Papi, hace un mes que te fuiste. Hace un mes que extraño abrazarte, darte besos, calentarte las manos que siempre sentías frías. Extraño tus frases, tus respuestas ocurrentes, las verbales y las que hacías gesticulando con las manos.
Frente del Sanatorio Británico, en Paraguay y Jujuy.
Papi, hace un mes que te fuiste. Hace un mes que extraño abrazarte, darte besos, calentarte las manos que siempre sentías frías. Extraño tus frases, tus respuestas ocurrentes, las verbales y las que hacías gesticulando con las manos.
Tu ausencia hoy, aquí y ahora, se siente y mucho. Me consuela saber que estás en paz, ya sin dolores ni sufrimientos, junto a los abuelos.
Todo lo que te tocó transitar fue en un momento terrible y extraordinario de incertidumbre para todos. Internación domiciliaria desde el momento en que se declaraba la pandemia y aislamiento.
Martes y sábados al sanatorio a dializarte, con frío, con calor, con viento, con lluvia, casi con asistencia perfecta, y esquivándole asombrosamente al Covid. Fuiste cuidado y mimado con mucho amor por nosotros, tu familia, y por una cantidad de personas a quienes quiero agradecer profundamente.
A todo el equipo de nefrología del Sanatorio Británico, médicos, técnicos, enfermeros, personal de limpieza y administración. A los médicos Martín Rodenas, M. Soledad Montesinos, Elda Mollo y Macarena Marti.
Gracias por la ternura y dedicación con la que siempre trataron a mi papá “Juancito” y por la paciencia que nos tuvieron cada vez que hacíamos preguntas. Gracias a todos por ser humanos. Gracias a sus compañeros de sala, que siempre lo recibían con un saludo. Gracias a los enfermeros Soledad y Saimom, que lo cuidaron desde el primer momento hasta los últimos días. A los choferes del transporte especial Sergio y Oscar por ser tan compañeros y empáticos.
A todos y cada uno de los familiares, amigos y compañeros de trabajo que sumaron su apoyo con oraciones durante estos dos años y siete meses en los cuales pasó de todo. Y gracias a Dios por el tiempo extra que nos diste para despedirnos, pudiendo compartir estos años junto a él, tanto las noches malas, largas y difíciles, como también los días más felices y los placenteros momentos al aire libre, al calor de los rayos del sol.
Analía Francolino
Por Gonzalo Santamaría

