Economía

Cuesta abajo: la economía en el subsuelo

La brutal caída de la actividad convive con una altísima inflación, pese al plan de estabilización acordado con el FMI. La crisis se extiende.

Domingo 10 de Marzo de 2019

En el inicio de las sesiones ordinarias del Congreso, el presidente Mauricio Macri aseguró en forma tajante y contundente: "Si no hubiésemos tomado las decisiones que tomamos la economía hubiese colapsado". Los números muestran que, en rigor, ese colapso ocurrió y, fundamentalmente, por las medidas que tomó durante su gobierno. "La economía argentina se hunde en la peor combinación posible: una brutal caída de la actividad económica y el empleo, acompañada de una inflación fuera de control, algo que técnicamente se denomina «depreflación»", detalló en su último informe el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (Ceso).

Mientras el presidente recordaba que "durante dos años y medio creció la economía, bajó la inflación, bajó la pobreza y creamos 700 mil puestos de trabajo", los propios indicadores oficiales mostraban otra cosa. En todo 2018 se perdieron 191 mil puestos de trabajo en el sector privado, un número que ubica al empleo registrado en los niveles que tenía en 2014.

Esa misma contradicción entre discurso y realidad se dio a mediados de febrero cuando Macri anunciaba que la inflación estaba retrocediendo y al día siguiente los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) mostraban una aceleración de los precios, que ubicaron al IPC de enero en 2,9%. El sector servicios se llevó la peor parte al subir un 3,5%, especialmente por la inercia inflacionaria de 2018 y el impacto de los aumentos de tarifas que comenzaron a impactar apenas arrancó este año y que aún sin contemplar los que se vienen.

"A más de tres años de aplicación del programa económico neoliberal y a cuatro meses de implementarse el experimento ultramonetarista de cero crecimiento de la base monetaria, la economía argentina se hunde en la peor combinación posible: una brutal caída de la actividad económica y el empleo, acompañada de una inflación fuera de control", detalló el Ceso. Y acotó que esa combinación de depresión en la actividad con una inflación en ascenso se denomina técnicamente como "depreflación", un término de escasa difusión entre los economistas que, como máximo, aceptaban hasta ahora la estanflación (estancamiento productivo con inflación).

En rigor, esa política de restricción monetaria logró calmar al dólar durante el primer mes del año, pero no domó los precios. Si se tiene en cuenta la inflación núcleo, que en buena medida permite medir el éxito de las políticas monetarias, el escenario es mucho peor. Los datos del Indec muestran que ésta superó al nivel general en enero y llegó al 3%, y acumuló en el año una suba del 49,4%.

En paralelo, la actividad económica se desplomó 7% en diciembre de 2018 respecto a igual mes de 2017, según los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica (Emae) que hace dos semanas difundió el Indec. El indicador no para de dar negativo en términos interanuales, desde abril del año pasado.

Ese dato es más duro aún porque la desaceleración alcanza a la mayoría de los sectores, pero especialmente al comercio mayorista y minorista, a la industria manufacturera y a la construcción, que cayeron 15,7%, 14,2% y 12,7% respectivamente en un año.

"Las causas del fracaso de las políticas monetarias ortodoxas en el control de la inflación son simples: la suba de los precios en Argentina en los últimos años no tiene un origen monetario", aseguró Ceso. "Si se deja de lado el dogmatismo monetarista, puede observarse que la inflación de los últimos años tiene fuertes componentes inerciales (con un piso alrededor del 20% anual), que se acelera cada vez que se realizan devaluaciones, mientras se desacelera cuando se plancha el dólar. El impacto de los aumentos de tarifas sobre la dinámica de los precios también es significativo, aunque mucho menor que la evolución del dólar", agregó el informe.

De hecho, la dinámica de inflación de los últimos meses no escapa a esos patrones. Todavía está absorbiendo el shock devaluatorio y tarifario del año pasado, y sus mecanismos propagadores a través del alza que desencadenó sobre los combustibles y, en menor medida, los salarios.

