Cultura y Libros

La cuestión de las clases medias

Si se quiere pensar las dimensiones subjetivas de los procesos políticos y las dificultades para construir una capacidad hegemónica sustentable en el tiempo, resulta clave la cuestión de las clases medias.

Domingo 10 de Marzo de 2019

Si se quiere pensar las dimensiones subjetivas de los procesos políticos y las dificultades para construir una capacidad hegemónica sustentable en el tiempo, resulta clave la cuestión de las clases medias. En los noventa en la Argentina, durante el auge neoliberal, fue cada vez más frecuente escuchar que la clase media estaba "en proceso de desaparición". Esto se relacionaba con la creciente polarización social que separaba a ricos y pobres. En cambio, durante el kirchnerismo, así como sucedió en otros países sudamericanos, las clases medias se expandieron. En general, las políticas neoliberales tienden a erosionar y debilitar a los deciles intermedios de la población, mientras las políticas redistributivas generan un piso más alto para los deciles más bajos y amplían las clases medias.

Ahora bien, hay que distinguir entre las concepciones sociológicas objetivas de las clases medias por tipo de empleo, nivel educativo o niveles de ingresos, por un lado, y las autopercepciones de clase, por el otro. Estas últimas refieren a las percepciones subjetivas que las personas o grupos pueden tener respecto de su propia posición o pertenencia de clase. Mientras en los análisis sociológicos objetivistas cada persona o familia es parte de una clase o estrato, en las visiones subjetivas hay dos diferencias cruciales. Primero, las personas utilizan otros elementos para considerarse a sí mismas dentro de una clase: tener o no un trabajo, la calidad del empleo, de la vivienda, si se es propietario o no, la asistencia de sus hijos a la universidad, la posibilidad de irse de vacaciones, aunque sean modestas. Segundo, para el objetivismo cada persona sólo puede pertenecer a una clase. Pero si uno observa cómo se autoperciben los trabajadores asalariados notará que muchos de ellos consideran que pueden pertenecer a dos clases simultáneamente. Mientras "clase alta" y "clase baja" para las personas siempre son términos mutuamente excluyentes, "trabajadores" y "clases medias" no lo son. No en todas las sociedades, no para todos sus miembros. Ya en el surgimiento de los "trabajadores de cuello blanco" la sociología había percibido esa distinción o diferenciación. Pero cuando encontramos trabajadores de "cuello azul" con niveles salariales relevantes al interior de los asalariados (como existen hoy), son muy riesgosos los análisis que observan sólo indicadores objetivos para analizar los procesos políticos.

Según la visión más tradicional (todavía con peso político), sólo los profesionales, pequeños comerciantes y agricultores son clases medias. Quizá también los trabajadores de cuello blanco. Los datos de la Cepal acerca del sentimiento de pertenencia a la clase media baja y a la clase media en América Latina muestran el abismo entre esa concepción y los modos en que las personas perciben su posición de clase. Según las mediciones de Latinobarómetro en dieciocho países de la región, en 2011 el 26 por ciento se consideraba de "clase baja", 31 por ciento de "clase media baja" y el 38 por ciento de "clase media". Si se observa el cuadro de la Cepal, con los recaudos metodológicos necesarios, se entenderá que es imposible construir una estrategia política adecuada sin tener en cuenta estos sentimientos de pertenencia de la población. Y menos aún en la Argentina, donde esta autopercepción como parte de las clases medias está más extendida, aunque ya sin los contrastes tan fuertes en el imaginario nacional que tenía el país con el resto de América Latina.

Según esa misma investigación, quienes se consideran parte de las clases medias y clases medias bajas tienen una inserción laboral heterogénea. En el caso argentino, el 24 por ciento son trabajadores por cuenta propia, el 14 por ciento realiza trabajo doméstico no remunerado, el 34 por ciento son asalariados y el 28 por ciento tiene otra situación laboral. Si el 86 por ciento de los encuestados en Argentina se autopercibe como parte de las clases medias o clase media baja, de ese total un tercio son asalariados, y un cuarto, trabajadores por cuenta propia. Es evidente que las clasificaciones objetivistas y las autopercepciones de clase son dos mundos inconmensurables.

Muchas fuerzas políticas no han tomado nota de este cambio cultural en el lenguaje coloquial. Puede haber personas que al acceder a trabajos fijos, comprar una vivienda, adquirir una moto o enviar a sus hijos a la universidad, ya no se consideren parte del nivel social más bajo. Por lo tanto, no se definen como "clase baja", sino "clase media baja". Esto incluye a gran parte de los trabajadores sindicalizados. Y según el tipo de trabajo o de otros factores, o simplemente en otros contextos, el término "baja" puede evaporarse y algunos trabajadores se consideran parte de la clase media a secas.

Para entender las consecuencias políticas de estas clasificaciones, es necesario distinguir a las personas que tradicionalmente se reconocieron parte de las clases medias de aquellas otras que sólo empezaron a utilizar estas definiciones a partir de cambios ocurridos en el siglo XXI.

A.G.

ensayo

¿Qué es el peronismo?

Alejandro Grimson

Siglo XXI, 336 páginas, $ 540

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});