Bicentenario

El semillero de la Gurruchaga se encuentra para un festival de teatro

Desde hace 24 años el espacio es parte del plan de estudio de esta escuela. Una experiencia para pensar qué pasa con esta enseñanza. El festival se realizará el próximo 5 de septiembre.

Domingo 24 de Agosto de 2014

El teatro es fundacional de la identidad de la Gurruchaga desde sus inicios, hace 24 años. Son tantos los chicos que han dado sus primeros pasos en el Centro Cultural, que muchos se han convertido en actores profesionales y vuelven a la cuna a reencontrarse con amigos, profesores y la mística de la escuela, esa que los formó, los conmueve, los agrupa y distingue ante el resto. El retorno de los egresados ahora se da para el II Festival de Teatro del Semillero que se realizará en septiembre. En ese marco, presentarán la obra del elenco estable de la escuela el primer viernes de octubre. Una experiencia que invita a pensar sobre el valor de la enseñanza de teatro en las escuelas.

En la Gurru, formalmente denominada Escuela Técnica Nº 394, los chicos arrancan con talleres en la primaria y en la secundaria, desde el primero al último año, vivencian la disciplina de manera secuencial. Es una más, como si fuese matemática que tienen durante el ciclo completo. Una particularidad, ya que en ninguna secundaria se da teatro todos los años del nivel. Y ese recorrido es el que estampa la diferencia.

Elenco estable. Además de la materia curricular, existe el elenco estable que también es una marca registrada de esta escuela. Empezó siendo piloto en este terreno de los lenguajes artísticos y hoy tiene tres tecnicaturas que crecen, se afianzan y evolucionan junto a la vorágine del mundo, pero con su base en el afecto, el esfuerzo y la decisión de sostener la variedad de disciplinas. Esa opción ha dado muy buenos resultados: encuentra en los alumnos, entre los que sobresale la pertenencia a la institución, baja conflictividad y escasos episodios de violencia. No es poco. Además de arte, teatro, periodismo, cine, se dedica el mismo espacio de tiempo y pasión a la informática y la agroindustria, con huerta propia y laboratorios.

El elenco lo conforman 19 actores y actrices que tienen entre 16 y 18 años, pertenecen a cualquiera de las terminalidades de los últimos tres años. Se encuentran dos veces por semana, después de la doble escolaridad, bajo la dirección de Pablo Coppa, que es docente de la escuela casi desde siempre y coordinador del área artística. Fue a él a quien los ex alumnos recurrieron el año pasado para presentar en el Centro Cultural las obras que habían creado con sus grupos de teatro independiente. Así empezó está historia de reencuentro que en realidad nunca se cortó.

“Más allá de lo teatral en sí mismo, este festival termina siendo una continuación natural de esa experiencia pedagógica”, explica Coppa que trabaja en el área de teatro en todos los niveles junto a las docentes Estela Grisolía, Delfina Navarro y Julia Tarditti, las dos también ex alumnas.

Testimonios. Al momento de la nota, al menos la mitad del elenco estaba en Bariloche. En las mesas del patio, bajo los árboles, los chicos de 4º año contaron qué los atrapó del teatro y los llevó a engancharse en la adrenalina de organizar un festival, vivir las tensiones de un estreno, los detalles que no se pueden escapar en el debut. “Me gustó actuar desde siempre, tengo experiencia familiar: mi prima Malen Meazza lo hizo y mi hermano venía a esta escuela, veía las obras. Ahora estamos haciendo una adaptación de Las Brujas de Salem (viernes 3/10); además en 4º en la materia teatro estamos haciendo la obra Geriátrico”, cuenta Alvaro Mate.

Es Adriano Espinosa quien todos quieren que hable porque tiene un destacado papel en la actuación. “Vine a la Gurruchaga para eso, porque después pienso estudiar teatro, me gustaba por la terminalidad, además me interesan todas las materias de arte. Soy Proctor, el protagonista”, dice ante el festejo de los compañeros.

Santiago Gutiérrez define con sencillez y exactitud por qué están ahí: “Simplemente porque nos gusta estar en la escuela”. En esa frase se apoyan los ex alumnos presentes a quienes recuerdan les pasaba lo mismo, en parte es lo que los trae de vuelta. “Empecé teatro en séptimo, no me llamaba mucho la atención. Es más, hasta me incomodaba, pero al pasar los años con diferentes experiencias le fui tomando el gustito. La Gurruchaga tiene esto: sino lo experimentás capaz que no sabés si te va a gustar. Como Adriano quiero abocarme al teatro, y la verdad que antes ni me lo imaginaba”.

Santiago valora la posibilidad y  ante la consulta de si no se cansa de quedarse después de hora y con doble escolaridad, responde: “Me parece muy copado, es más presión. Me gusta la escuela, lo tomo como un placer. Por el grupo que tenemos, no es un peso quedarme tiempo extra en el elenco”.

Emiliano Liguori ya sabe que va a seguir abogacía cuando termine la escuela obligatoria. Las risas estallan entre sus amigos que de antemano consideran que seguro las aptitudes teatrales les serán útiles en futuros litigios. “Para la mayoría de los que estamos es un gusto estar acá. Para algunos será una formación a futuro; para otros, una experiencia importante, para mí es un hobby, una herramienta para la formación de profesionales que propone la escuela que destina mucho tiempo a cada disciplina”.

Por último Lucas Zvala cuenta que con teatro perdió la vergüenza aunque es de hablar poco, y justifica “al igual que mi personaje en la obra”.

Espacio de formación. Delfina Navarro, docente también en otras escuelas, explica que “la clave es la estructura formativa, con un mecanismo que se va instalando a medida que va pasando el tiempo. No es un pasaje más de la educación artística, es un espacio de formación en la disciplina teatral, porque el teatro podría ser una herramienta para conocer, para comunicarse, para descubrir el cuerpo, desinhibirse, pero acá es un espacio de formación y por lo tanto se lo conoce desde todos los ángulos: desde la expectación, el hacer y la comunicación con el otro”.

Coppa vuelve sobre la experiencia educativa: “A veces nos preguntan si ahora que se metió teatro como materia se podrá reproducir la experiencia de la Gurruchaga en otras escuelas. Y la verdad que no, pero no porque nosotros seamos especiales, sino porque tiene que ver con el recorrido y la construcción disciplinar propia del teatro que acá se da en muchos años”.

“En ocasiones se ve como algo mágico, misterioso y se dice «qué bárbaro lo que consiguen con el teatro». En realidad se logra porque está en la esencia de la disciplina teatral, el rol del espectador es fundamental porque también se aprende, se ejercita. Entonces el respeto por lo que se ve del compañero no tiene que ver con una cuestión de actitud, sino de concepto y es una construcción secuencial, no es casual que lo que termine sucediendo es muy potente”, cierra el profesor Coppa sobre la experiencia que promueve la creatividad, la argumentación, narración y capacidad de oratoria.

El festival comienza el 5 de septiembre en el Centro Cultural del edificio de la escuela que tiene ingreso por Catamarca 3450. El 10 hay un taller abierto a la comunidad y cada viernes será una posibilidad más de reencuentro colectivo a través del teatro.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS