..

"Con la droga, los adolescentes tienen que aprender a rechazar, a decir que no"

Lo dijeron los padres de Francisco, el adolescente que falleció luego de consumir un potente alucinógeno.

Domingo 20 de Diciembre de 2015

"Lo que puedo decirles a los chicos es que no todos son amigos, pero más que nada, que tienen que aprender a decir que no". La que habla es Yanina, la madre de Francisco Quintana, el chico muerto tras sufrir una descompensación, en principio producto del efecto que le provocó un alucinógeno, presuntamente LSD. Un caso que conmocionó a Casilda y que instaló el tema del consumo y las adicciones a las drogas no sólo en los medios, sino también en las escuelas y en la misma sociedad. "Yo crié a Francisco para que fuera más que yo, para abrirle puertas, ahora no lo tengo más", dice Alejandro, el padre.

Francisco tenía 15 años, cursaba el tercer año de la Escuela de Enseñanza Media N 202 Manuel Leiva, de Casilda, y amaba la música. Había empezado a tocar el saxo, pasó a la batería y después a la guitarra y al bajo. Vivía con sus padres y sus hermanos de 12 y 9 años. Cuentan que era un chico tranquilo, pacífico, y obediente con los padres, y en la escuela lo recuerdan como un alumno regularmente bueno.

La noche del 28 de noviembre, el chico fue con un amigo a una plaza, donde se encontraron con un grupo de adolescentes. "Está para colarse un ácido", cuentan que dijo uno, que ya había consumido y les proponía la experiencia a los recién llegados. Francisco no tenía dinero. Hicieron una vaquita y juntaron, dicen, 150 pesos. Llamaron a un transa, que les llevó el "cartoncito" (una de las formas de consumo de LSD es con un secante empapado con la sustancia que se suministra vía sublingual). Cuentan que Francisco y su amigo "partieron el cartón" y cada uno probó una mitad.

Al rato, el chico se descompuso, empezó con vómitos y convulsiones. Los amigos se asustaron y, después de intentar subirlo a un remís que se negó a llevarlos, llamaron a la policía. Finalmente llegó una ambulancia que lo llevó al hospital. Quedó descartado que el chico haya sido golpeado o maltratado físicamente, ni por las fuerzas de seguridad ni por otros chicos.

Francisco llegó al Hospital San Carlos con una fuerte alteración psicomotriz, pero sobre todo con un cuadro de broncoaspiración muy severo. La tomografía que le practicaron dio que no tenía ninguna alteración neurológica ni traumatológica. Lo intubaron para quitarle los líquidos de los pulmones y lo sometieron a respiración asistida. Su cuadro evolucionaba favorablemente, y el sábado siguiente intentaron quitarle definitivamente el respirador. Pero esa misma noche, el chico sufrió un ACV hemorrágico que obligó a trasladarlo al Hospital de Emergencias Clemente Alvarez de Rosario, donde finalmente falleció el lunes 7 de diciembre. La causa clínica de la muerte fue hemorragia cerebral, compatible con el consumo de alguna sustancia, según la autopsia. Los padres aceptaron que fuera donante de órganos.

El miércoles 7, los restos de Francisco fueron despedidos por una multitud, y después hubo una marcha, e incluso se organizaron asambleas. Precisamente hoy, a las 19, habrá una nueva concentración (ver aparte).

Probablemente, la muerte de Francisco no haya sido consecuencia directa del consumo de LSD. Los médicos consideran extraño que un adolescente sufra una hemorragia cerebral una semana después de introducir media dosis de ese estupefaciente. Quizás haya tenido una patología de base. Hasta podría ser que lo que le suministraron no haya sido esa droga. Curiosamente, y aunque fue solicitado por el hospital, el servicio de Toxicología no incluyó el análisis específico en el estudio, que dio negativo para otras drogas de consumo más habitual. Pero lo cierto es que ambas cosas quedaron definitivamente asociadas, y hoy Casilda habla de eso.

Incluso, el mismo ministro de Seguridad de la provincia, Maximiliano Pullaro, se trasladó personalmente a la ciudad y habló con los padres, a quienes les pidió "disculpas de parte del Estado" (ver aparte).

En casa. Los Quintana viven en una casita de San Luis al 3000. La calle es de tierra y termina en un descampado. Viven en Casilda desde hace diez años. Primero llegó Alejandro para trabajar en el frigorífico. Después se le sumó Yanina con los tres chicos. Ella trabaja de empleada doméstica.

Alquilaban, hasta que a los cinco años lograron levantar la casa, con esfuerzo, ladrillo sobre ladrillo la fue levantando Alejandro. Allí vivieron estos años los Quintana: Alejandro, de 38 años, Yanina, de 36, y sus tres hijos de 15, 12 y 9 años (ésta última, una nena).

