Que tienen en común Edgar Allan Poe, Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Vincent van Gogh y Antonin Artaud. Artistas torturados que nunca fueron reconocidos en su tiempo.

Un autorretrato de Vincent Van Gogh, uno de los artistas torturados mencionados en la carta.
Que tienen en común Edgar Allan Poe, Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Vincent van Gogh y Antonin Artaud. Artistas torturados que nunca fueron reconocidos en su tiempo.
Sus escritos, sus pinturas, que hoy representan ensayos, visiones, posibilidades superadoras, no fueron tenidas en cuenta cuando nacían de sus mentes tan oscuras como prodigiosas.
Desde los márgenes del pensamiento humano hacia el centro neurálgico del corazón de la mujer y el hombre, viajaban sus textos. Con una feroz crítica social. Con el desenlace trágico de sus vidas. Con la visión siempre inquietante de sus atormentadas intimidades. Sus presentaciones literarias y las pinturas, no resistían la menor posibilidad de aceptación. Solo en pequeños círculos privados.
Hoy, “El cuervo”, “Las flores del mal”, “Una temporada en el infierno”, “El teatro y su doble”, la pintura “Trigal con cuervos”, representan puntos hacia un infinito posible. Una manera de entender la suplica de la existencia.
El valor literario y estético rechazado en sus días en la tierra, hoy generan, además de visiones redentoras, la riqueza de los comerciantes de turno. Lo popular siempre carece de un sustento que lo ahuyente hacia los márgenes. Lo masivo, como ente abrasador de las sociedades capitalistas y consumistas, atesora en sus entrañas, lo comercial, por sobre la trasgresión que representan algunas obras.
Hay un fino balance entre acceder a la demanda popular y mantenerse en un círculo menor, pero preservado de las miserias e intereses. Cuando la obra accede a la masividad, creo, pierde su visión transgresora y sucumbe ante el consumo liviano y contagioso. Acaso no vemos remeras de “Ramones” por todos lados, lucidas en cuerpos, con mentes, que quizás, no saben de qué se trato aquella rebelde y resistida banda del Queens neoyorquino.
En fin, aquellas obras que perduran como eslabones para entender la existencia humana por sobre lo efímero de las modas, es lo que nos impulsara a beber toda la magia del universo.
Osvaldo Marrochi

