Editoriales de la ciudad

Libros que deslumbran, de factura rosarina

Una nueva colección de UNR Editora presenta una valiosa compilación de textos que reflexionan, desde distintos géneros, en torno a la especie humana en situaciones límite

Domingo 11 de Julio de 2021

A pesar de la pandemia y la consecuente crisis, la cultura de la ciudad no se detiene y, mucho menos, se rinde. Con tres destacados primeros títulos, UNR Editora acaba de inaugurar una colección tan ambiciosa como intensa, llamada “La especie humana”. Se trata de una serie que reúne textos que reflexionan en torno a la condición del hombre en situaciones límite. En los casos que comentaremos, se abordan los genocidios fundacionales de los Estados nación, la guerra de Malvinas y la vida en los campos de concentración de la Alemania nazi.

Bajo el formato de crónica, ensayo, poesía, testimonio o novela, estas obras se imprimen y viajan sobre distintas geografías recuperando voces que, por un motivo u otro, dejaron marcas indelebles sobre la experiencia del lenguaje. La colección -coordinada por María Gabriela Piemonti, Nicolás Manzi y Rubén Chababo- resulta un material insoslayable para reconfigurar debates que permitan seguir construyendo pensamiento sobre los límites complejos y difusos que definen lo humano.

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El gran poeta palestino Mahmud Darwish (1941-2008).

El gran poeta palestino Mahmud Darwish (1941-2008).

Un poema y sus retornos

Una traducción colectiva a distintas lenguas del poema Discurso del “Indio”. El penúltimo ante el “hombre blanco”, del palestino Mahmud Darwish (1941-2008), es quizás el gesto más consecuente que se pudiese haber imaginado con la obra del poeta. La idea primigenia surge del proyecto que llevó adelante la Universidad Autónoma de México (Unam) bajo la dirección de Silvana Rabinovich, quien se propuso junto a un gran equipo trazar un puente entre el árabe y las lenguas originarias del continente. La continuación de aquella propuesta, que tiene como resultado esta edición, fue coordinada aquí en Rosario por la traductora Marcela Vadalata. Como resultado, llega a nuestras manos un libro plurilingüe en el que convergen el original árabe, la traducción al español (proveniente de la Unam) y los “retornos” del poema en lenguas qom y quechua, traducidos respectivamente por Ruperta Pérez y Zaida Josefina Mamani Paricahua. Además, el equipo espera sumar pronto la traducción al mocoví, que ya se encuentra en proceso.

Mahmud Darwish, poeta fundamental de las letras árabes, supo muy bien que todo país está hecho de palabras. Lo reafirmó con insistencia mediante su compromiso con una Nación que lleva décadas peleando por un Estado, por legitimar su identidad. Sin embargo, la escritura de Darwish -siempre cargada de un contenido político explícito, marcada por el exilio y la censura- trasciende las fronteras de lo local y revela sensiblemente en el lenguaje un ejercicio de memoria poética. En este caso se trata, en palabras de Omar Arach, de un texto que expone dos perspectivas antagónicas: la del “Señor de los Blancos” y la de la Gente de la Tierra, el “Indio”.

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Esta obra invaluable -que ve la luz a través de UNR Editora- es una contundente apuesta a pensar nuestro país (e incluso nuestra ciudad de la mano del trabajo de Marcela Vadalata que se incluye en esta edición) como un territorio en el que conviven y se entablan diálogos entre distintas naciones y distintas lenguas: “No corten los árboles del nombre, ustedes que viven/ en guerra desde el mar, no suelten sus caballos en llamas sobre la planicie” se lee en el poema. La memoria persiste en los cuerpos y, por algún misterio insondable, cruza fronteras y encarna en otras memorias, en la diversidad se rebela: “Ven, compartamos la luz en la fuerza de la sombra, toma lo que quieras de la noche”.

Allí donde empieza la violencia, Darwish pone la palabra -que es decir el cuerpo-: “¿Acaso ustedes no memorizan un poco de poesía para parar la masacre?”, interpeló el “indio” al “hombre blanco”. Entre las comillas aparece una suerte de espacio vacío, la intención de evidenciar la ficción profundamente política que opera detrás de ciertos nombres (“Colón tiene el libre derecho de encontrar la India en cualquier mar”) y de sembrar para que crezca el territorio del diálogo en el poema, el único capaz de desarticular y configurar de nuevo la ficción del “límite”, “la verdad de la ficción”.

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Federico Lorenz: obsesión por Malvinas.

Federico Lorenz: obsesión por Malvinas.

Un libro de viajes muy especial

“La Historia ha hecho que muchos de nosotros hayamos estado en las islas Malvinas sin haber siquiera llegado al archipiélago”, comenta Federico Lorenz, historiador, docente y autor de un libro de relatos escritos en clave de experiencia personal, una suerte de crónica: Fantasmas de Malvinas, un libro de viajes. La primera edición de la obra data del año 2008 y vio la luz a través del sello Eterna Cadencia. En este caso, la propuesta de UNR Editora llega acompañada de algunas novedades: dos nuevos relatos, un prólogo del investigador del Conicet Darío G. Barriera y una selección de catorce fotografías que sitúan la narración -le dan volumen- en un paisaje que inmediatamente se verá poblado: “«Malvinas» es una guerra, una marca de fuego en nuestra memoria. Eso es así. Pero las islas son mucho más que el archipiélago usurpado” señala Lorenz en la presentación. En ellas se imprimen también la cultura y la sensibilidad de un pueblo. Los múltiples viajes del autor ocurren al interior de la palabra pero también viaja a las islas, viaja a la memoria de aquellos cuerpos fantasma -muertos o vivos-.

Lorenz define sus textos como “un viaje dentro de un viaje. Son las imágenes que despertaron en mi memoria mis recorridos por las islas”. Según cuenta, algunos los escribió en 2007 rodeado por los cielos de Malvinas, otros a su regreso. Sin embargo, la tierra que se pisa no define para el autor el lugar en el que se está, más bien instala un interrogante: “¿De verdad es la primera vez que me encuentro con esos cerros? ¿Por qué brotan sus nombres de mi boca: Harriet, Two Sisters, Sapper Hill…?”.

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Allí está el viaje: en la pregunta. Lorenz invita a sus lectores a dejarse transparentar, a perder el límite entre quien lee y los fantasmas, entre el espacio en el que se desarrolla la lectura y un territorio que aún hoy nuestros imaginarios llenan de muerte. “Malvinas, durante mucho tiempo, será la guerra, aunque esta ya haya terminado. Viajar al archipiélago, entonces, es también volver a aquellas luchas, aquellas angustias y decisiones vividas en pozos, en cuchetas y en cabinas. A las ausencias irremediables transmitidas por una lista desde una radio”. El retorno que propone el autor, sin embargo, se desenvuelve por caminos alternativos a los acostumbrados. Es una apuesta a habitar los lugares incómodos sobre los que la Historia escribe simplificaciones didácticas, revelar la carnadura humana de los fantasmas que emergen de experiencias violentas.

Revisitar Malvinas (“aún quien viaje por primera vez a Malvinas, estará volviendo”, dice) es, para Lorenz, un modo de posicionarse frente a quienes “ven en ello un peligro y en cada monumento a los caídos un homenaje a Videla”. La reflexión guía su escritura, traza en el espacio una cartografía que para los espectros -más que el tiempo- resulta fundamental. Inscribiéndose en una tradición literaria que invoca a los muertos, asegura: “La muerte y la Historia se llevan muy bien, pero acercarse al pasado puede ser otra cosa que un funeral. Puede ser la posibilidad de que un relámpago ilumine los ojos de los idos, convocados por una pregunta, que abra sus bocas cegadas por el barro o el agua. Nadie puede robarnos un lugar si lo vivimos de ese modo. Un lugar que no necesariamente es físico, sino más bien nuestro sitio en la historia”.