Pero además, Ceso asegura que "la depreflación argentina es el resultado directo de la aplicación del programa económico impuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI) a cambio de dólares frescos que eviten la cesación de pagos de las deudas antes de las elecciones de octubre".

En febrero finalizó la misión de revisión del organismo internacional que auditó las cuentas públicas argentinas y determinar si este mes llegará el desembolso de 10.700 millones de dólares que forman parte del acuerdo total por más de 56.000 millones pactado el año pasado.

Aunque el gobierno da por descontando que esos dólares llegarán, el titular de la misión Roberto Cardarelli se ocupó de reunirse con funcionarios pero también con los principales referentes de la oposición en un año electoral donde la economía puede ser el fiel de la balanza para la continuidad o no del gobierno de Cambiemos. "Todos estamos preocupados por la situación económica, nosotros creemos que va a ser mejor en 2019, pero claro que hay riesgos, como siempre", dijo el enviado del FMI tras un encuentro con la CGT.

Aunque no fue tema de análisis en esta misión, durante el paso de los funcionarios por el país se analizó la posibilidad de que el Fondo acepte correrse del manual y aceptar un déficit fiscal que no supere el 0,4% del PBI, aunque integrado por gasto social, en vistas de que la economía no da señales de recuperación.

Sin esa inyección del FMI el país está lejos aún de hacerse de dólares propios. También el último dato oficial sobre intercambio comercial muestra que el superávit alcanzó los 372 millones de dólares en enero de este año, pero se achicó 16,6% respecto a igual mes de 2018, no sólo por la caída de las exportaciones (- 4,7%) sino también por el derrumbe de las importaciones del 26,5%. Un dato que se agudiza si se tiene en cuenta que las mayores bajas en este segmento fueron por vehículos automóviles, tractores; combustibles y aceites minerales y teléfonos y computadoras incluidas su partes y piezas. Un signo más de la fuerte desaceleración del consumo de bienes en el país.

Pero además de los bienes durables, el consumo de artículos de primera necesidad también se deprimió. La encuesta de supermercados y autoservicios mayoristas que mide el Indec correspondiente a diciembre _un mes estacionalmente activo por las fiestas de fin de año_ muestra que las ventas a precios constantes cayeron 8,7% y 12,4% respectivamente en forma interanual.

Esa encuesta también oficia como un termómetro del bolsillo de los argentinos. En primer lugar, el 25,2% de las compras corresponden a productos de almacén, seguidos por bebidas, carnes y lácteos, es decir de consumo básico.

Pero además, los datos oficiales muestran que la alta tasa de interés también ahuyentó a los argentinos de las compras financiadas. El dato oficial muestra que en diciembre pasado el 34,1% de las ventas totales en supermercados se realizaron con tarjetas de crédito. Si bien ese porcentaje aún supera al efectivo (33,9%) y a las tarjetas de débito (28,6%), va en retroceso, ya que de un año a otro, el crecimiento del pago por ese medio fue del 33,7%, menor que las compras con "cash" o con débito que evolucionaron 41,4% y 47,7% respectivamente.

Ceso también advierte que "la menor producción reduce las importaciones de insumos y, al desalentar la inversión, contrae la compra de medios de producción importados".

En su último informe, el Centro de Estudios Económicos Orlando Ferreres muestra que la inversión bruta interna registró en enero una caída del 17% en forma interanual y representó, en precios constantes, el 19,6% del PBI. El dato más destacado es que calculó una caída de los desembolsos en el sector de maquinaria y equipos del 26% respecto a enero del año pasado.

Los datos tienen correlato con los indicadores que el mismo centro de estudios difundió sobre la caída del 8,3% en la producción industrial para enero de este año, acumulando así diez bajas consecutivas, según Ferreres.

El Indice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) que en estos días difundió el Indec _ y que reemplaza al EMI_ correspondiente a enero de 2019 muestra que la industria cayó 10,8% respecto a igual mes del año pasado y se trata de la novena baja consecutiva.

