Es una dramática carrera contrarreloj: Mientras demócratas y republicanos libran en Washington
una batalla campal en torno al megapaquete de rescate para el sector financiero, la crisis
crediticia estadounidense hace que caiga un banco tras otro. La última víctima con una dimensión
histórica es la otrora líder en el sector de las cajas de ahorro estadounidenses Washington Mutual
(WaMu) fue adquirida en el último momento por el grupo financiero J.P. Morgan Chase a un precio
ganga.
La mayor quiebra de bancos en la historia de Estados Unidos pone amargamente de manifiesto que
todavía queda mucho para divisar el final de la crisis. Y el sector se pregunta conmocionado:
“¿Cuál será la siguiente en caer?” La espectacular bancarrota de WaMu sorprendió a los
expertos por sus dimensiones y por la velocidad con que se produjo. Aunque todos conocían las
millonarias pérdidas del banco, que se había centrado en el negocio de las hipotecas durante el
boom inmobiliario, en la bolsa era tratada como candidata a realizar adquisiciones. Y, de pronto,
quiebra.
La Oficina de Supervisión de las Instituciones de Ahorro (OTS) cortó por lo sano: asumió el
control de WaMu, vendió las “partes buenas” y dejó caer el resto, en perjuicio de
accionistas y acreedores. El único objetivo de las autoridades es evitar que cunda el pánico. Todos
los depósitos están garantizados por el nuevo propietario J.P. Morgan Chase, asegura incansablmente
la OTS. No fue necesario hacer uso del fondo estatal de seguridad como último recurso.
En los últimos días, el miedo de los clientes les hizo retirar en total casi 17.000 millones de
dólares cuando vieron que la cotización de las acciones estaba tocando fondo. Y la sentencia de
muerte la dictaron las agencias de tasación, que degradaron a WaMu a valor “chatarra”.
Como fichas de dominó, en los últimos 14 días fueron cayendo una entidad financiera tras otra,
desde el banco de inversión Lehman Brothers hasta la gigante aseguradora AIG. Sin embargo, tras el
nuevo shock hoy llegó un poco de alivio: “Es bueno que con la adquisición de WaMu se haya
evitado una crisis del sistema”, dijo el analista de Fráncfort Dirk Becker.
No obstante, el hecho de que acreedores y accionistas se vayan con las manos vacías no alienta
precisamente la confianza. “Si no se aprueba el paquete de reformas del gobierno
estadounidense podría desatarse una catástrofe”, opina el experto. “No es el momento de
disputas electoralistas”, opina también Robert Halver, analista del banco alemán Baader Bank.
“Si el debate se alarga demasiado, los pacientes alemanes podrían acabar clínicamente
muertos”. Para WaMu, toda ayuda llega demasiado tarde.
Desde la mañana de hoy, el nombre de J.P. Morgan Chase luce en las primeras de las 2.200
filiales. Que J.P. Morgan Chase, uno de los principales bancos estadounidenses, es uno de los
ganadores de la crisis se hace cada vez más patente: el presidente del grupo, Jamie Dimon, se ha
convertido en un cazador de gangas entre los escombros, primero con la compra de Bear Stearns hace
unos meses y ahora con WaMu. El empresario de 52 años hizo que el grupo rival Citigrup alcanzara su
actual tamaño, pero se marchó en 1998 debido a una disputa. Desde 2006 repite la expansión, ahora
desde la cúpula de J.P. Morgan, y hasta el momento se ha manejado mejor que la mayoría de sus
rivales en la crisis financiera.
También el legendario inversor y multimillonario estadounidense Warren Buffet considera que las
turbulencias ofrecen grandes posibilidades. Así, lanzó una poderosa señal de esperanza al sector e
invirtió 5.000 millones de dólares en Goldman Sachs. “Dentro de cinco o diez años volveremos
la vista atrás y nos diremos que se podrían haber hecho negocios extraordinarios”.