Cultura y Libros

Piazzolla, un genio en Rosario

El hombre que renovó el tango y se convirtió en el músico del género más célebre en todo el mundo dejó su huella en la ciudad, donde grandes instrumentistas siguieron su ejemplo y difundieron su obra. Recuerdos y anécdotas de una época brillante.

Domingo 20 de Mayo de 2018

El nombre de Astor Piazzolla está indisolublemente relacionado con el tango. Proveniente de la más rancia aristocracia del género, con los años se convirtió en el músico tanguero más célebre del mundo. Su fuerza renovadora caló muy hondo debido a que fue sustentada por la performance que mantuvo en todas sus facetas. Brilló como director desde la primera orquesta que dirigió a finales del año 1944 para acompañar a Francisco Fiorentino, logró como instrumentista una técnica y un vigor sorprendentes y, como arreglador y compositor, dejó una obra tan vasta como genuina.
La magnitud del impacto que ha tenido su aparición en el universo musical alcanzó dimensiones de conmoción. Hoy es referencia ineludible y su música sigue siendo abordada en todas las latitudes, incluso por conjuntos de cámara y orquestas sinfónicas.
El desbande rosarino
Como es de suponer, Rosario no podía quedar al margen de tan arrollador avance. De modo cronológico, intentaremos identificar algunas señales de la influencia de Piazzolla en la ciudad durante el período vital del gran músico.
La primera marca de Astor en la ciudad la encontramos en Antonio Ríos. En 1946, como arreglador de la orquesta de Héctor Chera, Ríos aportó la instrumentación de El desbande, tango que recién había sido grabado por Piazzolla y del que el gran bandoneonista rosarino tomó nota de inmediato.
Luego, de regreso a su ciudad natal, Antonio organizó su propia orquesta típica y fue incorporando al repertorio obras a las que todavía se les tenía cierto recelo en Buenos Aires. Cuando sólo Troilo, Francini-Pontier, Fresedo y Basso se habían animado con Para lucirse o Contratiempo, Antonio los ejecutaba con su agrupación. Más tarde, cuando tuvo oportunidad de grabar con Los Poetas del Tango, llevó al disco Lo que vendrá. Por otra parte, con su trío o como bandoneón solo, ejecutaba frecuentemente otros tangos de Piazzolla, como Sentido único, Adiós Nonino, La calle 92 o Contrabajeando (de autoría compartida con Aníbal Troilo), de los que, felizmente, quedan audios entre algunos coleccionistas.
La cercanía y la afinidad musical entre Piazzolla y Ríos tuvo su momento culminante cuando Astor lo convocó en 1970 para la grabación de Recuerdos de bohemia (clásico de Enrique Delfino), con un arreglo especial realizado por el marplatense para cuatro bandoneones. Junto a Piazzolla y Ríos intervinieron otros dos grandes ejecutantes: Leopoldo Federico y Rodolfo Mederos.
Otro músico rosarino en quien la música de Astor hizo temprano efecto fue Julio Conti, un director con búsquedas vanguardistas que ya en 1953 ejecutaba con su orquesta Contratiempo, Triunfal y Prepárense, incorporando algunos años después Marrón y azul y Se fue sin decirme adiós (con letra de Alfredo Roldán).
El siguiente peldaño en la relación de Rosario con Piazzolla tiene que ver con un acontecimiento puntual, que fue la actuación que en 1957 realizó la Orquesta de Cuerdas de Astor en el teatro El Círculo. Cuenta la crónica que el rostro con la sangre amotinada era la marca común de los músicos que, terminado el concierto, se miraban azorados en el hall de la sala. Dos de ellos dirigían por entonces una orquesta que navegaba entre el Maderna de Caló y el Troilo de las grabaciones en el sello TK, pero esa noche el vértigo de la historia se los llevó por delante. Para Antonio Agri y Omar Torres, que eran los dos músicos mencionados, Piazzolla se había convertido en el faro que ya no dejaría de iluminarlos.
Ese mismo año, Omar creó la Agrupación de Música Moderna, complementando y profundizando la búsqueda que se había iniciado con la Torres-Agri.
En cuanto al violinista, su admiración por Piazzolla cristalizó en una relación fecunda cuando a fines de 1961 fue convocado por el mismo Astor para integrar el quinteto. Apenas ingresado al conjunto, le dijo a la prensa: "Todavía me parece mentira tocar con Astor Piazzolla; es demasiado, me pone nervioso". Fue parte de todas las formaciones del autor de Triunfal hasta comienzos de 1976, realizando giras, grabando discos e interviniendo en actuaciones especiales como las realizadas en Italia con el Stradivarius de Salvatore Accardo o la presentación de la operita María de Buenos Aires, en 1968.
Además, en septiembre de 1975 grabó con Piazzolla en Mondial Sound, de Milán, una serie de obras para películas, algunas de ellas en dúo de bandoneón y violín. Parte de ellas se editaron al año siguiente a través del sello Pathé Marconi, de Francia, en el LP Banda Sonora Original del filme Llueve sobre Santiago. Otra parte la editó en 1977 el sello Trova, de Argentina, en el LP Viaje de bodas. Allí se incluyeron los dúos de bandoneón y violín. Más tarde, apareció el CD Piazzolla-Agri, reeditando obras de esos dos discos.
Ya como director, el violinista rosarino concibió un trío junto a Walter Ríos en bandoneón y Ricardo Domínguez en guitarra, con el que grabó el CD Agri saluda a Piazzolla.
El siguiente punto de contacto es Rodolfo Cholo Montironi, peregrino embajador del mejor tango, que encontró en la música de Piazzolla la contraparte perfecta para su hondo contenido tanguero. Con una vida que transcurrió desde las noches de Pichincha hasta los mejores escenarios europeos, supo poner en evidencia la inconveniencia de escindir el carácter popular de un género con las intenciones vanguardistas del mismo.