Un mes atrás, el mismo índice daba cuenta de que en todo el año 2018 la producción manufacturera había retrocedido 5% y que en diciembre contra noviembre se había desplomado 14,7%.

Pero además, el dato oficial para enero de este año mostraba que todos los sectores, sin excepción, habían caído, y las bajas más pronunciadas fueron las automotores y equipos de transporte (-28,2%), otros equipos, aparatos e instrumentos (-26,3%) y productos de metal, maquinaria y equipos (-22,5%).

Pero además, al interior de cada rubro las bajas son muy pronunciadas. Un caso es el de alimentos y bebidas, cuya fabricación cayó en el nivel general 2,2%, pero subrubros como gaseosas, aguas y jugos retrocedieron 13,5% en enero o también productos lácteos, que bajaron 10,7%. Todos muy ligados al consumo básico de los hogares.

Por otra parte, en el segmento de industrias metálicas básicas la caída fue del 15,2%, pero al interior, la industria siderúrgica se desplomó 22,9% en enero y venía de experimentar una baja del 32% en diciembre.

En sintonía con estos números el informe oficial sobre la construcción muestra que ese sector se hundió 15,7% en enero de este año frente a igual mes de 2018, y venía de experimentar una caída del 20,5% en diciembre último. Este sector se vio afectado por la menor demanda privada ante la desaceleración de los créditos indexados UVA, por el descalce entre la evolución de los precios y los salarios.

También contribuyó la parálisis de la obra pública tras los acuerdos con el FMI, aunque mostrando cierta recuperación en los últimos meses del año.

El descalce de los salarios respecto de la inflación también fue un dato que también corroboró el Indec. El último índice muestra que el total registrado, es decir formal, acumuló en 2018 un aumento promedio del 30,4%, es decir perdió 17 puntos porcentuales respecto de la inflación.

La situación es más desventajosa si se mide el índice salario total (registrado y no registrado), que acumuló una suba del 29,7% el año pasado, es decir perdió contra la inflación casi 18 puntos.

"La imposición de una política de dólar flexible, eufemismo con el que se promovió la última megadevaluación, acelera la suba de los precios", reflexiona el Ceso y señala que "esa inflación es el instrumento deliberadamente promovido para contraer los ingresos reales de la población y, de esa manera, reducir la demanda de dólares por la vía de la recesión económica".

Por otra parte, "la menor producción reduce las importaciones de insumos y, al desalentar la inversión, contrae la compra de medios de producción importados; la merma de los ingresos de la población reduce las importaciones de bienes de consumo y el turismo en el exterior; y la menor capacidad de ahorro pincha la demanda de dólares".

En paralelo, "el ajuste de los gastos públicos por debajo de la evolución de los precios (y de la recaudación nominal) promueve la reducción del déficit fiscal primario, mientras profundiza la caída de la actividad económica", detalla el informe.

La consecuencia es "un derrumbe de la actividad productiva acompañada por una exacerbación del proceso inflacionario. Algo habitual en la triste historia económica argentina de crisis externas pero que la mayor parte de los economistas del gobierno (incluyendo allí a los del FMI) desconocen por su débil formación", concluye.


La cifra final de caída del PBI en 2018 sería de 3%

El PBI mostraría una caída del 3% en 2018 y, así, los primeros tres años de mandato de Mauricio Macri experimentaron una caída de 3,6% punta a punta. Ese es el análisis que realizó la consultora Economía & Regiones a partir de las cifras del Estimador Mensual de Actividad Económica (Emae). Este indicador, un "proxy" de la medición del producto bruto, arrojó una baja de 2,6%. Según recordó E&R, desde diciembre de 2016 a 2018, la industria bajó 14,6%, el comercio 11,3% y la construcción 8,5%. Estos tres rubros aportan en conjunto el 39% del Valor Agregado Bruto. La economía cae en 8 sectores que son el 53% del Emae.

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