Cultura y Libros

"Para mí, venir a Rosario es un bálsamo"

Cada vez que puede, la consagrada novelista Claudia Piñeiro escapa del vértigo porteño y se hace una escapada a esta ciudad. Cultura y Libros se encontró con ella en un café céntrico y el diálogo giró en torno de su último libro de cuentos, Quién no, además de las cuestiones de género que permanentemente la ocupan y apasionan

Domingo 17 de Febrero de 2019

Las visitas de la escritora Claudia Piñeiro a la ciudad son frecuentes: Rosario le gusta mucho, según confiesa, y no pierde oportunidad de visitarla. Quién no, su reciente libro de cuentos publicado por Alfaguara, reúne historias que la novelista escribió durante los últimos quince años. Algunas nacieron mientras asistía al taller de Guillermo Saccomanno. Otras han sido colaboraciones para Página/12, El País de España y antologías. Y su llegada a las mesas de novedades fue la excusa ideal para un nuevo encuentro con Cultura y Libros, esta vez en un coqueto café céntrico. Distendida, Piñeiro habló de su literatura, de sus intereses y búsquedas, e incluso de cómo ve actualmente a nuestra ciudad: "Aquí siempre están pasando cosas. Es más, cuando venís a hacer algo, preguntás qué otros eventos hay, para saber con qué podrías estar compitiendo. Hay mucha oferta cultural, y esto puede tener que ver con la presencia de la Universidad. La gente joven permanece en Rosario, cuando sabemos que en otros lugares suele irse al momento de comenzar una carrera".

Más avanzada la entrevista, Piñeiro contará que incluso esa misma noche se presentaba su obra Verona en un teatro de la ciudad. Semanas atrás se había puesto en escena Un mismo árbol verde, obra sobre la historia familiar de Luisa Hairabedian, amiga suya. La historia entabla relación entre el genocidio armenio y la última dictadura militar argentina, a través del diálogo entre una madre y una hija. El disparador es una escena en que la hija recuerda cuando es niña y los militares irrumpen en su casa para secuestrar a su hermana mayor.

—Pasados unos años de que Un mismo árbol verde recorra las ciudades, ¿sentís que hubo una especie de reparación, de haber podido continuar con el legado de Luisa?

—Para mí, en algún punto, fue una especie de deber. Quien recibe este legado es Federico, el hijo de Luisa, que está en la fundación. Pero lo que sucede es que las fundaciones llegan a gente que tiene mucha relación con el tema. Y la obra, por su lado, contribuye a que ese legado siga vivo en otro tipo de público. De alguna manera toma a un público más "desprevenido". Y esto es lo que quería Luisa, y lo que quiere Federico: que más gente conozca qué es lo que pasó con el genocidio armenio. Su lucha sigue viva.

—En una entrevista contás que el público se emociona mucho al ver esta obra: quizás por nuestra historia dolorosa de desapariciones de la última dictadura. Y a partir de una genealogía de mujeres, todas heridas...

—Hay algo que tiene que ver con la supervivencia, ¿no? De esas historias de tantas mujeres con muchísimo daño y trauma, pero sobrevivientes. De la familia de Luisa, su abuela fue una de las pocas mujeres que había sobrevivido. Entonces, cuando yo me juntaba con Luisa para que me relatara cosas, las anécdotas venían de su abuela. Hay algo en esa transmisión de saberes. La abuela no solamente contaba los horrores del genocidio, también relataba cómo se bailaba, cómo se cantaba, cómo se cocinaba. Eso que el genocidio quiere matar, las tradiciones, la cultura de ese pueblo, quedan vivas muchas veces a partir del relato femenino que se transmite con estas pequeñas cosas de lo cotidiano. En los juegos, en los bailes, en la comida; y ahí está muy presente la mujer. Entonces, lo que transmitió su abuela no es sólo el horror sino también el ser armenio. Y además hay otra transmisión: cuando vinieron a llevarse a la prima de Luisa, en Córdoba, la abuela empezó a gritar "volvieron los turcos, volvieron los turcos" mientras los militares rompían las puertas, entraban y tiraban todo. La abuela de Luisa murió pensando que a su prima se la habían llevado los turcos. Y esto es una metáfora muy fuerte del horror. De cómo esos hombres irrumpiendo y llevándose a personas en época de dictadura en Argentina, significaron para la abuela lo mismo que hicieron con ella y con su familia durante el genocidio armenio. La base de la obra es la repetición del horror. Yo trabajé desde el punto de vista artístico, pero la fundación lo que quiere es alertarnos de que la única posibilidad de que esto no vuelva a suceder es que todos tomemos mucha conciencia. Porque puede haber alguien a quien se le ocurra cometer un genocidio, pero si no cuenta con el aval de muchas otras personas, es imposible.

