Han sido develadas cuestiones de la vida en común que, por común, pasan desapercibidas. Hechos paradojales, el reclamo generalizado del cierre de escuelas y, desde el mismo ámbito social, los chicos son autorizados para circular por los shoppings. El acento estuvo en el "ahora los chicos en casa", como una carga con la que no se sabía bien qué hacer, una idea de infancia como "fardo", mientras que en los enunciados, se sigue hablando de los derechos del niño y adolescente. Se abrieron sí los comedores escolares, pero las indicaciones al pasar por "comida fría" no midieron el valor energético que estaba en juego. La tarea, sorprendente en su respuesta, operó en el mantenimiento de una relación pedagógica. Pero no se puede caer en la ilusión de creer que todo el sistema educativo comenzó a funcionar con clases virtuales, con correcciones y comunicaciones permanentes, que no se perdieron oportunidades de aprendizaje. Desnudaron una vez más las profundas diferencias sociales y las diferencias de escuelas. ¿No sería necesario reflexionar acerca de la responsabilidad adulta, la pedagogía escolar y las políticas públicas de protección a la infancia; para poder cumplir sin paradojas con nuestras tareas escolares y sociales?































