Economía

Buchara: "Daremos combustible a los proyectos disruptivos"

El director ejecutivo del SF500 contó cómo será la estrategia públio-privada para financiar a los emprendedores del sector científico

Domingo 15 de Agosto de 2021

El gobernador Omar Perotti y el CEO de Bioceres, Federico Trucco, firmaron la semana pasada un convenio para la creación de SF500, un fondo de inversión que apoyará a proyectos y emprendedores de base científico tecnológicas. Se puso así en marcha una nueva plataforma de desarrollo del sector que tiene entre sus prioridades promover el talento santafesino y apoyar a las comunidades que alojen a las nuevas empresas. El SF500 recibirá un primer aporte de u$s 3 millones por parte de la provincia y u$s 27 millones por parte del sector privado. Serán u$s 30 millones por año y el nombre se refiere al objetivo de crear 500 nuevas start up de base científica tecnológica en los próximos 10 años. Francisco Buchara, ex secretario de Asuntos Estratégicos de la provincia, será su director ejecutivo y en diálogo con el programa radial “La banda cambiaria”, explicó cómo funciona.

“El sector público hace muchos años viene participando y aportando subsidios o instrumentos de promoción para potenciar a científicos o emprendimientos de base científico tecnológica; sin embargo, muchas veces se perdía la oportunidad de acompañar de forma más concreta esos proyectos y de participar de las ganancias si resultaba exitoso”, señaló. En ese punto, agregó que “aparece un concepto de mucha vanguardia que se está discutiendo a nivel mundial, que tiene que ver con el Estado emprendedor”.

Buchara refiere al libro de Mariana Mazzucatto, en el que pone al Estado en el rol de gran ordenador a la hora de dirigir las innovaciones. “Acá hay un primer punto que es interesante: un entendimiento de parte del sector privado de que el Estado debe participar de la innovación”, subrayó. En paralelo, otra gran discusión se abre a nivel global respecto de la territorialidad. “Hoy las empresas del Silicon Valley se están yendo para Austin, Texas o Miami, por temas impositivos o por Covid, y se discute qué hubiese pasado si el Estado de California, que hizo muchísimo esfuerzo hace 25 años para promover ese polo, se hubiese quedado con un pedacito de las acciones de empresas como Apple, Tesla, Google”, describe. La respuesta es que “tranquilamente hoy podría cobrar cero impuestos y se podría autosustentar todo el sistema científico, tecnológico y de innovación”.

—¿Esta es la idea para el SF500?

—Un poco sí. Hay una tendencia a nivel país de ver cómo se gasta más presupuesto en ciencia y tecnología pero hay urgencias y límites fiscales. Entonces, la idea es generar otros instrumentos que multipliquen el presupuesto, porque le van a dar un retorno muy superior. Desde el sector privado, hasta ahora las experiencias de fondos para el sector eran de una mirada más tradicional, del tipo venture capital, y con poca interacción con el Estado. Acá se buscó es esa interacción, y en una etapa bien temprana, cuando a veces el inversor privado no se anima. Se trata de encontrar ese punto inicial y juntos fondear a talentos y equipos que tienen una idea, quieren desarrollar un concepto, o un primer producto mínimo viable.

—¿Cómo funciona concretamente?

—El fondo va a tener una lógica de construcción de ecosistema y de startups. Por ejemplo, va a tomar el proyecto de un chico o una chica que estén investigando algo interesante con potencial en un instituto de los que funcionan en la provincia, como el IBR. Y los vamos a ayudar. Si les falta una mirada más de negocio, los juntaremos con alguna otra persona de la UNR, la Universidad Austral, la UCA y los ayudaremos a armar equipos. Les vamos a dar u$s 200 mil ó u$s 250 mil. A lo mejor para algunos es mucha plata, pero no lo es tanto si se quiere hacer un proyecto disruptivo que luego se convierta en una empresa como Terragene o Bioceres. Para que eso ocurra hay que darle combustible, para que lo queme en 12 ó 18 meses y llegue a una patente o a un producto que luego pueda ser financiado o apoyado por otro fondo. Y sí sucesivamente, incrementando su valor de mercado y llegando a un producto de impacto. Miramos mucho los productos y proyectos que busquen impactar en el mundo, reducción de la pobreza, cambio climático, salud.