Allí, padre y madre recibieron a La Capital y mantuvieron una extensa charla llena de preguntas y de reflexiones. "Uno piensa que no le va a pasar, pero un día te encontrás con que te pasa. Yo vivía hablando del tema con Francisco, le mostraba, él se juntaba con chicos que no eran de acá", recuerda Alejandro, tratando de encontrar explicaciones.

"Acá se ven barritas, pero pensábamos él que no tenía mala junta. Y qué íbamos a pensar que una tarde, en la plaza, podían estar pasando estas cosas", cuenta la madre. Y recuerda que cuando Francisco cayó internado, fueron los chicos de la escuela. "Al segundo día llegaron otros nenes, muy chiquitos, tendrían unos 13 años. Ellos me contaron que vieron mal a nuestro nene, pero no lo que había pasado antes, porque supuestamente nunca vieron el momento en que le dieron la droga", recuerda Yanina.

Tras el episodio de la plaza, la internación y la muerte del chico, la madre empezó a recibir mensajes. Todos le daban la misma versión. Incluso, la llamó una madre y le dijo que el hijo había estado, y que estaba muy nervioso. "Me contó, pero tampoco sabía qué había tomado ni quién se lo había dado", cuenta. Incluso, comenzó a recibir muchas solicitudes de amistad por Facebook, sobre todo de adolescentes. "Creo que están muy nerviosos, que este tema los alteró mucho", piensa.

Yanina tiene mucha necesidad de narrar el calvario que significó la semana de internación. Cuenta que al tercer día intentaron quitarle el respirador pero que no resultó. Que llegó a verlo el sábado siguiente, y que el chico le preguntó si el papá estaba “malo” (enojado). Que el hijo estaba preocupado porque podía quedar libre en la escuela. Habló de cómo intentó tranquilizarlo, porque “eso se arreglaba”, y le decía que se quedara quieto, que los chicos lo estaban esperando y le habían preparado un video. Una catarata de sensaciones y de recuerdos envuelven a esta mujer.

“Casilda me dio y me sacó”. A su lado, Alejandro escucha. Tiene todo el aspecto de ser un tipo tranquilo, de poco hablar. Pero cuando lo hace, sus palabras son potentes. “Yo estaba criando a Francisco para que fuera alguien más que yo. Le decía que si terminaba en el frigorífico lo iba a sacar a carnazos. Vine a Casilda a abrirle puertas, y aquí se le cerró la más importante. Uno se pregunta en qué se equivocó, pero al fin y al cabo somos trabajadores y siempre quisimos inculcar lo mejor. Le poníamos límites. No lo teníamos abandonado”, reflexiona. Y deserraja: “A mí Casilda me dio todo, yo llegué aquí con un bolsito. Pero también me sacó lo más valioso”. Lo dice y se quiebra.

Los dos cuentan que los hermanitos del nene suelen tener de a ratos “la mirada ida”, aunque piensan que el hermano alguna vez va a volver. “Mi nena trajo los otros días y plato y un vaso de más. Los puso en la mesa y dijo: «Total, vamos a hacer como que Franco va a volver de la escuela y a comer con nosotros». Incluso, le han llegado a dejar comida.

Los padres entienden ahora que tanto su hijo como los amigos o aquellos a quienes frecuentaban “son todos víctimas de una misma situación”. El amigo de Francisco tiene 16 años. “Franco no está más, pero lo que necesito saber es la verdad.”, dice la mamá, e insiste: “Los chicos tienen que contar la verdad porque ellos también son víctimas”.

Ahora entienden que nadie está a salvo. “Yo era una madre que estaba en todo, Francisco era un nene de mamá. Lo de Franci fue una travesura que terminó de la manera más terrible. Por eso, a los chicos les digo que no todos son amigos, y que tienen que aprender a decir que no”, dice Yanina. deja También un mensaje para los padres: “Acompañen en las marchas, que ya no son por mi hijo, son para concientizar a toda la sociedad, para que no haya más franciscos. Todos los chicos que estuvieron esa noche necesitan ayuda”. Y a las autoridades: “Que se investigue quién trae la droga a Casilda”. Ni más ni menos.

Producción: Marcelo Castaños y Gustavo Orellano

Nueva marcha por la ciudad

Los habitantes de Casilda realizarán hoy una nueva concentración contra la droga y el narcotráfico, y en memoria de Francisco Quintana, el chico muerto el 7 de diciembre tras una agonía, presuntamente después de haber ingerido un estupefaciente. La convocatoria es a las 19 en la esquina de Buenos Aires y 25 de Mayo. Se estima que los convocados marcharán por las calles del centro de la ciudad.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS