"Creo que están equivocados en creer que estamos en un libre comercio, el libre comercio no existe", aseguró Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera de la Argentina (Ciara). El ejecutivo asumió recientemente la presidencia de la poderosa cámara que agrupa a las principales agroexportadoras, en un momento de crisis. De crisis general, por el contexto económica nacional e internacional, pero también en la relación con el gobierno nacional. La suspensión del diferencial arancelario para las exportaciones de los derivados de la soja abrió una brecha en una alianza fundacional de la administración macrista. "El gobierno ha tenido acciones muy positivas, en este caso se equivocó", sentenció el titular de Ciara, antes de desplegar un conjunto de argumentos que, dos años y medio después, encajan con la impugnación que una parte de la oposición realizó desde el principio al programa económico de Cambiemos. "En un escenario de guerra comercial de todo el mundo contra todo el mundo, Argentina no se puede dar el lujo de tomar medidas distintas", insistió.
—¿Cuál es el impacto de la suspensión del cronograma de eliminación de retenciones a los derivados de la soja?
—La medida nos resultó sorpresiva. Creemos que es errónea respecto del impacto fiscal esperado y de la capacidad exportadora argentina. Las dos cosas entendemos que no van a tener los resultados esperados por el gobierno. El efecto que tiene esto para la principal industria exportadora de la Argentina es negativo. Porque afecta la capacidad exportadora para la cosecha 2019 , frente a un escenario internacional altamente proteccionista. Hoy tenemos aumento de los derechos de importación del 45% en India, China que aún no nos autorizó la harina de soja para exportar, la Unión Europea que también tiene aranceles elevados para el ingreso de aceite y harina. Por lo tanto, lo natural que sucedería sería una baja en la molienda, en segundo lugar, una baja en la capacidad exportadora de harina y aceite, y, en tercer lugar, habría una primarización de exportaciones del complejo sojero. Esto va en contra del agregado de valor, del concepto de supermercado del mundo, pero, sobre todo, va en beneficio claramente del gobierno chino, que necesita importar soja en este contexto de guerra comercial con Estados Unidos. Hasta ahora Argentina buscaba venderle sólo más harina y más aceite. Pero con esta medida, el poder de compra del gobierno chino esta por encima del poder de compra de la molienda rosarina. Por eso, lo más probable es que el volumen de exportación de soja se incremente sensiblemente a un precio condicionados por el gobierno chino. Este es otro de los impactos negativos.
—¿Se pueden perder mercados de harina y aceite?
—Argentina hoy tiene 60 mercados de exportación. El principal, descubierto en los ultimos años, fue Vietnam. Hoy somos el principal proveedor de harinas proteicas. Podemos poner en riesgo Vietnam, Europa, India y Pakistán en el caso de los aceites, y claramente puede haber un efecto de detracción de ventas.
—Desde las entidades ruralistas y el gobierno dieron tres argumentos contra el diferencial: que la devaluación compensa la medida, que la industria aceitera está madura y no necesita apoyo, y que era una reivindicación de los productores primarios. ¿Qué opina?
—Hubo una expresión del Ministro de Agroindustria. Es una industria madura, es cierto. Y es una industria que quiere seguir invirtiendo. A fin de año, Renova cortará las cinta de la planta de molienda más grande del mundo, justamente acá. Y esto tiene el objetivo de que Argentina siga posicionándose en el mercado mundial como proveedor, no solo de harina y aceite, sino de biodiesel, glicerina. Y que nos permita entrar en un cambio tecnológico para ser el motor de la oleoquímica, a partir de la soja. Esto es lo que queremos ser como industria. La madurez está medida en torno de su capacidad de inversión. Medir la madurez en la existencia o no en el diferencial de exportación es erróneo. Porque el derecho de exportación no es un subsidio. Así lo señala la OMC y está reconocido mundialmente. El gobierno argentino ganó todos los juicios internacionales cuando algún país quiso cuestionarlo, como hizo la UE con el biodiesel. La OMC dijo que no es un subsidio, es un impuesto. Creo también que están equivocados en creer que estamos en un libre comercio. El libre comercio no existe. Existe un proceso de promoción e incentivos a la producción por parte de diferentes países. En un contexto de guerra comercial, los países cierran sus mercados y apoyan sus exportaciones. Nosotros, con esta medida, vamos por el camino inverso. La industria necesita ese 3% para salir a competir al mundo. Salvo que podamos lograr de acá a marzo que India elimine el 45% de los derechos de importación, que China autorice la harina, que la UE lleve a cero el derecho de harina y aceite, pero eso es muy difícil que suceda. Y creo que frente a ese escenario Argentina tiene que tener una política inteligente.