—¿Cómo tienen pensado acercarse a esos científicos o emprendedores? ¿Los van a convocar, tienen ya una grilla de trabajos en curso?

—La provincia, más allá de las gestiones, ya tiene su historia. Hay un buen trabajo de sostenimiento de programas y por eso hay una gran base de proyectos a los que se les ha dado un poco de subsidios inicialmente. También hay un montón de científicos que ven la historia de empresas de base científicas santafesinas y quieren hacer algo parecido. Ahí se fue construyendo esa potencialidad de equipos a invertir. Después, según el grado de madurez, hay distintos programas para llegar a un punto óptimo donde se le puede dar el dinero. O sea, si está super maduro el proyecto, el proceso de invertir es mucho más rápido. Si está más verde, se hace un proceso de matcheo, de armarle un equipo, mejorar la idea para que cumpla ciertos requisitos para poder invertir.

—¿Hay algún límite o está orientado a ciertas disciplinas?

—Este fondo hace mucho hincapié en las ciencias de la vida, que son parte de la biotecnología. Porque Argentina es uno de los 16 países del mundo que puede producir vacunas contra el Covid. Y lo puede hacer porque tiene muchos años de investigación, premios Nobel, muchos científicos. De hecho, más del 63% de los científicos del Conicet investigan o estudian algo vinculado con ciencias de la vida. Tenemos un músculo, una historia, un recorrido y una curva de aprendizaje que no tiene cualquier país y eso es una gran oportunidad. Es un momento en el cual la biotecnología se convirtió en “la ciencia” para resolver los desafíos de futuro. Por supuesto que la inteligencia artificial, la big datam también se cruza. Pero el desafío en las próximas décadas viene por ahí.

—¿Cómo se consolida en términos económicos el fondo? ¿Cada aportante tiene una cuota parte?

—Va a haber un sector público, un sector tecnológico, uno institucional, que van a invertir y van a tener cuotas partes de un fideicomiso financiero privadom que es muy convencional, en pesos que luego se convierten al dólar oficial. Es así, no tiene mucha historia. Es un fondo de u$s 300 millones que está ordenado en tres tramos. Primero 50, luego 100 y luego 150 millones.

Desafíos en el mundo del capital semilla

Para el director ejecutivo de F500, Francisco Buchara, el desafío de esta iniciativa es determinar cómo trabajar con los equipos y talentos por apoyar con el fondo de inversión. “Tenemos cierta estadística de cómo está hoy el mundo del capital semilla. Apuntamos a incrementar el beeflow, la cantidad de equipos invertibles. Es probable que estas inversiones en este capital inicial se pongan en más de 500 proyectos. Después, estos proyectos tienen una altísima tasa de fracaso. Y no está mal, está bien que así sea. Se estima que sólo el 16% sobreviven. Pero ese fracaso no significa una pérdida, por eso es interesante el volumen. En ese proceso de fracaso de muchos proyectos se produce un aprendizaje, porque ese científico que quemó u$s 250 mil, va a aprender mucho. Y seguramente esa patente se puede reciclar y combinar con otro proyecto que fracasó y ahí surge otra cosa. Si de los 500 proyectos que se invierta, unos 10, 12 o menos, se convierten en Bioceres, Terragene o Keclon, se repaga todo. Hoy Bioceres cotiza en Bolsa y vale u$s 700 millones. Con que alguno logre superar a una de estas empresas, le da sentido a todo esto.

Producción periodística: Alvaro Torriglia, Sandra Cicaré, Patricia Martino

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