En la edición del miércoles 29 de septiembre pasado La Capital publicó declaraciones del ex presidente Mauricio Macri, calificando a Javier Milei de “anarquista extremo”. Nada más lejos de la realidad. El anarquismo es una ideología de raigambre socialista antiautoritaria surgida a fines del siglo XVIII que se caracteriza por su perspectiva anticapitalista, el apoyo mutuo como fundamento de las relaciones sociales, el antiestatismo y la defensa y exaltación de la libertad individual y la solidaridad social. Ahora bien, las propuestas de Milei son absolutamente contrapuestas a las del anarquismo en cualquiera de sus tendencias. Milei reivindica la propiedad privada, la vigencia del libre mercado, hace del individualismo cerril y el egoísmo meritocrático su bandera. Además, se presenta a elecciones, cosa que también se contrapone con el anarquismo y las prácticas asamblearias de los anarquistas. Los mal llamados “libertarios” se nutren de militantes activos del negacionismo del terrorismo de Estado de la dictadura cívico-militar-eclesial instaurada por el golpe del 24 de marzo de 1976. Es fundamental clarificar los términos que se utilizan en la acción política. En 1984 Julio Cortázar escribió un artículo titulado “Las palabras violadas”, trataba en el mismo sobre la tergiversación del lenguaje como coartada que justificaba la violación sistemática de los derechos humanos y sociales, la coartada ideológica de la dignidad humana. La exaltación del capitalismo es la negación de cualquier posibilidad de emancipación integral de las personas. La confusión sembrada por los personeros intelectuales del capital financiero no es inocente sino que esconde fines inconfesables. Hacia la libertad solamente se llega con más libertad, nunca con la dominación encubierta con ropajes retóricos y argumentos falaces.




























