Economía

Estados al rescate: planes billonarios contra la recesión

Tras el derrumbe de los mercados y el parate económico, se reactivan herramientas utilizadas en la última crisis. ¿Funcionarán?

Domingo 22 de Marzo de 2020

A doce años de la última gran crisis financiera internacional, los Estados desempolvaron su arsenal de políticas monetarias y fiscales para enfrentar una nueva tormenta global.

Como la caída de Lehman Brothers en su momento, la pandemia de coronavirus disparó una corrida que aceleró el proceso de deterioro por el que ya atravesaba la economía.

Los ministros de Finanzas del Grupo de los Siete, que reúne a Estados Unidos, Japón, Canadá, Alemania, Francia, Reino Unido e Italia mantuvieron a principios de semana una cumbre extraordinaria por videoconferencia, orientada a coordinar las políticas activas.

En ese marco, la Reserva Federal (FED) de EEUU dispuso 1,5 billón de dólares para dotar de liquidez al mercado interbancario, que se había frenado por la desconfianza entre entidades frente a la crisis. También recortó dos veces, en forma sorpresiva, su tasa de política monetaria, para dejarla entre el 0 por ciento y el 0,25 por ciento a 10 años. Y se comprometió a inyectar unos u$s 700.000 millones en la economía a través de la compra de bonos del Tesoro y valores hipotecarios. Luego, el Tesoro norteamericano sumó lo suyo, a través de un programa de gastos autorizado por el Congreso de ese país por más de u$s 800 mil millones, cifra equivalente al déficit fiscal estadounidense. Incluye reducciones impositivas, gastos en infraestructura y transferencias directas a la población.

Del otro lado del Atlántico, la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, anunció la flexibilización de herramientas monetarias para dar liquidez al mercado del viejo continente. Al mismo tiempo, instó a los Estados a flexibilizar la política fiscal. Es decir, aumentar el gasto. El miércoles, el organismo lanzó un paquete de compra de deudas públicas y privadas por 750 mil millones de euros. El Programa de Compra de Emergencia Pandémica (Pepp) durará hasta finales de 2020.

En la zona euro también consideran cómo utilizar el fondo de rescate del bloque, a través de un esquema que podría allanar el camino para que el Banco Central Europea pueda realizar más compras de bonos italianos, uno de los países más afectados por la pandemia y la crisis económica. El fondo que forma parte del Mecanismo Europeo de Estabilidad (Mede) fue creado durante la crisis de la deuda soberana de la última década como un prestamista de última instancia para los gobiernos en problemas, y cuenta con 410 mil millones de euros de capacidad de préstamo no utilizada.

En todos los puntos del planeta se activaron en las últimas semanas medidas monetarias, y en algunos casos fiscales, para evitar que el llamado "market bear", como se denomina a una tendencia prolongada a la baja en los mercados internacionales, se traduzca en una crisis financiera y económica de magnitud similar a la de 2008.

En el Golfo pérsico, el banco central de Emiratos Arabes Unidos anunció un paquete de estímulo valorado en u$s 27.000 millones. Desde el estallido de la crisis de coronavirus, Italia aplazó el pago de impuestos y reforzó los fondos de las asignaciones por desempleo, mientras que Alemania dispuso una "línea de créditos sin límite" a las empresas afectadas por el parate. En Corea del Sur aumentaron los subsidios al salario que pagan las pymes y las asignaciones destinadas a personas que se dedican al cuidado del hogar. El Reino Unido dispuso una rebaja de la tasa de interés y un paquete de u$s 400 millones en préstamos garantizados. El Banco de Japón bajó los tipos de interés.

En la región, Argentina, Chile y Brasil implementaron sus propios programas. En el caso del gigante sudamericano, anunció un paquete de u$s 3 mil millones para subsidiar por tres meses a desocupados y trabajadores informales. También dispuso una baja de la tasa de referencia, la Selic, liberó nuevas líneas de crédito y reactivó un programa de recompra de bonos de deuda que había utilizado en 2008.

En Argentina, el gobierno reforzó los ingresos de la población más vulnerable, con bonos extra para jubilados de la mínima, beneficiarios de la AUH y trabajadores de planes sociales. Amplió el programa de subsidios salariales Repro, muy popular en la crisis de las subprime, relanzó los préstamos para construcción y refacción de viviendas, aumentó el presupuesto de obra pública y estructuró un paquete de créditos productivos por $ 350 mil millones a tasas del 26 por ciento. En este sentido, la administración de Alberto Fernández no sólo debe luchar contra la pandemia y la recesión sino contrarrestar las políticas de ajuste desplegada en territorios provinciales, con gobiernos obsesionados en hacer caja en medio de la crisis.

De acuerdo a la consultora PxQ, que conduce Emanuel Alvarez Agis, entre transferencias directas, pérdida de recaudación y créditos, el plan anunciado representa 2 por ciento del PBI. Es una proporción cercana a la dispuesta por Brasil (2,2 por ciento) y por encima de Italia (1,2 por ciento), Según ese centro de estudios, Alemania es el país que más proporción del producto destinó a atender la crisis (15,7 por ciento), seguido por Reino Unido (15 por ciento), Francia (14,1 por ciento), España 8,8 por ciento, y Estados Unidos (4 por ciento).