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El testimonio de un sobreviviente

Bruno Vasari (1911-2007), comprometido en la lucha partisana contra el fascismo, fue apresado en la calle por las SS alemanas en noviembre de 1944. Abandonó Mauthausen -uno de los primeros centros de concentración de prisioneros de la Alemania nazi, al que fue trasladado- el 5 de mayo de 1945. Tres meses después publicaba sus diarios en Milán, los mismos que hoy llegan a nuestras manos gracias a la traducción de María Gabriela Piemonti y con prólogo del narrador rosarino Federico Ferroggiaro. Allí, en la urgencia por depositar en el papel la memoria, reside la singularidad de su relato.

Vasari recorta sobre las palabras -con una precisión sorprendente- los bordes de lo que se puede contar: “Había momentos en que el espíritu tocaba altas cimas y hacía que el cuerpo fuera insensible al sufrimiento material. Cualquier que haya vivido momentos como estos ciertamente no se arrepentirá de haber estado en Mauthausen”. Nos enfrentamos así a un texto incómodo, denso, que siembra en sus lectores contemporáneos -más allá de su claro valor documental y de denuncia- profundos interrogantes en torno al miedo, a las posibilidades del lenguaje, a los límites de la esperanza, de lo humano, de lo que puede -o no puede- un cuerpo.

En el texto, son datos muy concretos los que construyen las imágenes del horror: fechas, pesos, distancias, porcentajes, cantidades. Descripciones justas, oraciones cortas: “(...) la libertad de expresión significa liberarse de la retórica” asegura Umberto Eco en El fascismo eterno. Vasari presenta un escenario como si capturara, tal como lo hizo el fotógrafo español Francisco Boix en las inmediaciones de los campos, las locaciones y dinámicas en que se desarrollaban las escenas más íntimas de aquella maquinaria de exterminio.

“Recordar es, en gran medida, imaginar, pero también acomodar el propio cuerpo y la propia historia a ese tiempo ido”, asegura el autor. Y si su trabajo de escritura implica proyectar su propio cuerpo sobre la historia -¿qué es el testimonio sino la necesidad de volver real la intensidad de un tiempo vivido?- y “racionalizar” el horror narrándolo, entonces será ejercicio de los lectores poblar de otros cuerpos la escritura casi fotográfica y documental de Vasari. No para incurrir en sentimentalismos ni para refugiarse en la comodidad de una mirada compasiva sino para desentrañar el (sin)sentido que movía los engranajes de una perversa estructura imaginada y traccionada por una fuerza humana: “La limpieza del galpón, asignada a los Stubendienst, parecía dirigida por un demente y tal vez estaba loco nuestro jefe de bloque. El piso, brillante como un espejo, se lustraba 3-4 veces al día”. Ese ascetismo que se traslada a las palabras nos obliga a preguntarnos: ¿quiénes se habrán reconocido a sí mismos en aquella superficie? ¿Quiénes se habrán mirado?

Lo que insiste y se enclava como espacio común en las tres obras -cada una con sus respectivos textos satélite- es la memoria. En El discurso del “Indio” aparece, en primer lugar, como operación poética y, en simultáneo, como rasgo ineludible de la traducción -que no solo visita y se pone en diálogo con otras lenguas sino también con la historia de sus hablantes, con su pasado-. En Fantasmas de Malvinas se acentúa el gesto de hacer memoria en oposición a “repetir de memoria”, se desarrolla esa tensión. En Diario de Mauthausen, finalmente, se percibe una necesidad: dejar asentado -en un gesto urgente- el recuerdo para salvarlo. En todos los casos, la capacidad del lenguaje se evidencia como el territorio de disputas más humano.

El exquisito trabajo de UNR Editora se manifiesta no solo en la selección de las obras sino también en la producción de los textos que las acompañan: ensayos, comentarios, prólogos y presentaciones. La invitación es, sin duda alguna, a correr los límites de la literatura para llevarla -y con ella a sus lectores- hacia los bordes de la reflexión y el placer estético.

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