Cultura y Libros

Cuentos como pequeños manifiestos cotidianos

En Causas perdidas, su primer libro, Diego Segura pinta con mano firme escenarios minimalistas en el marco urbano rosarino, con el tedio, el amor o la amistad como base de las historias. Lejos de lo convencional, estos breves textos se anclan con fuerza en la vida de todos los días.

Domingo 17 de Junio de 2018

En Causas perdidas, su primer libro, Diego Segura pinta con mano firme escenarios minimalistas en el marco urbano rosarino, con el tedio, el amor o la amistad como base de las historias. Lejos de lo convencional, estos breves textos se anclan con fuerza en la vida de todos los días

El Negro Fontanarrosa solía decir que en Rosario no había mucho por hacer, y entonces no le quedaba otra que pasar sus tardes leyendo ―o escribiendo― como última opción. En Causas perdidas (Editorial Reloj de Arena, 2018) los dieciséis cuentos son la excusa perfecta para que su autor, Diego Segura (1976) juegue con sus personajes, situándolos en distintos sets minimalistas: ya sea sentados en la mesa de un bar, a la orilla de un río o en el balcón de un departamento, y pasen el tiempo dialogando, armando manifiestos sobre todo, o mirando llover, de forma que la existencia no sea tan anodina.

La ingeniosa tapa del libro dice mucho, ya que ancla a la imaginación en una fotografía de un vaso de chopp con abundante espuma, cuyo título, de sugestivas letras negras anuncia "Causas perdidas", lo cual funciona como un potente atractivo visual. Porque a la cerveza no hay estación climática que se le niegue, y en algún lado se cuela la esperanza de saber que habrá historias de bar, amistad y desamor. El mundo de Segura está habitado por personajes que son cultos y existencialistas, que leen a Bertolt Brecht o a Louis-Ferdinand Céline, ven (y esles gusta el cine italiano, escuchan a John Lennon y a Leonard Cohen. Lo interesante es cuando quedan eclipsados por el sistema, porque ahí empiezan a tejerse las historias. En el cuento Barrio Inglés un trámite en el Ministerio de Educación es una lucha perdida de antemano. En El departamento era un recoveco la lucha es contra el Pami, el mismísimo infierno sobre la tierra. Y en Familia tipo, el retador es la EPE, la empresa energética que te da o quita la luz. Así de simple.

Si bien hay varios cuentos existencialistas y grises, como si fuesen el fragmento de una letra del disco Viva Hate de Morrissey ("Todos los días son como los domingos, grises y silenciosos"), en el mundo de Segura también hay lugar para la amistad y el amor. Elmer y López ―ambos personajes se repiten a lo largo de los cuentos― reafirman su amistad en cada escenario, combatiendo a la soledad con un arma letal, sus historias. El otro elemento emancipador es el amor. En varios relatos, la esperanza está puesta en que la chica le dé bola al silencioso y gris Elmer o a López, o ambos. Porque la conquista de una mujer nunca es una causa perdida.

Diego Segura se inserta en la escena literaria rosarina con Causas perdidas ―su primer libro de cuentos― desde una narrativa coloquial y realista, donde el pulso de cada cuento radica en el discurso, en una voz, pero nunca desde una etiqueta o un estereotipo. Deforma y desarma para reorganizar las palabras, los conceptos. En sus cuentos, aparecen los lugares comunes del rosarino: un bar o la costa del Paraná, que al mismo tiempo se corren hacia otra parte. Pareciera ser que, al igual que sus personajes, Segura de todo debe hacer un manifiesto.

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