Luego de los inconvenientes de la pandemia, el libro publicado por UNR Editora ya fue distribuido en las librerías / Diario La Capital / Celina Mutti Lovera.
Fue "fascinante ver todo lo que nos precedió y dilucidamos por qué hay un público rosarino". Tello explica: "Los mitos siempre tienen una base real. Una frase dice: 'Estrená en Rosario porque si el público rosarino te acepta, es porque el trabajo es bueno'. Y eso no es un mito, la frase es mítica", porque el de Rosario "es un público formado desde años", desde antes del siglo XX.
Tello fue asistida por un "equipo de alumnos interesados que me ayudaron muchísimo" en las búsquedas realizadas en diarios de época, aunque gran parte del material salió de su propio y magnífico archivo.
Una niñez artística
Clide Tello nació en Ceres, en el centro oeste de la provincia de Santa Fe, un 4 de abril de 1937 en la familia de doña Ida y don Segundo. “Más a esta altura de mi vida, vuelvo a mi niñez con mucha alegría”, adelanta y habla de la única niña de una numerosa familia muy “estimulada” para jugar, bailar, divertirse e ir al cine-teatro donde “a mi papá y a un tío mío les gustaban mucho las películas de aventura y de acción; y a mi mamá todo lo que sea Hollywood”. Allí mismo hizo su “debut” sobre las tablas, en la velada artística anual organizada por la Sagrada Familia, la escuela donde cursó la primaria.
“Eran unas monjas españolas muy divertidas. Bailábamos mucho música popular española. Hacían una obra de teatro todos los años y yo era la primera actriz. Lo único que no consiguieron es que cantara, ni el Himno Nacional”. Y aclara: “Recitaba, tenía mucha memoria, entonces me aprendía unos choclazos de letra que no sabía lo que estaba diciendo”. Fueron seis años de disfrute que se terminaron en un santiamén.
Tello recuerda a una familia muy divertida y una escuela primaria donde hizo sus primeros pasos sobre un escenario / Diario La Capital / Celina Mutti Lovera.
“En la escuela secundaria se terminaron la fiesta, la alegría, los escenarios”, propina en relación al Colegio Nuestra Señora de la Misericordia de Rafaela donde haría sus estudios de magisterio. Era, se lamenta, “otro colegio de monjas, fui pupila. Éstas eran monjas italianas malas, rígidas. Lo único divertido era la amistad con la gente, con los chicos del pueblo”.
En 1956 llegó a Rosario para inscribirse en la Facultad de Filosofía y Letras de la, en ese momento, Universidad Nacional del Litoral. En la carrera de Letras. Fue a parar a un pensionado donde estuvo un año. De todos modos, despeja: “Nunca tuve fe”. La experiencia pasó “sin influirme, porque en mi familia nadie era religioso, nadie iba a misa”. Y remata: “Ya no estaba en una edad de aguantar la presión de las monjas. Ahí empezó mi libertad”.
Teatro a la vista
Con un teatro independiente en pleno florecimiento, estudiantes de varias facultades formaron un grupo, Clide incluida, que ensayaba en la Facultad de Filosofía y Letras. Pero el futuro estaba sólo cruzando la calle Entre Ríos. En el salón de actos del Centre Catalá funcionaba el grupo El Faro que hacía “un teatro social, político, un teatro del realismo. Por primera vez veía teatro y del bueno. Me apasioné y así empezó mi interés como espectadora. Ahí descubrí que yo veía teatro, y me empezó a dar ganas también de actuar”.
El grupo de teatro La Ribera desembarca en Firmat con su obra "Una viuda difícil" de Conrado Nalé Roxlo en 1961 / Gentileza: Clide Tello.
En el grupo El Faro revistaba el actor José Pepe Costa, quien se convertiría desde 1957 en su pareja hasta 1991. Junto a otros compañeros fundaron el grupo La Ribera, se afincaron en una sala de Corrientes al 1300, y convidaron a Jorge Chiquito Garramuño para que los dirigiera. El teatro quedó luego en impasse por el casamiento, la llegada de dos hijas, Amalia y Paula, y un viaje a Europa de seis meses. Clide se recibe en abril de 1964, comienza a trabajar como docente y se instala con su familia en pasaje Santa Cruz al 300, en barrio Martin.
En 1972 nace el grupo Teatrika, junto a Mimí Ansaldi, Carlos Caruso y Alfredo Anémola, y acuerdo mediante, se instala en la sala Amigos del Arte de calle 3 de Febrero, casona recientemente demolida. La puesta de Teatrika de "Babilonia" de Armando Discépolo en 1975 será una de las más recordadas del teatro rosarino, con paso en 1977 por el Teatro Nacional Cervantes de la porteña calle Córdoba.
Escenarios y escuelas
En 1979 Costa y Tello fundan el Centro Rosarino de Investigación Teatral (Crit) con base en una casona de la calle 9 de Julio al 700, que permanecerá abierto hasta 1986. "Para mí fue la gloria, porque tenía escenario, escuela y alumnos. Yo daba las clases de Análisis de texto y Creación de guiones. Fomentábamos la improvisación, luego quedaba un guion y era llevado al escenario. Pepe lo dirigía". Junto a Costa, Tello es la creadora del tradicional Ciclo Didáctico de Teatro del Centro Cultural Bernardino Rivadavia, hoy Roberto Fontanarrosa.
