La preocupante situación militar entre Rusia y Ucrania, hizo aparecer el fantasma de una guerra nuclear cuyas consecuencias serían catastróficas. Por ello muchas personas desempolvaron viejos y elementales conocimientos de física estudiados en la escuela industrial, tratando de comprender la diferencia entre una bomba atómica y una bomba nuclear. Es así que de libros y carpetas resurgieron: la forma de ordenar los elementos químicos. Además, volvieron a la memoria algunos conceptos fundamentales como fisión y fusión; explicados por dos palabras casi iguales que sólo son distintas por una letra, pero que indican una acción claramente diferenciada. La fisión divide y la fusión une. En una bomba atómica como la que fue lanzada sobre Hiroshima, la fisión fue la protagonista de un complejo proceso con el elemento uranio 235, que finalizó el 6 de agosto de 1945 cuando el piloto del bombardero Boeing B-29 “Enola gay”, la hizo detonar a 600 metros de altura sobre la ciudad provocando la muerte de 140 mil personas. Unos días después fue detonada otra bomba llamada “Fat man” a una altura de 550 metros sobre Nagasaki. La cantidad de fallecidos fue de 40 mil personas; ese número de víctimas resultó menor que en Hiroshima dada la topografía de Nagasaki. Esta vez, el elemento usado en la bomba fue el plutonio. En cambio la bomba nuclear o de hidrógeno también denominada termonuclear, emplea la fusión para unir el núcleo de cada dos átomos; pero para ello necesita previamente de una reacción atómica de fisión, que libere un inmenso calor capaz de provocar dicha unión y con ella la consecuente explosión; que puede ser mil veces mayor que la de una bomba atómica. Dado que una guerra con estas devastadoras armas convertiría la vida en la tierra en una pesadilla, es de esperar que los dirigentes de los países más poderosos, tengan la imprescindible lucidez que les permita no generar una apocalíptica contienda nuclear.



