—Esto que decís me lleva a pensar en el avance de ciertos grupos fascistas, no sólo a nivel nacional. Grupos que buscan avanzar, por ejemplo, sobre los derechos de las infancias. Pienso en relación con la ley de educación sexual integral (ESI). Un tema que no sé si estarás leyendo o analizando...

—No sólo lo estoy leyendo sino que me tiene muy preocupada. Me parece que cada uno tiene derecho de tener la religión que quiera, pero no podemos imponerla a los demás. Y hoy día hay una vehemencia casi de querer misionar, ¿no? Me recuerda a los españoles misionando a los indios, obligándolos a hacerse católicos. En este momento estoy leyendo sobre el ateísmo y la racionalidad. En Apología de la blasfemia, de Jean-Paul Gouteux, se describe una encuesta realizada en Estados Unidos donde preguntaban si votarían al próximo presidente en caso de que éste fuera musulmán, católico, judío o ateo. La respuesta afirmativa trepaba al 90 por ciento en caso de un presidente con alguna de esas religiones. En cambio quedaba cerca del 40 por ciento en caso de un presidente ateo. Parece que ser ateo es ser el demonio. O es como tener una falla. Cuando la gente escucha que una es atea, piensa que no creo en nada. Pero en realidad sí creo: creo que el mundo se originó de determinada manera, creo en la evolución de las especies. Tampoco se trata de "creer", sino que existe cierta evidencia científica y yo me apoyo en esas teorías. Por supuesto que estoy de acuerdo en que tenemos que respetar la religión de los demás; es su fe. Pero de ahí a que quieran imponernos cómo tenemos que vivir, es muy impactante. Te digo más, hasta podría comprender que en el tema del aborto ellos crean que hay una tercera persona involucrada, lo puedo entender por más que no esté para nada de acuerdo. Ahora, cuando apuntan contra el matrimonio igualitario, y con la anticoncepción ¿en qué los justifica su religión para meterse con esos derechos?

Es el caso de las escuelas que no aplican la ley de ESI como deberían...

Ahí te das cuenta de la irracionalidad a la que se puede llegar. Por eso quiero volver a la primera pregunta acerca de cómo encuentro a la ciudad. Te juro que para mí y para muchos de mis amigos, venir a Rosario o ir a Montevideo es un bálsamo. Porque por supuesto sabés que acá hay gente que piensa distinto, pero es una sociedad que ha ido evolucionando en el contexto de estos derechos, gracias a muchos años de educación en este sentido. Entonces hay una evolución cultural de la gente que vive en la zona que no es igual que en otros lugares. Si me dicen de ir a otras ciudades, lo pienso. Pero Rosario es un lugar amable, una sabe que va a encontrar gente que te va a acompañar, que puede diferir en algo pero que tiene un gran respeto por los derechos del otro. Y por supuesto esto es un trabajo de muchos años, que se derrama desde la autoridad hacia abajo. Porque si la autoridad empieza a decir determinadas cosas, avala a otros a decirlas, que es lo que pasó por ejemplo con este tema. Cuando hay gente, dentro de la autoridad, que sale a decir que hay que tener cuidado con la ESI, vos, que sos una persona anónima y no te atrevías a decirlo, ahora sentís que sí podés.

—Tuviste una propuesta acerca de editar un libro sobre tus discursos de este último año. Y la rechazaste.

Yo no digo que a lo mejor dentro de algunos años pueda hacerlo, pero me parece que no en este momento. Si sos una persona crítica que estás marcando determinadas cuestiones, en el momento en que te institucionalizan en ese lugar, dejás de tener la misma fuerza. Por ejemplo, yo creo que Chimamanda era más fuerte cuando no publicaba. Entiendo que gracias a las publicaciones la conoció y la leyó más gente, pero su fuerza militante era mayor antes de estar dentro del mercado editorial. A mí me parece que ahí hay que conservar un lugar de licencia que implica también estar fuera de esa normativa, que es la de la industria editorial. E insisto, dentro de unos años, si se hace una recopilación de textos y se incluyen estos, está perfecto. Pero en este momento, cuando éste es el debate y esto es lo que hay que militar, me parece que le quita fuerza a la acción política.

En relación ahora con una de las historias de tu último libro: el cuento "Lo de papá" emociona por esto de cómo las historias de separación a veces pueden ser tan similares incluso en parejas de diferentes culturas. En las angustias, los dolores, los fracasos, somos más cercanos de lo que creemos. Creo que este cuento es el que más representa el título del libro, el Quién no. Esto de "a todos nos puede pasar". Y algo que funciona no solo en ese cuento, sino en todos, es el tema de la empatía.

Me parece que lo que pasa es que en otros cuentos, la empatía está entre el lector y el personaje. Pero acá hay dos personajes, y hay uno que rápidamente tiene que hacer empatía para "salvar" al otro. Entonces hay como una doble empatía. Lo estoy pensando ahora que me lo decís. Es como si ese cuento explicara cómo hacer empatía en los próximos. Porque uno puede pensar que el personaje que llega a esa casa, va a hacer otra cosa totalmente distinta. Y sin embargo se aguanta rápidamente lo que está pasando y se pone en el lugar del otro. Elegí ese cuento como el primero del libro porque si bien da cuenta del movimiento actual, no es tan de la lucha de las mujeres como podría ser el que habla del aborto, u otros donde las protagonistas son mujeres. Y esto en relación a lo que te decía más arriba. Este tema también está en el debate, pero quizás en segundo plano: qué hacen los hombres frente a esta irrupción de las mujeres. Algunos han quedado descolocados, hasta incluso temerosos. A mí me pasa con amigos escritores, que me dicen "che, ¿te parece que si escribo esto va a caer mal?" o mis hijos preguntando si pueden ir a las marchas. Hay hombres que están viendo qué pueden hacer para acompañar esta lucha.

—Son muy interesantes, en este sentido, las reflexiones que se están dando acerca de las nuevas masculinidades. Me pareció muy visible eso en el cuento: las nuevas formas de ser padre.

-Me pasó cuando escribí Una suerte pequeña, que trata sobre la maternidad y el no deseo de la maternidad. Para mí era claramente eso: la mujer frente a una maternidad que le llega sin ni siquiera pensar si quería o no. Y cuando fui a España, me entrevistó un periodista varón que me dijo "me sentí muy identificado, porque cada vez que llego a casa, mis padres preguntan por qué no tengo hijos, y yo la verdad es que no quiero". Ahí me di cuenta que a los varones también les puede suceder esto, que sientan cierta imposición de ser padre, y además del tener que mantener una familia. Después me pasó algo relacionado, antes de escribir Las maldiciones. Yo tengo un amigo español que vive en Alemania y que fue donante de semen para una pareja de amigas. En ese momento él era muy joven, les donó semen y terminó ahí el asunto. Pasaron los años, mi amigo se casó, y un día su mujer le dijo que ella creía que sus hijos tendrían que saber que tienen un hermano. Pero él dice que jamás sintió que ahí hubiera una paternidad suya. Son cosas que van por delante de uno. Después de pasados los años, tenemos que ponernos a pensar y a rever ciertas cuestiones.

En Basura para las gallinas también aparece muy evidente ese sentir de ponernos en la piel de la otra

El tema del aborto es un tema que a mí me acompaña desde el inicio de la escritura. Fijate que en Tuya ya aparece. Y además, para los que agreden sobre todo en las redes, diciéndome "abortera", como si yo estuviera deseante de que las personas se hagan abortos, el personaje de Tuya termina no abortando. Es decir, ante la posibilidad, ella decide no hacerlo. El tema es la que sí quiere hacerlo, y no puede. O tiene que hacerlo en condiciones de precariedad y clandestinidad.

Algo de eso sucede en Elena sabe...

Exacto. Elena sabe es todo lo contrario a Tuya. Por eso digo que es un tema sobre el que reflexiono hace mucho tiempo. Y me parece que en Basura para las gallinas, que escribí hace ocho años, hay varias cosas interesantes en referencia a lo que sucedía antes. Una es que no se nombra la palabra aborto en ningún momento del cuento, porque hasta este debate, la palabra no se decía, o se decía por lo bajo. Y después está el tema de la transmisión entre mujeres: una abuela que le enseña a su hija cómo hacer un aborto y esa hija luego se lo practica a su hija. Y así seguimos, porque como el Estado no interviene, y no hay cuidados en la salud pública, se sigue haciendo de todos modos, de la peor manera. Estamos todo el tiempo enterándonos de mujeres que entran a un hospital por un aborto clandestino. Hoy este cuento se puede leer con otra perspectiva.