—¿El dólar no compensa?
—Para nosotros el aumento del dólar es un problema, no una solución, porque nuestros costos están dolarizados. Y en segundo lugar, porque los productores tienen posibilidad de decidir operaciones de venta en función de la cotización del dólar. Un salto del dólar los lleva a decidir retener grano, por lo cual no podemos exportar, moler, ni producir. Para nosotros lo más importante es la estabilidad del dólar.
—La agroindustria fue un sector cercano al gobierno. Fue aliado. ¿Cómo tomó esta medida?
—Para nosotros esta medida afecta a toda la cadena de valor, y también a los productores. El gobierno tomó esta medida en un marco de urgencias fiscales. Compartimos la necesidad de reducir el déficit pero más allá de eso entendemos que el gobierno, que ha tenido otras acciones muy positivas, en este caso se equivocó. Y esto es lo que hemos hecho notar. Y nos parece que es nuestra obligación, así como pedirle que le revea. Hoy por hoy no veo intención de revertirla.
—¿Cómo está la situación de la industria, en molienda y capacidad?
—La capacidad instalada de Argentina sigue creciendo. Estamos en 65 millones de toneladas. Esta campaña cerramos en 38 millones de toneladas. Estábamos en una capacidad ociosa del 40% y las estamos incrementando. La próxima campaña vamos a tener mas de 50 millones de toneladas de soja. Pero seguimos con capacidad ociosa y con inversiones crecientes. Estamos invirtiendo antes de que inviertan los demás. Porque lo que no se invierte en Argentina se hace en Paquistán, Vietnam o la India. Esto es lo que tenemos que discutir donde queremos instalar la industria. Nosotros queremos que sea acá, en Rosario. Esta es la discusión que queremos que el gobierno entienda. No sólo un meta fiscal sino un modelo país a futuro.
—¿Cómo ven la guerra comercial?
—A nosotros nos preocupa muchísimo porque Argentina no tiene capacidad propia de imponer condiciones. Por lo tanto, necesitamos la existencia de reglas. Y las únicas reglas de juego que teníamos en el comercio mundial era la OMC. Estados Unidos las había escrito y todos las cumplíamos. Ahora el que escribió las reglas decidió romperlas. Por lo tanto, todos los demás están absolutamente liberados de hacer lo que quieran. Por eso la guerra comercial no es entre Estados Unidos y China. Es de todo el mundo contra todo el mundo. Por eso Argentina no se puede dar el lujo de tomar medidas distintas. Otro efecto que nos preocupa es que en esta pérdida de mercado chino, Estados Unidos va a empezar a transformar la soja en harina y aceite. Entonces, hoy China nos está generando un competidor. Por lo tanto, no vamos a tener diferencial pero además vamos a tener que competir con el subsidio norteamericano.
— ¿Puede venir un proceso de concentración y caída de empresas, como ocurrió en los 90 cuando todavía había guerra de subsidios?
— Los procesos globales de proteccionismo generan relocalización de industrias. Aquellos países que puedan tener políticas de defensa de la industrialización, van a tener los beneficios más importantes de esta guerra comercial. Y por lo tanto, Argentina debe tomar nota de esto y actualizar en consecuencia. Si uno analiza este contexto, habría que haber duplicado el diferencial arancelario. Ante este contexto, estamos favoreciendo la industrialización de aquellos países que nos compraban.