Bicentenario

El ajedrez escolar como propuesta de inclusión

“Jugar al ajedrez logró modificar el comportamiento violento de muchos chicos de esta escuela”. Así describe Rosa Massat, directora de la Escuela Nº 1367 Doctor Esteban Maradona, la influencia del Plan Municipal de Ajedrez, un proyecto del que participan 120 chicos de barrio Santa Lucía (I) desde hace tres años y medio.

Sábado 10 de Mayo de 2008

“Jugar al ajedrez logró modificar el comportamiento violento de muchos chicos de esta escuela”. Así describe Rosa Massat, directora de la Escuela Nº 1367 Doctor Esteban Maradona, la influencia del Plan Municipal de Ajedrez, un proyecto del que participan 120 chicos de barrio Santa Lucía (I) desde hace tres años y medio. La iniciativa se aplica en 40 escuelas públicas de Rosario y les brinda a 3.500 niños la posibilidad de aprender el juego, sus reglas y con ello incorporar nuevos valores.

“Me gustaría dedicarme a esto porque es una forma de no estar en la calle, de pensar en otras cosas”, cuenta Lisandro, de 12 años, que acaba de representar a la escuela por segunda vez en un torneo nacional. La institución, de 480 alumnos, está emplazada en un barrio con muchas carencias. “El 90 % de los chicos concurre al comedor escolar y algunos de ellos a partir de los 9 o 10 años empiezan a hacer changas para ayudar a su familia”, agrega la directora Massat.

El mentor del proyecto es Juan Jaureguiberry, quien desde hace 18 años dicta talleres gratuitos de ajedrez en escuelas rosarinas. Ahora cuenta con 16 profesores, subsidiados desde hace 3 años por el Presupuesto Participativo Municipal. Todos ellos alguna vez fueron sus alumnos.

En la Escuela Maradona el ajedrecista titular es Jorge Costamagna. Confiesa que se siente identificado con sus alumnos. “Sé por experiencia que cuando la situación económica es precaria las oportunidades de aprender algo gratis son muy pocas, a mí Juan me la dio y yo intento devolver algo de lo que recibí”, dice y agrega que reparte su tiempo entre el ajedrez y su carrera en la Facultad de Ingeniería de la UNR. Superarse, sigue siendo una meta.

Algunos de sus alumnos han logrado importantes reconocimientos, tal es el caso de Jonatan Ponce (ver aparte) que se consagró en Mar del Plata a fines del año pasado como mejor tablero santafesino en el torneo nacional, del que regresó invicto.

Otros consiguieron darse una segunda oportunidad. “En el primer grupo que dirigí había un chico de 13 años que cursaba 4º grado y había estado preso por robo a mano armada —cuenta Costamagna— . Era un chico autoritario, más bien violento, que casi no prestaba atención. Poco a poco se fue interesando, aprendió a respetar a sus compañeros y llegó a jugar bien. Nos hicimos amigos y a veces viene a mi casa a jugar. Con él y otros chicos armamos un mini club de ajedrez en la vereda. La vida sigue siendo difícil para Franco, pero su conducta es diferente. Encontró un espacio donde se siente incluido y respetado”, se esperanza.

Reglas inalterables. Una de las normas que el ajedrez impone es el respeto. Quien se sienta frente al tablero debe respetar a su compañero y tener paciencia: las reglas son inalterables y para ganar hay que tomarse el tiempo suficiente para pensar cada jugada y permitir que el otro también reflexione. “No hay ningún otro juego en el que el niño sólo pueda ganar usando exclusivamente su desarrollo intelectual. Aquí no hay clases sociales ni fuerza física que predominen”, argumenta Jaureguiberry.

El profesor destaca el valor de la inclusión y de ofrecer otras oportunidades intelectuales y sociales del ajedrez. Los especialistas afirman que en el ajedrez el niño se reconoce como un sujeto pensante que tiene un plan, idea un futuro posible y aprende a elegir entre opciones.

También contribuye a la integración. “Con señas los ayudé a que aprendieran”, cuenta Agustín, de 11 años, mirando a tres niños hipoacúsicos de su clase que ahora son fanáticos del juego. Las maestras explican que así lograron que Leandro, Lucas y Ezequiel se integraran más al curso y pudieran concentrarse mejor en clase.

Un éxito. El ajedrez en la escuela Maradona es todo un éxito, tanto es así que los directivos están pidiendo nuevas donaciones (se puede donar en White 7665, o bien llamar al 4727612). Las razones saltan a la vista. Apenas se escucha el timbre que preludia el recreo los chicos corren a buscar sus tableros, se cuelgan de las porteras desesperados por conseguir uno. Los que llegan tarde quedan cabizbajos, con ganas de jugar. Al poco rato en la galería del colegio predomina el silencio, una postal insólita para cualquier escuela primaria, menos para esta. “Apenas tenemos 20 juegos y no nos alcanzan. Pedimos por favor que alguien nos done más”, pide la directora del establecimiento.

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