“Jugar al ajedrez logró modificar el comportamiento violento de muchos chicos de esta
escuela”. Así describe Rosa Massat, directora de la Escuela Nº 1367 Doctor Esteban Maradona,
la influencia del Plan Municipal de Ajedrez, un proyecto del que participan 120 chicos de barrio
Santa Lucía (I) desde hace tres años y medio. La iniciativa se aplica en 40 escuelas públicas de
Rosario y les brinda a 3.500 niños la posibilidad de aprender el juego, sus reglas y con ello
incorporar nuevos valores.
“Me gustaría dedicarme a esto porque es una forma de no estar en la calle, de pensar en
otras cosas”, cuenta Lisandro, de 12 años, que acaba de representar a la escuela por segunda
vez en un torneo nacional. La institución, de 480 alumnos, está emplazada en un barrio con muchas
carencias. “El 90 % de los chicos concurre al comedor escolar y algunos de ellos a partir de
los 9 o 10 años empiezan a hacer changas para ayudar a su familia”, agrega la directora
Massat.
El mentor del proyecto es Juan Jaureguiberry, quien desde hace 18 años dicta talleres gratuitos
de ajedrez en escuelas rosarinas. Ahora cuenta con 16 profesores, subsidiados desde hace 3 años por
el Presupuesto Participativo Municipal. Todos ellos alguna vez fueron sus alumnos.
En la Escuela Maradona el ajedrecista titular es Jorge Costamagna. Confiesa que se siente
identificado con sus alumnos. “Sé por experiencia que cuando la situación económica es
precaria las oportunidades de aprender algo gratis son muy pocas, a mí Juan me la dio y yo intento
devolver algo de lo que recibí”, dice y agrega que reparte su tiempo entre el ajedrez y su
carrera en la Facultad de Ingeniería de la UNR. Superarse, sigue siendo una meta.
Algunos de sus alumnos han logrado importantes reconocimientos, tal es el caso de Jonatan Ponce
(ver aparte) que se consagró en Mar del Plata a fines del año pasado como mejor tablero santafesino
en el torneo nacional, del que regresó invicto.
Otros consiguieron darse una segunda oportunidad. “En el primer grupo que dirigí había un
chico de 13 años que cursaba 4º grado y había estado preso por robo a mano armada —cuenta
Costamagna— . Era un chico autoritario, más bien violento, que casi no prestaba atención.
Poco a poco se fue interesando, aprendió a respetar a sus compañeros y llegó a jugar bien. Nos
hicimos amigos y a veces viene a mi casa a jugar. Con él y otros chicos armamos un mini club de
ajedrez en la vereda. La vida sigue siendo difícil para Franco, pero su conducta es diferente.
Encontró un espacio donde se siente incluido y respetado”, se esperanza.
Reglas inalterables. Una de las normas que el ajedrez impone es el respeto. Quien
se sienta frente al tablero debe respetar a su compañero y tener paciencia: las reglas son
inalterables y para ganar hay que tomarse el tiempo suficiente para pensar cada jugada y permitir
que el otro también reflexione. “No hay ningún otro juego en el que el niño sólo pueda ganar
usando exclusivamente su desarrollo intelectual. Aquí no hay clases sociales ni fuerza física que
predominen”, argumenta Jaureguiberry.
El profesor destaca el valor de la inclusión y de ofrecer otras oportunidades intelectuales y
sociales del ajedrez. Los especialistas afirman que en el ajedrez el niño se reconoce como un
sujeto pensante que tiene un plan, idea un futuro posible y aprende a elegir entre opciones.
También contribuye a la integración. “Con señas los ayudé a que aprendieran”, cuenta
Agustín, de 11 años, mirando a tres niños hipoacúsicos de su clase que ahora son fanáticos del
juego. Las maestras explican que así lograron que Leandro, Lucas y Ezequiel se integraran más al
curso y pudieran concentrarse mejor en clase.
Un éxito. El ajedrez en la escuela Maradona es todo un éxito, tanto es así que los
directivos están pidiendo nuevas donaciones (se puede donar en White 7665, o bien llamar al
4727612). Las razones saltan a la vista. Apenas se escucha el timbre que preludia el recreo los
chicos corren a buscar sus tableros, se cuelgan de las porteras desesperados por conseguir uno. Los
que llegan tarde quedan cabizbajos, con ganas de jugar. Al poco rato en la galería del colegio
predomina el silencio, una postal insólita para cualquier escuela primaria, menos para esta.
“Apenas tenemos 20 juegos y no nos alcanzan. Pedimos por favor que alguien nos done
más”, pide la directora del establecimiento.