En Claro y contundente tocás el tema de la sobreexigencia a las infancias. Y el tema de la medicación infantil. Es un cruce interesante y sobre un tema poco explorado. ¿Qué te motivó a escribir esta historia?

Surge a partir del pedido de un cuento para un libro relacionado con neurociencias. A mí el tema me interesaba mucho porque era la época en que mis hijos estaban escolarizándose. Y sentía esta exigencia, sobre todo en colegios al estilo del que se cuenta en la historia: privados, bilingües, que buscan estandarizar a los chicos, donde tienen que ser todos iguales porque si no molestan, ya sea si son más lentos o porque son muy rápidos, y entonces son inquietos. Además, en ese momento había leído muchos papers científicos con respecto a la sobremedicacion y el síndrome de ADD que en el cuento no está nombrado. En mi época, eran los chicos que se portaban "mal" y a los que las docentes tenían que estarle más encima. Pero ahora pasaron a ser chicos ADD y hay que medicarlos aunque es un trastorno que se sabe que cuando evoluciona, va mejorando. Yo no estoy diciendo que no haya casos en los cuales sea necesaria la medicación, hablo del sobrediagnóstico. Para esta edición, nosotros trabajamos con neurólogos que nos asistían. Quien tenía que trabajar conmigo no estaba de acuerdo con el cuento. Sostenía que iba a desinformar, que iba a preocupar a alguna madre. A lo que yo respondía que esto no era el prospecto de una medicación, que yo estaba haciendo literatura, y estaba hablando de una madre que sentía eso. A lo mejor una madre tiene que preocuparse al leer el cuento, no lo sé. La literatura también es esto. Me pareció extraordinario que quienes hacían la antología bancaran la postura literaria. Finalmente el neurólogo quitó su participación de la edición. Y el cuento tuvo muy buena recepción. Me escribieron muchas madres por esta historia, y eso fue muy reparador para mí. No estaba tan equivocada.

¿Qué tema sentís que te falta explorar y sobre el que te gustaría escribir?

Yo no sé si lo voy a tocar, pero estoy leyendo muchísimo sobre la separación Iglesia-Estado. Me interesa entender por qué detrás de ciertos episodios históricos complicados hubo una Iglesia que de una u otra manera propició esa situación. Por ejemplo, en el libro que mencioné antes de Jean-Paul Gouteux, él analiza la participación de la Iglesia en Ruanda, durante el Genocidio Tutsi, donde gran parte de esa población fue asesinada por los hutu. Lo que demuestra Gouteux es que antes de que sucediera ese genocidio, hubo un gran movimiento alertando acerca de "los peligros" de la otra raza, acerca de "lo malos" que eran los tutsi a una población que estaba totalmente mezclada. Y luego, un día les dieron machetes a los hutu, y salieron a cortar cabezas. Gente que incluso salió a matar a su vecino. Pero antes de esto hubo toda una operación, que él trabaja mucho, sobre lo que se decía desde la autoridad de la Iglesia Católica. Por supuesto que no todos los curas ni todos los católicos piensan así, pero muestra el gran poder de esas instituciones cuando bajan estas órdenes de misionar. Y cómo estas órdenes se impregnan. Trayéndolo a nuestra actualidad, cuando el Papa dijo que el aborto es un genocidio de guante blanco, cometió un grave error, porque eso es decirle a la gente que los que estamos a favor del aborto estamos cometiendo un genocidio. Si a vos te dicen que yo voy a asesinar personas, ¿qué haces conmigo? ¿Me dejás andar por la calle libremente? Yo creo que hay que ser responsables de las cosas que uno dice. Y luego desde las Iglesias, sobre todo en la época del debate, muchos senadores contaban que en misa, los curas miraban a sus hijos y hablaban mal de sus padres porque estaban a favor de la despenalización. Entonces ¿cómo soportas todo eso? Lo que cuenta Gouteux es un tema más complicado, pero tiene relación en cómo se influye en la gente, en cómo se trata de que queden cautivos en determinadas creencias, porque si se liberan no son tan manejables. No sé si algo de esto aparecerá en alguno de mis próximos libros, pero sí es un tema sobre el que estoy leyendo mucho porque quiero entender por qué para la sociedad los ateos estaríamos "fallados". O este temor acerca de que seamos malas personas.

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