En 1983, con el regreso de la democracia, la Dirección Nacional de Enseñanza Artística le encarga a Costa la reorganización de la Escuela de Títeres de Rosario, institución que, cuando pase a la órbita provincial, se llamará Escuela de Teatro y Títeres con sede en calle Viamonte al 1900. Tello lo secunda y es nombrada en la asignatura Teoría Teatral así como en las de Teatro y Literatura Dramática II, III y IV, que mantendrá de 1986 a 2005, hasta su jubilación.
Tello advierte sobre la importancia de tener esa y otra escuela de teatro, la Ambrosio Morante, en Rosario ya que desde ese momento hay "gente dedicada al teatro egresada de escuelas". También rescató los aportes rosarinos a la Ley de Teatro.
Espectación e historia
"Como se acostumbraba en el teatro independiente", Tello había "hecho de todo" como barrer el escenario, atender la boletería y actuar, pero reconoce un punto de inflexión en su biografía: "Como me gustaba ver teatro, me interesó el entorno, sobre los teatros, los grupos. Empecé a investigar y sobre fines de los 80 empecé a ir a Buenos Aires a tomar cursos de teatro; no de actuación sino de la historia del teatro".
La escritora se preguntó por la declarada y no tan definida independencia del teatro rosarino / Diario La Capital / Celina Mutti Lovera.
Comienza a viajar, con dinero de su bolsillo, para participar del Grupo de Estudio de Teatro Argentino y Latinoamericano (Getea), que dependía de la Universidad de Buenos Aires y dirigía Osvaldo Pellettieri. Allí, entre 1998 y 2007, el Seminario permanente sobre metodología para la periodización del teatro argentino le enseñó el uso de algunas herramientas que serían fundamentales para la posterior historización rosarina. Tello es autora del capítulo sobre Rosario (1940-1959) en el volumen II de la colección Historia del teatro en las provincias, publicado en 2007 y que dirigiera Pellettieri.
Para la Semana de la Bandera de 2006, Tello participó de "Visita guiada a la vida de Manuel Belgrano" en los alrededores del Monumento / Gentileza: Clide Tello.
Por concurso, es designada miembro del jurado de calificación de proyectos de la Región Litoral, durante el período 2007-2009, del Instituto Nacional del Teatro, trabajo que en realidad Tello ya había realizado desde 1996 para la Municipalidad de Rosario y seguirá realizando hasta 2012 en esta ciudad y otras de diferentes provincias: "Ahora me doy cuenta que es lo que más me gustó hacer de todo lo que hice", se sorprende a sí misma.
Teatro ¿independiente?
Se reconoce como parte de una generación influenciada por los años 60, aquella con "responsabilidad, absoluta entrega, desinteresada, al trabajo" por la que a veces se cobraba y a veces no, parte integrante de los primeros teatros independientes de Rosario.
—¿Qué características tiene el teatro independiente rosarino?
—Ahí está la teoría de (el escritor francés) Romain Rolland, por la cual el teatro tiene que ser independiente, primero y principal, del Estado, de lo económico, de lo comercial. Esos postulados de base se dan en Buenos Aires en el Teatro del Pueblo de Leónidas Barletta en la década del 30 (del siglo XX). Muchos de los estatutos que postula Barletta son los que vamos a tomar nosotros, los primeros teatros independientes en los 60. También viene a Rosario (el dramaturgo) Alberto Rodríguez Muñoz con esa ideología. Eso lleva a otra escena: a hacer un teatro de experimentación.
—¿Sigue siendo hoy independiente?
—Me gustaría en este momento hablar con la gente de los teatros independientes a ver cómo lo ven ellos. Esto de ¿por qué se siguen llamando independientes? Estamos muy lejos de los principios de los años 30. Porque se aceptan los subsidios del Estado por medio del Instituto Nacional del Teatro y porque después de los 60 ya se habla de profesionalismo, no solamente por el producto estético ofrecido sino porque se cobraba, había que cobrar. Es decir, "tenemos que ganar porque sino no podemos mantener este lugar y no podemos pagarles a los actores". Hay un cambio en esa especie de utopía que vivió el teatro independiente durante muchos años, donde el teatro era visto algo así como una obligación interna, como un altruismo, aunque esa no es la palabra, nos sentíamos haciendo un bien a la Humanidad.
—¿Cuál es el futuro del teatro independiente?
—Aspiro a que haya buenos dramaturgos y buenos gestores empresariales. No lo sabíamos nosotros y no lo saben ellos (por las nuevas generaciones) tampoco. Ahí se va al diablo la vieja utopía de que podemos vivir de las ideas, de las intenciones y no de la plata.
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Clide Tello en su último paso por las tablas como actriz invitada de "Enter Dylan" de Rody Bertol en agosto de 2016 / Facebook.com/enterdylan
Clide Tello escribió también el estudio crítico a la obra del maestro teatrero santafesino Rafael Bruza “Rotos de amor” (Colihue, 2008), otros para el teatro La Morada y el epílogo de un texto sobre el director teatral Cacho Palma. En 2016 fue una de las actrices invitadas por el director Rody Bertol de su obra coral "Enter Dylan", en 2017 necesitó cuidados médicos y luego se dedicó a editar "Historia del teatro en Rosario 1900-1959".