“Mi primer acto de travestismo fue a través de la escritura” afirma Camila Sosa Villada en El viaje inútil (Documenta/Escénica), su primer libro, publicado en 2018. A partir de allí, en la vida será muchas y en la palabra será otras tantas. Nacida el 28 de enero de 1982 en La Falda, estudió teatro y comunicación social en la Universidad Nacional de Córdoba. Protagonizó diversas obras, entre las cuales destacan Carnes Tolendas –retrato escénico de una travesti-, escrita por ella misma y dirigida por María Palacios, y Vienen por mí, de la autora chilena Claudia Rodríguez, que se encontraba en cartel antes que el aislamiento cerrara las salas.
Hace varios años escribió poemas, los publicó en un blog y en un acto de rabia contra su escritura los eliminó. Afortunadamente, un fanático curioso se había encargado de guardarlos. Es así como este año llegó a nuestras manos, a través de Tusquets, La novia de Sandro. Allí salta sobre los lectores su desobediente voz poética: “Soy miserable, marginal, desubicada, nunca sé cómo sonreír, cómo pararme, cómo aparentar, soy un hueco sin fondo donde desaparece la esperanza y la poesía, soy un paso al borde del precipicio y el espíritu me pende de un hilo. Cuando llego a un lugar, todos se retiran, y como buena negra que soy, me arrimo al fuego y relumbro, con un fulgor inusitado, como una trampa, como si el mismo mal se depositara en mis destellos”.
Camila también habitó la noche y como testimonio de esa experiencia escribió Las malas, su primera novela publicada en 2019 y ganadora, en 2020, del prestigioso premio Sor Juana Inés de la Cruz, en México. El galardón, que desde 1993 reconoce alguna obra ya publicada de autoras en español en América Latina y el Caribe, la sorprendió tanto que le costó reaccionar. Estaba distraída y en su casa cuando la llamaron de la Feria del Libro de Guadalajara para pedirle que se conectara con urgencia por Zoom porque el jurado, reunido en ese mismo momento, quería hablar con ella. El texto, que ya circula por muchos países de habla hispana y fue traducido al alemán, al francés, al italiano y al croata, no para de traerle alegrías y de producir resonancias. Hasta será adaptado como serie por Armando Bo, ganador del Oscar por Birdman.
Las travestis del parque Sarmiento son las protagonistas de esa historia, de esa especie de manifiesto lemebeliano. Seres de carne y hueso que odian y aman, que son madres, trabajadoras, estudiantes, pájaras. Porque Sosa Villada echa luz sobre las imágenes del dolor no solo para que se vuelvan visibles sino también para volver a inventarlas. Y crea así una mitología travesti, un bestiario propio, una genealogía que hasta ahora la propia literatura les negaba. Ella misma, rebelde, no domesticada, funda con su escritura una nueva verdad literaria: la voz de los cuerpos callados que ya no se callan. Con su primera novela, Camila suma otro nombre, tan incómodo para muchos, tan necesario para el mundo, al grupo de mujeres argentinas destacadas por el Sor Juana: Sylvia Iparraguirre, Ana Gloria Moya, Tununa Mercado, Claudia Piñeiro, Inés Fernández Moreno, Perla Suárez, María Gainza.
Descendiente de la sensibilidad rabiosa de Frida Kahlo y Chavela Vargas, hermana de escritura de Sharon Olds y Marguerite Duras, Camila Sosa Villada pasó por el ensayo, la poesía y la narrativa con sus cuatro obras publicadas. Y en todas pone a disposición de la escritura la propia experiencia, la vida entera, lo que hizo y lo que vio, eso para lo que difícilmente se encuentran palabras: “Si alguien quisiera hacer una lectura de nuestra patria, de esta patria por la que hemos jurado morir en cada himno cantado en los patios de la escuela, esta patria que se ha llevado vidas de jóvenes en sus guerras, esta patria que ha enterrado gente en campos de concentración, si alguien quisiera hacer un registro exacto de esa mierda, entonces debería ver el cuerpo de la Tía Encarna. Eso somos como país también, el daño sin tregua al cuerpo de las travestis. La huella dejada en determinados cuerpos, de manera injusta, azarosa y evitable, esa huella de odio”, dispara en Las malas.
En su historia literaria, el primer gran empujón se lo dio Juan Forn, que la conoció por su conferencia TEDx, “Profunda humanidad”. En el prólogo a la novela, el escritor señala que en el final de aquella charla “Camila decía que había aceptado darla por una sola razón: la necesidad de pedir disculpas a aquella hermandad de travestis. Porque nunca las buscó, y no las vio nunca más cuando dejó la prostitución, años después, cuando volvió a leer aquel blog que creía borrado para siempre, ya era tarde para encontrarlas.” Pero la autora las encuentra en la literatura, vuelve presentes sus cuerpos en Las malas, y logra reunirlas a todas para interpelarnos e interpelarlas: “¿Pensaron alguna vez que la poesía podía tener una forma tan concreta?”.
Sosa Villada cuenta que abandona sus libros una vez que los pone a rodar, que escribe para ella misma y que cada vez se siente más desapegada. Pero lo cierto es que los libros insisten y multiplican los panes y las alegrías. Para quienes la hemos leído desde el comienzo, no es ninguna sorpresa el premio Sor Juana Inés de la Cruz y esperamos más. Que se multiplique su literatura, que llegue, que abra, que se expanda.
Cargada de crudeza y lirismo, la voz de la autora inevitablemente se destaca. Es imposible no sucumbir ante sus encantos, ante ese modo de decir que es como un anzuelo tirado sobre nuestras ignorancias. Sosa Villada domina con maestría el lenguaje porque escribe con el cuerpo más que con la idea y porque nos deja entrar en su literatura como lectores que después van a salir a la vida y van a poder ver con sus propios ojos eso sobre lo que nos habla. Si no transformados, de sus obras volvemos distintos, menos indiferentes. Y quién nos dice podamos construir, con esa enorme herramienta que nos brinda, una existencia más humana. “Es la única manera”, asegura Camila en su libro de poemas, “escribir y hacer justicia”.