Quiero manifestar mi molestia por la contestación que el doctor Oscar Blando ha dado en su carta de lectores a la declaración del presidente del Colegio de Abogados, acusándolo de temerario, de metido en política, inconsulto, vocero, antiético, imprudente, inoportuno, etcétera. No se entiende desde qué perspectiva puede a uno aflorarle tanta virulencia contra un abogado que, desde cualquier posición que tenga en la vida pública de la comunidad, ejerza la defensa del bien más preciado que posee el ser humano: la vida. ¿No es ese precisamente la mayor obligación o responsabilidad de los abogados: denunciar el atropello de los derechos? Y después de todo, no hay derecho humano alguno que no provenga de la vida misma, ¿o alguno procede de la muerte? Qué podrá esperarse de los ciudadanos comunes si los abogados no son quienes nos advierten sobre los intentos de los poderes públicos de menoscabar nuestros derechos, o los de los demás, que resulta ser tarde o temprano, lo mismo. Y qué acción más destacable puede ofrecerse a la ciudadanía que alguien cumpliendo su deber profesional lo haga en defensa de la criatura más indefensa que se pueda imaginar, como lo es un chiquito por nacer, a quien le queda toda la vida por vivir. Salvo que alguien lo mate. ¿Doctores, cuál es la escuela filosófica o jurídica que pueda sostener que no es correcto defender la vida del ser humano?




