Hace mucho tiempo que la música de Astor está presente en el repertorio del Cholo quien, incluso, ha dedicado espectáculos completos a rendirle homenaje al que considera el mejor arreglador que tuvo el género. Bandoneón, guitarra y bajo, Fuga y misterio, Adiós Nonino, Oblivion, Libertango y Lo que vendrá son creaciones de Piazzolla que se escuchan habitualmente en sus presentaciones, algunas de las cuales, incluso, ha grabado.
Cabe destacar que en 1980, en Madrid, registró con Concha Piquer cuatro arreglos especialmente escritos por Astor.
También Domingo Federico durante su estadía rosarina tuvo un vínculo con el marplatense, que era prolongación de la amistad que se había forjado en Buenos Aires. Al promediar la década del 60, con su trío, realizó diez presentaciones junto al quinteto de Piazzolla. En charla con este cronista, el compositor de Percal contó que en una de las frecuentes visitas de Astor a su casa en Rosario encontró unas partituras de obras inéditas que Federico había preparado para la Editorial Edami. Entre ellas se encontraban Bronce, Tropical, Ensayo, Cuando jugaba, El jubilado, etcétera. Piazzolla se las pidió para grabarlas y Federico le solicitó algunos días para retocarlas, pero nunca se las envió.
También al promediar la década del 60, Néstor Marconi se inscribiría en nuestra lista. Antes de su partida de la ciudad, creó el Quinteto del Nuevo Estilo con un repertorio netamente instrumental. Los arreglos, como lo sugiere el nombre del conjunto, reflejaban las inquietudes del nuevo director. Entre los temas escogidos, encontramos La calle 92 y Marrón y azul.
Ya en Buenos Aires, le rendiría otros tributos a Astor, como en Piazzolla clásico, editado por Milan Sur en 1993, donde Marconi participó como bandoneón solista de la Filarmónica del Teatro Colón, dirigida por Pedro Ignacio Calderón.
Años más tarde, fue Salvador Nito Farace quien llevaría a Piazzolla al disco. En octubre de 1975, dirigiendo su propia orquesta, grabó en Buenos Aires el tango Río Sena, editado en el cassette Tangos para la pausa. Nito fue un violinista nacido en Arroyo Seco que desarrolló sus virtudes musicales en Rosario. Admirador de la obra de Astor fue, junto al Flaco Fernando Tell, quien propició la incorporación de Agri al quinteto de Piazzolla.
Mientras tanto, otras experiencias surgían en Rosario. Por esos años, el Quinteto Nuevo Tiempo se erigió en un verdadero mojón de la evolución tanguera de la ciudad al comenzar a ejecutar arreglos que el mismo Piazzolla les había facilitado. La formación estaba integrada por Raúl Ocaña Sahler en piano, Elio Garbuglia en bandoneón, Pedro Mario García en violín, Santiago Grande Castelli en guitarra eléctrica y Norberto Nofri en contrabajo. Realizaron diversas actuaciones en salas de la ciudad apoyando a algunas instituciones tangueras de entonces, como el Grupo Rosarino de Tango.
Compañeros de todas las horas
No deberían olvidarse, antes de finalizar, otros nombres rosarinos que también han hecho su aporte al movimiento musical "Piazzolla" pues, en diversas oportunidades se ha valido Astor de músicos provenientes de nuestra ciudad. Ya su primera orquesta, la que dirigió como acompañamiento de Francisco Fiorentino, tuvo en la fila de fueyes al ya mencionado Tell, rosarino adoptivo que después de una destacada actuación en esta ciudad, formó parte de las orquestas más importantes del tango incluida, claro, la recientemente citada. También formaron parte de los conjuntos del marplatense el violonchelista Carlos Nozzi, los flautistas Arturo Schneider y Jorge Barone, y el pianista Gustavo Beytelmann que, aunque nacido en Venado Tuerto, vivió en Rosario un momento importante de su desarrollo musical y formó parte de diversas orquestas de jazz y de algunas de tango, como la de Domingo Federico.
Y si se permite la licencia, también podría consignarse a Roberto Di Filippo, pues si bien no hizo escala en Rosario antes de su desembarco en Buenos Aires, como sí lo hicieron sus hermanos, su maestro fue el rosarino Eduardo Vetere y su formación primera estuvo ligada a nuestro ambiente musical.

Un ángel en soledad

Muy conocida es la admiración que el violonchelista chino Yo Yo Ma siente por la obra de Astor Piazzolla. Considerado como el mejor en su instrumento, en 1997 Yo Yo Ma dio a conocer el disco Soul of the tango (The music of Astor Piazzolla) en el que participaron dos rosarinos, Antonio Agri y Néstor Marconi. Diez años después se conoció Appasionato, donde entre obras de músicos como Vivaldi, Ennio Morricone, Saint-Saëns, Brahms o Mendelssohn, el músico oriental incluyó el tango Soledad, del marplatense, acompañado en el piano por el rosarino Octavio Brunetti, quien sería otro eslabón de la correspondencia entre la música de Piazzolla y la ciudad de Rosario.
En 2011, conformando un dúo de piano y violín, Octavio grabó con Elmira Darvarova el CD Adiós Nonino, incluyendo Night Club 1960, Milonga del ángel y Vardarito, entre otros.
En 2012, en tanto, participó en dos discos como invitado ejecutando obras de Piazzolla: Michelángelo 70, Soledad y Escualo, en Tango distinto, material del trombonista Achilles Liarmakopoulos; y Escualo en Masters of bandoneón, del Cuartetango String Quartet.
Por otra parte, integró el "JP Jofre Quintet" junto a Pablo Aslan, Nick Danielson y Lev Zhurbin, grabando el disco Hard Tango, registrando obras como Mumuki.
Al año siguiente, en 2013, Yo Yo Ma, estrenó con la Filarmónica de Nueva York un arreglo de Octavio sobre la Serie del Ángel. En dicha presentación, el programa de mano calificaba al arreglador como heredero del "manto" dejado por Piazzolla. Nada menos.
Lamentablemente, el inolvidable pianista no tuvo tiempo. Falleció a los 39 años, el 29 de agosto de 2014.

De la música límite hasta Oliveros

En Rosario vio la luz uno de los libros más interesantes (si no el más) sobre Astor Piazzolla. Estamos hablando de Piazzolla, La música límite (1992), un sesudo análisis de Carlos Kuri que ya va por la cuarta edición de la editorial Corregidor. La génesis de este libro fue un micro que el autor llevó adelante en el programa "A todo tango", de Gerardo Quilici, por LT2. Sobre esa base, construyó una obra imprescindible a la hora de abordar al músico que aquí nos ocupa.
También fue Kuri quien generó en la ciudad un espacio propio dedicado a Piazzolla. Desde hace veinte años, en nuestra ciudad se reúne con frecuencia mensual una barra de seguidores del autor de Zita. El grupo, conformado por músicos como Ezequiel Diz, Marcelo Zissu o Sebastián de la Vallina, coleccionistas, difusores y simples entusiastas, como quien esto escribe, mantiene vigente la obra del marplatense con una rigurosidad que envidiaría cualquier academia, si a las academias les preocupase cumplir con cierto rigor. Con tesón, el grupo ha atesorado una cantidad de material audiovisual, al que se suma el fabuloso cúmulo de información que manejan algunos de los integrantes, especialmente Jorge Bustos, Jorge Pessini, Marcelo Lesgart y, por supuesto, el mismo Kuri. Como si fuera poco, la reunión cuenta con la presencia de Gerardo Quilici.
En permanente contacto con músicos afectados a formaciones de Piazzolla, como a nuevas vertientes que incluyen en sus búsquedas al marplatense, la barra piazzollera rosarina tiene en Víctor Oliveros a un padrino de lujo. El Loco Víctor, quien fuera representante y uno de los amigos más cercanos a Piazzolla, desembarca con cierta frecuencia en nuestra ciudad para compartir el asado y el vino con los admiradores de su frate. ¡Salute la barra!

Dos whiskies

Bien sabido es que la década del 60 fue el escenario de una gran batalla cultural, en la que el nombre de Piazzolla tenía el mismo efecto que la pólvora.
En una visita que hiciese el quinteto a la ciudad de Rosario, Omar Spizzo, convencido piazzolleano desde la orquesta del 46, presenció el concierto y, a la salida, invitó al bandoneonista a un local en el que estaba tocando Fernando Tell. Aunque no era hombre de noche larga, Piazzolla visitó Chiqué, la peña tanguera de Raúl Mendoza, ubicada en el pasaje Zabala. Establecidos ya en el local, ocuparon una mesa Astor, Spizzo, el Flaco Tell y el doctor Costantino. En honor a Tell y como pocas veces lo hacía, Astor ejecutó dos temas en bandoneón solo: Picasso y Flores negras (Francisco De Caro). Como la cosa era entre expertos, Costantino hizo lo propio, cerrando el show después de sus "teloneros" Tell y Piazzolla. Al escucharlo, Astor les dijo a los presentes que la discoteca del doctor era una fija: "Seguro que todos los discos son de Canaro y De Ángelis, la música de este hombre tiene telarañas por todos lados".
Parece cuento pero se dice que Mendocita, "el Hombre Tango Rosarino" ―y uno de los tantos que sentía malestar por las nuevas incursiones musicales de Piazzolla― a la hora de arreglar las cuentas, se olvidó de que Astor no hacía más que jerarquizar su local con la visita y, sin mayores titubeos, como a cualquier parroquiano, le cobró los dos whiskies que había tomado.

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