubica en el 38 por ciento anual, esta tasa no luce atractiva, pero el banco no puede pagar más por ese dinero porque no tiene un mercado de crédito demandante o calificado.

Lo que estamos observando es una marcada dolarización de carteras, el stock de plazo fijo en pesos medido en dólares asciende a los u$s 34.700 millones, y el stock de plazo fijo en dólares suma u$s 9.000 millones. Hace 12 meses atrás la relación era de u$s 47.300 versus u$s 7.232 millones. En términos de moneda extranjera, la dolarización comenzó luego del mes de agosto de 2018 y la fatídica devaluación del peso argentino.

El Banco Central estudia emitir una Leliq a 30 días para que los bancos suban la tasa de plazo fijo, elevar encajes u otros artificios monetarios para que el ahorrista permanezca en el sistema. Todas soluciones para los bancos y no para la producción.

El ente monetario debería trabajar para que las entidades financieras flexibilicen sus requerimientos para que las empresas puedan tener financiamiento en el mercado. No podemos mirar con la misma vara de un año atrás, a empresas que hoy tienen que soportar una inflación superior al 50 por ciento anual, una devaluación de casi el 100 por ciento y activos congelados en el balance.

Cuando se dio la crisis del año 2008 en Estados Unidos, la propia Reserva Federal asistió crediticiamente a las empresas. En Argentina con una crisis mucho menor, el propio Banco Central sale a crearle un gran negocio a los bancos con una tasa de Leliq del 64 por ciento anual. Sin embargo, poco favorecen sus normas a regar de crédito el mercado, y aliviar la situación financiera de muchas empresas que han quedado ilíquidas en la coyuntura.

Las empresas ligadas al agro necesitan liquidez para llegar a levantar la cosecha de soja, el financiamiento es entre escaso y nulo en el mercado. Las empresas comerciales tienen un gran atraso en la cobranza, y para calzar dicho bache no hay un crédito a tasas razonables, y en muchos casos no hay crédito. Las empresas industriales venden a largo plazo para mantener el ritmo de producción, y los cheques que reciben no encuentran un mercado a tasas razonables.

No estoy culpando a los bancos de estos males, son víctimas de las regulaciones que les impone el Central y que traban los negocios en el mercado.

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