El Fondo Monetario Internacional, que en los últimos dos años realizó varias advertencias sobre el riesgo de una recesión a nivel internacional, recomendó a través de su directora, Krystalina Georgieva, y de su economista jefe,Gita Gopinath, activar los mecanismos que fueron exitosos en la crisis de 2008: expansión monetaria y fiscal. También sugirió realizar transferencias directas para mantener los ingresos de la población. Subrayó la necesidad de que estas acciones sean coordinadas.

Aunque de forma algo tardía, en aquella crisis hubo una articulación entre las economías más relevantes del planeta. Incluso se resucitó el G-20. Ahora acciones en ese sentido, pero en un contexto de mayor proteccionismo y tensiones geopolíticas, y de mayor imprevisibilidad política atada a cierta extravagancia de varios de los más importantes líderes mundiales. También es distinto el margen de acción de gobiernos y bancos centrales en una economía global sobreendeudada, con altos déficit, baja inversión y consumo ralentizado.

Para el economista argentino Juan Llach, "no es evidente" que las políticas de expansión monetaria sean eficaces esta vez para enfrentar el derrumbe de los mercados. Es que los niveles de endeudamiento público y privado "son demasiado altos". La deuda global es de 250 billones de dólares, casi un 300 por ciento del PBI global y la deuda pública bruta de los países desarrollados llega al 103% de su producto. Consideró, además, que “se tiró demasiado del hilo con el conflicto geopolítico entre China y los EEUU”, y que las autoridades de los países poderosos fueron muy pasivas “frente a la fragilidad financiera por valuaciones extravagantes de muchos activos, en especial en los mercados estadounidesnes”.

A esto se se suma “el aumento en la propensión a ahorrar, no acompañada por la propensión a invertir”. Se trata, dijo, de una “preocupante tendencia de fondo” que lleva a “un exceso de ahorros sobre el que Ben Bernanke llamó la atención ya en 2005”. La experiencia reciente de algunos países nórdicos que intentaron evitar la deflación con tasas de interés negativa abrió, incluso, controversia sobre sus resultados. En ese marco, el economista estimó que probablemente algunos países impondrán plazos a las políticas de tasa cero o negativas, “para tratar de inducir a aumentar la inversión y el gasto”.

Para Jorge Vasconcelos, economista jefe de la Fundación Mediterránea, la crisis de 2008 tuvo “un punto de inflexión nítido ya que, a partir de sucesivas quiebras bancarias, los bancos centrales de países desarrollados ejecutaron un masivo operativo de rescate y suministro de liquidez”.

Para la Argentina, el impacto de esa crisis fue profundo en 2009, agravado por una de las mayores sequías de la historia y la epidemia de Gripe A. Pero el trayecto fue en forma de “V”. Al poco tiempo, merced también a las políticas económicas del gobierno de entonces y a la recuperación de la economía China, el rebote fue rápido y contundente. En 2010 el país creció 10,1%.

Para el economista del Ieral, en este 2020 falta “el momento Lehman” a nvivel internacional. En el plano local, el contraste con aquella crisis financiera está en la situación fiscal y de deuda precaria que heredó la actual administración nacional.

En la década pasada, La quiebra de Lehman Brothers convenció a la gobernanza mundial de que había firmas “demasiado grandes para caer”. Entonces, desplegaron una serie de herramientas que incluyeron inyección de liquidez en el mercado financiero, intervención y nacionalización de bancos y empresas, ampliación de las garantías de depósitos y creación de fondos millonarios para compras de activos dañados.

Sólo la FED inyectó al mercado 4,1 billón de dólares a través de su programa de expansión monetaria que ayudó a EEUU a salir de la recesión, a la par que devaluó el dólar y expandió el crédito. Luego de un período de expansión prolongada pero débil de la economía global, las primeras señales de problemas comenzaron a asomar ya desde hace unos años. En 2014, con el fin del superciclo de los commodities y la retracción del comercio internacional, economías latinoamericanas entraron en una desaceleración importante. En 2015, la Reserva Federal dio por terminada su programa monetario y la plata mundial comenzó encarecerse. La guerra comercial, la menor inversión y el estancamiento de la demanda, aportaron lo suyo.

Ya a fines de 2018, por caso, la Reserva Federal de Estados Unidos tuvo que realizar una enorme inyección de liquidez en el mercado ante un parate en el mercado de préstamos interbancarios de Estados Unidos. La aversión de las entidades financieras de prestarse unas a otras fue una de las características de las crisis de 2008.

Desde principios de este año, el mercado del petróleo experimentó sucesivas bajas que se convirtieron en derrumbe cuando se activó la pelea de precios entre Rusia y Arabia Saudita.

En este marco, el banco de inversión JP Morgan difundió proyecciones económicos muy ásperas. a la retracción que ya se observa en el primer trimestre del año y seguirá un derrumbe en el segundo trimestre. La proyección optimista habla de una paulatina recuperación sobre final de año. Si así fuera, la economía global habría crecido al final de 2020 un magro 0,5%, impulsado por un crecimiento de 5,1% en China. En cambio, EEUU se achicaría 1,8% y Europa 0,1%. Según la consultora Ducker Frontier, América latina experimentaría una caída de 0,2% en el escernario intermedio. En el negativo, perdería el 3,2% de su PBI.

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