¿No sentís que en Copa Argentina les tiene que ir bien para sacarte la espina de 2014?

Gustavo De los Ríos / La Capital
Russo por delante y el equipo detrás suyo, en la premiación de 2014, que tuvo al canalla subcampeón.
¿No sentís que en Copa Argentina les tiene que ir bien para sacarte la espina de 2014?
No, en Central hay que buscar siempre algo más, pero en lo personal no siento nada especial. A esta altura de mi vida pasé por muchas cosas y no busco ninguna revancha.
La respuesta corresponde a Miguel Angel Russo en una entrevista con Ovación hace poco más de 10 días, tras el contundente 4-0 sobre Platense. Y contra esa apreciación hay poco que agregar, aunque resulte imposible no pensar que el entrenador de Central debe tener bien guardado en su memoria lo que fue aquel partido perdido por penales en San Juan frente a Huracán en una final que olía a ganada de antemano.
La de este año será la tercera Copa Argentina que Central encarará con Russo como técnico y por supuesto la que más se recuerda fue esa de 2014, en la que el canalla se quedó masticando bronca después de no haber podido coronarse campeón. Por eso el recuerdo viene solo y se torna complejo imaginar que para Russo el partido de esta tarde en San Nicolás frente a Central Norte de Salta es un acto más en esta película que hoy gozará de su primer capítulo.
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La primera participación se dio cuando Central transitaba los caminos de la segunda categoría del fútbol argentino; la segunda, en 2014, ya en primera división. Esa primera experiencia resultó una participación efímera, con una derrota en primera instancia nada menos que ante Central Córdoba, en el estadio Centenario, de Chaco. Claro, para el canalla su único y gran objetivo era lograr el ascenso, para lo que estaba bastante bien encaminado (marchaba puntero), aunque con un largo trayecto por delante.
Después llegó lo que fue un recorrido sólido y la primera de las tres finales en forma consecutiva. El periplo se inició, por los 16avos de final, en cancha de Instituto, con el triunfo por 3 a 1 (goles de Franco Niell, Jonás Aguirre y Sebastián Abreu) sobre Juventud Unida de San Luis. Un arranque convincente para tener un plato más sobre la mesa en ese primer semestre tras el retorno a primera.
En la misma cancha llegó el choque por octavos de final frente a Tigre, en el que a Central no le sobró demasiado, pero sí le alcanzó para imponerse por 1 a 0, con gol del uruguayo Abreu.
Llegó el turno de los cuartos de final y el rival ya fue de otra envergadura. Se trataba ni más ni menos que del River del Muñeco Gallardo, con el que igualó sin goles en los 90 minutos reglamentarios y al que derrotó 5-4 por la vía de los penales, en el Bicentenario de San Juan. Futbolísticamente no le dio para sellar el pasaporte a semifinales en los 90 minutos, pero pudo controlar al millonario y llevar todo a la instancia de los penales.
La cosa a esa altura ya tenía otro color porque había apenas 180 minutos que separaban a Central de un posible título. Y si las expectativas habían crecido por parte de los hinchas, qué decir después de lo que fue el viaje nuevamente a San Juan para enfrentar al Argentinos Juniors que tenía en sus filas a un tal Juan Román Riquelme. Fue el mejor partido del equipo de Russo en la competencia, en el que se despachó con un 5 a 0 inobjetable.
Una semana separaba esa semifinal con la final, también en San Juan, frente a Huracán, que por ese entonces militaba en la Primera B Nacional. Parecía “el” momento de Central para quebrar ese largo tiempo sin títulos, pero el destino le fue esquivo. Tras un aburrido 0 a 0, en el que Central mostró poco y nada llegó el turno de los penales, instancia en la que el sueño se desvaneció por completo.
Central tuvo todo para ganarlo tranquilo, pero llegaron los remates fallidos de Paulo Ferrari primero y de Mauricio Caranta después para darle vida al Globo. En el uno por uno acertó primero Javier Correa y en el segundo falló el Sapito Encina.
En lo que era el cuarto ciclo de Russo en Central, todo indicaba que el DT iba a darse el gusto de dar una vuelta olímpica con el canalla, pero no pudo ser. A los pocos días dejó de ser el entrenador, ya bajo una nueva conducción política, con Raúl Broglia (en la previa del partido comentó cómo iban a ser los festejos en el Gigante algunos días después) a la cabeza.
Russo no siente que deba vivir lo que se avecina como una revancha y no hay porqué no creerle, pero él más que nadie debe recordar que un momento de su vida en Central tuvo la posibilidad de alzar una copa y no pudo, en esta misma Copa Argentina que hoy vuelve a tener como desafío.




Por Lucas Ameriso